Por Dr. Edgar León Ayala
«Un gobierno que solo celebra lo que gasta, pero nunca lo que sus niños aprenden, no gobierna para el futuro: gobierna para el olvido.»
- La Noticia que Nunca Sale en los Periódicos
Semana tras semana, los comunicados de prensa del gobierno central de Puerto Rico anuncian con bombos y platillos cifras de millones de dólares entregados a maestros en aumentos salariales, contratos millonarios para consultores educativos, y gastos en infraestructura y servicios. Las redes sociales del Departamento de Educación se iluminan con fotos de funcionarios entregando cheques simbólicos, de inauguraciones de aulas remodeladas, de talleres de desarrollo profesional en hoteles de cinco estrellas. Hay comunicado para todo.
Pero hay una noticia que no sale. Una que los funcionarios del Departamento de Educación de Puerto Rico (DEPR) parecen haber acordado colectivamente ignorar, enterrar bajo avalanchas de comunicados festivos, disfrazar con el lenguaje técnico del gerencialismo educativo: la mayoría de los estudiantes puertorriqueños siguen reprobando. En prácticamente todas las materias. En todos los grados. Año tras año. Sin que nadie en La Fortaleza o en el edificio del DEPR en Hato Rey sienta la urgencia de convocar una conferencia de prensa para responder por ello.
Esta columna es esa conferencia de prensa que nadie ha convocado. - Los Datos que Nadie Quiere Mencionar
Las pruebas estandarizadas nacionales —el Nation’s Report Card (NAEP)— han documentado durante décadas el colapso académico de Puerto Rico. Los resultados de las pruebas META-PR, el instrumento propio del DEPR, confirman lo mismo: año tras año, la mayoría de los estudiantes no logra niveles de proficiencia en español, inglés ni matemáticas. En algunos grados, los porcentajes de estudiantes que alcanzan el nivel «proficient» o superior no superan el 20%.
Esto significa, en lenguaje llano, que ocho de cada diez niños puertorriqueños pueden pasar por el sistema escolar sin dominar las competencias básicas que necesitan para funcionar en la economía del siglo XXI. Sin saber leer con comprensión crítica. Sin poder resolver un problema matemático de nivel intermedio. Sin haber desarrollado las habilidades de pensamiento analítico que cualquier empleo digno requiere hoy.
¿Cuántas conferencias de prensa ha dado el Secretario de Educación sobre esto? ¿Cuántas veces la Gobernadora González Colón ha dedicado un discurso de lunes a hablar de los índices de reprobación? ¿Cuántos planes de acción emergente ha presentado el gobierno para atender lo que solo puede llamarse una emergencia educativa nacional?
La respuesta, documentada en la agenda pública, es: prácticamente ninguna. - El Espejismo del Gasto: Cuando el Dinero se Convierte en la Narrativa
Existe en Puerto Rico una perversión narrativa que los gobiernos han perfeccionado durante décadas: confundir el dinero gastado con el servicio prestado. Se anuncia el monto del aumento salarial de los maestros —que es justo y necesario— pero nunca se vincula ese aumento a ningún indicador de logro estudiantil. Se celebran los millones invertidos en tecnología educativa, sin que nadie presente datos sobre si esa tecnología mejoró el aprendizaje. Se contratan consultores externos a precios astronómicos, sin que ningún informe público rinda cuentas de sus resultados.
En este modelo comunicacional, el insumo —el dinero— es el producto. Gastar es gobernar. Transferir fondos es servir. Y el niño que sigue sin poder leer a sus diez años, que llega a la secundaria sin comprender una fracción, que se gradúa sin poder redactar un párrafo coherente, desaparece del discurso público como si su fracaso académico fuera un dato irrelevante, una estadística menor que no merece el mismo tratamiento mediático que el cheque que se le entregó a su maestra.
Esta es, en su esencia, una forma de deshonestidad institucional. No necesariamente maliciosa—aunque a veces lo es— pero sistemáticamente irresponsable. - ¿Por qué el Silencio? Anatomía de una Omisión Deliberada
El silencio sobre los índices de fracaso estudiantil no es accidental. Responde a una lógica política perfectamente comprensible, aunque éticamente indefendible. Hay, al menos, cuatro razones que explican por qué ningún gobierno ha querido colocar la crisis de aprendizaje en el centro de su agenda comunicacional:
Porque hablar del fracaso estudiantil implica asumir responsabilidad. Un gobierno que coloca los índices de reprobación en el centro de su agenda se obliga a explicar qué ha fallado, a quién le corresponde rendir cuentas y qué va a hacer distinto. Es infinitamente más cómodo hablar de lo que se gastó que de lo que se logró.
Porque la burocracia educativa tiene incentivos perversos. Un sistema con más de 10,000 empleados administrativos —mientras el número de estudiantes se ha desplomado— no tiene incentivos institucionales para documentar su propio fracaso. La autopreservación burocrática exige visibilizar los insumos y enterrar los resultados.
Porque los medios de comunicación han aceptado las reglas del juego. Una prensa que reproduce comunicados de prensa sin contextualizar los datos de logro estudiantil se convierte, voluntaria o involuntariamente, en cómplice de la narrativa oficial. El periodismo educativo de profundidad es escaso en Puerto Rico.
Porque el fracaso estudiantil es políticamente útil. Una ciudadanía sin pensamiento crítico desarrollado es, históricamente, una ciudadanía más fácilmente manipulable. No se está afirmando que este sea un objetivo consciente de ningún funcionario en particular, pero sí es el resultado estructural de décadas de inacción que ningún gobierno ha tenido urgencia real de revertir. - Lo que un Gobierno Serio Haría
Un gobierno que tomara en serio la crisis educativa no comenzaría por anunciar más dinero. Comenzaría por decir la verdad: el sistema no está funcionando, y los niños y jóvenes de Puerto Rico están pagando el precio de esa falla con sus futuros truncados.
Un gobierno serio vincularía cada decisión de gasto a indicadores de logro estudiantil medibles, transparentes y publicados. Haría del dato del aprendizaje —no del dato del gasto— el centro de sus informes de rendición de cuentas. Convocaría una comisión independiente de expertos educativos —no de funcionarios ni consultores contratados— para diagnosticar sin filtros políticos qué está fallando y qué se debe cambiar estructuralmente.
Un gobierno serio trataría los índices de reprobación con la misma urgencia con que trata un huracán. Porque sus efectos sobre la sociedad puertorriqueña —la pobreza crónica, la dependencia económica, la emigración masiva de jóvenes que no encuentran oportunidades en la Isla— son igualmente devastadores. Solo que más silenciosos. Y por eso, mucho más peligrosos.



