En septiembre de 2024, Wesley Vélez saltó a colgarse del aro en una cancha del barrio Campo Alegre, en Utuado. La base del canasto se partió y la estructura de metal le cayó encima. Sufrió cinco fracturas en el cráneo, una en el rostro, varias laceraciones y la pérdida de audición en un oído en ese entonces.
Dos años después, Vélez tiene 20 años, es jugador profesional y estudia psicología en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Utuado. Cuando habla de su recuperación, no empieza por las fracturas.
«Fue un proceso bien complicado y doloroso, pero más allá del dolor físico, fue algo mental», dijo. «Fue mucho sacrificio, muchas horas sin poder dormir por lo que pasó y pensando en el futuro».
En el mes de la Salud Mental, su historia muestra la parte de las lesiones deportivas que no se ve en las radiografías: el insomnio, el miedo a lo que viene y la decisión de seguir adelante.
Vélez se apoyó en su fe para resistir. «Doy gracias a Dios porque estoy vivo. Él dejó en mis manos levantarme del suelo y seguir adelante, y yo tomé esa decisión», afirmó el jugador de baloncesto.
Asegura que el accidente le cambió la forma de ver la vida. «Te das cuenta de que los problemas de todos los días no significan nada al lado de despertarte saludable y tener a tu familia. Todo lo percibo más sencillo, vivo más tranquilo», testificó el joven de 20 años.
Tampoco estuvo solo. Recuerda que, después del accidente, su mentor en la cancha, al que llama «el Sensei», lo llamó y pasó dos horas hablando con él. También menciona a sus padres, a su pareja y a su hermano menor, Fabián, a quien quiere enseñar con el ejemplo: «Aunque a veces no hay dinero o el carro se daña, yo sigo ahí, con una sonrisa»



