José A. Bonilla Morales
Th.D, MBA, B.Sc.
Pensador Cívico
Durante meses he dedicado tiempo a pensar y reflexionar sobre la dinámica de antiguos compañeros de Proyecto Dignidad que regresan a los partidos tradicionales, así como de personas vinculadas a Victoria Ciudadana que también buscan alternativas. Comprendo que cada cual tiene sus razones, pero considero que debemos mirar más allá de regresar a estructuras políticas anacrónicas y preguntarnos qué alternativa queremos construir para Puerto Rico.
El poder político importa. Sin capacidad para llegar al gobierno, las ideas enfrentan limitaciones para convertirse en políticas públicas. Sin embargo, ganar el poder no significa necesariamente transformar la filosofía de gobierno. Quienes ingresan al PNP o al PPD con esa intención deben preguntarse si podrán transformar esas estructuras o terminarán adaptándose a sus dinámicas e intereses.
Ambos partidos albergan visiones de gobierno diferentes, algunas difíciles de conciliar. Me preocupa que los incentivos del populismo y el clientelismo favorezcan posiciones estatistas, limitando el espacio para quienes defienden la libertad económica, la responsabilidad individual y un gobierno limitado. Además, las exigencias económicas y electorales pueden generar compromisos que condicionen la independencia de quienes aspiran a ser electos.
Pero también debemos reconocer nuestros propios errores. Los conservadores fallamos en construir una causa común. Las diferencias personales y políticas terminaron enfrentándonos, mientras Proyecto Dignidad tampoco supo integrar plenamente a figuras que pudieron fortalecer ese espacio. Lo ocurrido en 2024 fue más que un revés electoral: representó una oportunidad perdida para articular una derecha puertorriqueña capaz de trabajar unida.
No sé si el vehículo adecuado será reformular Proyecto Dignidad, transformar una estructura existente o fundar una nueva organización. Lo que sí creo es que debemos comenzar por la causa, no por el partido: recuperar el diálogo, formar líderes y construir una filosofía de gobierno coherente.
En lo personal, aunque mantengo alguna afiliación con Proyecto Dignidad, estoy retirado de la política activa y he tenido mis discrepancias con el liderato actual. Regresé al aula para continuar formándome y estoy culminando mis estudios doctorales en Gerencia Estratégica. Hoy priorizo mi preparación y proyectos de vida que quedaron en pausa durante cinco años de dedicación política. No sé qué traerá el futuro, pero deseo estar preparado.
En ese contexto, creo que uno de los mejores legados que podemos dejarle a esta generación es elevar el nivel del debate público: que Puerto Rico examine no solamente el estatus político, sino también la filosofía de gobierno que representa cada alternativa.
Por tal razón, el futuro de la derecha puertorriqueña no puede depender de una sola organización. El vehículo puede cambiar; los principios deben permanecer. Antes de decidir dónde militar, aprendamos a construir juntos aquello que queremos representar. Ahí comienza una alternativa política capaz de transformar nuestro país.



