Friday, June 14, 2024
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Nuestros enormes retos actuales

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Hemos de reconocer que, vivir por sí mismo, siempre ha sido un gran reto. Todo parte del corazón que pongamos. Descubrirlo no es fácil. Hay que poner voluntad en el anhelo, para poder conjugar lo viviente, y así luego poder compartirlo. Nada es porque sí. Hemos de aprovechar los instantes, antes de que se vayan y no vuelvan, porque aquí estamos para un tiempo concreto asignado, que ha de llevarnos a una reconciliación mística con lo que nos rodea. Fuera divisiones, por consiguiente. Todo se solventa en unión y en unidad. Unos y otros requerimos del alimento necesario, pero también del aliento colectivo para no desmoronarnos. En consecuencia, fuera tensiones, que nada nos distraiga ni nadie nos desoriente, sobre todo a la hora de afrontar los considerables desafíos de la vida, que se ha hecho para desearla y vivirla en renovación perpetua.

Es cierto que, jamás ninguna época viviente, ha sido un sueño sin cruces. Salgamos al encuentro. Disfrutemos del abrazo entre análogos. Reencontrarse y revisar día y noche, nuestra propia hoja de ruta, es tan preciso como necesario. En un mundo de ocho mil millones de personas debe haber continuamente espacio para las oportunidades. Otro mundo ha de ser posible, donde la salud, dignidad y educación sean derechos y realidades, y no privilegios de unos pocos o promesas vacías. Desde luego, en ningún rincón del hábitat estamos a salvo. Tenemos que concienciarnos de llevar a buen término las acciones conjuntas y colaborativas, cooperantes y solidarias, dejando a un lado la insensatez de los intereses mezquinos, para que salgamos todos beneficiados y nadie quede postergado. Sin duda, el precio de la grandeza humana radica en el compromiso contraído, la de ser desprendido.

Tan importante, por consiguiente, como existir es asistirnos, brindando la experiencia en favor del bien común, en aras del auténtico progreso de toda la familia humana. No dejemos que ninguna inútil contienda nos distraiga del trabajo pendiente, esa donación innata que todos requerimos y hemos de ofrecer, para sentirnos realizados y pletóricos de savia. Ahora que la esperanza de vida de los adultos en el mundo desarrollado ha aumentado desde mediados del siglo XX, nos toca también visibilizar lo invisible, para poder aclarar esos problemas graves que todos llevamos al hombro, tanto individuales como sociales. En cualquier caso, constantemente hay que buscar salidas y no encerrarse, evitando aquello que se opone a nosotros o que hiere la personalidad libre y responsable. En el fondo, el ser humano es el principal responsable de lo que sucede. Ojalá aprendamos a reprendernos. Será un buen avance.

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