InicioPuntos de VistaBarreras de acceso para la atención de la salud mental

Barreras de acceso para la atención de la salud mental

Por Zulma Robles Figueroa
Promotora de salud comunitaria

Hay personas en nuestras comunidades que han aprendido a vivir con sus necesidades de salud mental sin recibir atención. No porque no necesiten ayuda, sino porque llegar hasta ella puede ser demasiado difícil.


Como promotora de salud comunitaria, he tenido la oportunidad de conocer historias que me han hecho comprender que una barrera de acceso a la salud no siempre es una puerta cerrada. A veces es una cita que nunca llega, un servicio demasiado distante, la falta de transportación, el desconocimiento de los recursos disponibles o simplemente el temor de pedir ayuda.


Algunas de las personas que he acompañado en mi clínica comunitaria de Cossao en Utuado, me han contado que no reciben servicios de salud mental desde el huracán María. Años han pasado desde entonces. Para quienes viven en comunidades rurales, trasladarse 45 minutos o hasta una hora para recibir atención puede convertirse en una dificultad que termina dejando la salud mental en segundo plano.
Es ahí donde mi trabajo cobra un significado especial.


Actualmente, como parte de mi labor, participo en un estudio de salud conductual que busca acercar servicios de salud mental a personas de nuestras comunidades. Lo que he podido observar durante este proceso, me ha confirmado que la investigación científica puede tener un impacto profundamente humano.


Para muchas personas, participar en un estudio no se siente como formar parte de una investigación. Se siente como encontrar finalmente una puerta abierta a lo que antes estaba cerrado. Logran acceso a profesionales altamente capacitados y a servicios de calidad. Y, detrás de ese proceso, hay alguien que los acompaña.


Ese es mi rol.

Cuando una persona reconoce que necesita ayuda, mi trabajo es facilitarle el camino. Explico el proceso, contesto sus preguntas en arroz y habichuelas, ayudo a coordinar el servicio y doy seguimiento. Intento que no se sienta perdida frente a un sistema que, para alguien que lleva años sin recibir atención, puede parecer complicado.


En este proceso he descubierto que la distancia no es la única barrera.

El estigma alrededor de la salud mental continúa siendo una realidad. Algunas personas sienten vergüenza de hablar sobre lo que están viviendo. Otras temen ser juzgadas o piensan que pedir ayuda es una señal de debilidad. Por eso, antes de hablar de servicios, muchas veces hay que construir confianza.


Y la confianza no se exige; se gana. Se gana escuchando sin juzgar, respetando el ritmo de cada persona y demostrando que pedir ayuda no cambia el valor ni la dignidad de nadie.


Mi experiencia también me ha permitido ver el rostro humano de la investigación científica. Detrás de cada participante hay una historia que merece ser escuchada y una persona que solicita tener acceso a servicios de salud de calidad, independientemente de dónde viva. Cuando acercamos la salud mental a nuestras comunidades, no estamos simplemente ofreciendo un servicio, estamos legitimando el derecho a sanar.

RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Las Más Leídas

Comentarios Recientes

G A Giles, director del Museo de la Base en Logran rescatar el histórico Teatro Roxy de Aguadilla