Por Camila T. Rivera González
Estudiante de pregrado de terapia del habla y del lenguaje
Sé lo que es caminar descalza en la noche y pisar un LEGO. Ese dolor inmediato, agudo y como el baile de Benito, inolvidable. Es un momento de introspección donde en nuestro vocabulario más fino, preguntamos por qué los LEGOs están tirados en la sala. En ese instante, lo único que queremos es recogerlos, meterlos en una bolsa y desaparecerlos. Créeme, te entiendo perfectamente.
Hace unos meses leí sobre una estrategia donde se cambia de perspectiva antes de declararle la guerra a algo. Dirás: “Camila, ¿Qué cambio de perspectiva tengo que hacer YO con esos LEGOs?” Pues mira, ese juguete es de las actividades más completas para el desarrollo neurocognitivo infantil. Voy a cambiar mi tono casual un momento y te hablaré científicamente. Estudios en neurodesarrollo demuestran que la construcción con LEGOs fortalece lo que conocemos como funciones ejecutivas (habilidades mentales que nos permiten planificar, organizar, sostener atención y regular conducta). Cuando un niño juega con LEGOs, no solo pega piezas; toma decisiones. “¿Qué color va primero?” “¿Qué pasa si pongo este LEGO aquí?” Estas preguntas, que suelen suceder en el plano intrapersonal de la comunicación (la persona consigo misma), son expresiones de planificación, organización y anticipación de consecuencias.
Volviendo al tono en arroz y habichuelas. Cuando un niño crea una torre y eventualmente se le cae, ese niño desarrollará tolerancia a la frustración, determinación, paciencia y la valentía para volverlo a intentar. La próxima vez, usará otra estrategia y arreglará lo que no funcionó. O sea que los LEGOs le ayudan con sus emociones porque se expone al error y a la búsqueda de soluciones. Por uso y costumbre, tenemos la noción de que habilidades como las antes mencionadas, se desarrollan con sermones. La realidad es que dejando que enfrenten pequeños retos como estos, y superándolos, fortalecemos su desarrollo. Las destrezas de vida, las emociones y el lenguaje, al igual que las figuras con LEGOs, se construyen poco a poco.
(Aquí viene otro término que suena grande) El juego simbólico es cuando el niño imita escenarios reales que haya sido expuesto como lo es la tiendita, escuela, familia…etc. Al acompañar ese juego con la construcción, promovemos la expansión del vocabulario y la organización narrativa. Por ejemplo, al explicarnos lo que hacen con sus LEGOs: “Aquí está la entrada de la tienda y estos son los tomates.”, están estructurando el pensamiento y la secuencia del discurso para poder comunicarlo. Tristemente, el uso excesivo de tecnología ha sustituido este tipo de juego así reduciendo la interacción y conversación humana. Esto afecta directamente el desarrollo cognitivo y lo vemos en la rampante polémica sobre la lectura en el sistema educativo en Puerto Rico.
Con LEGOs, no existe el “tap-tap” de los electrónicos, si quiere que la estructura exista, necesita crearla. Tenemos una generación regida por la inmediatez y alejada de las actividades que requieren tiempo y enfoque. Es por eso que te invito a que cuando te enseñen cuatro LEGOs pegados y te digan “Mira, un helicóptero”, le busques conversación y le motives a que lo siga modificando. Este juego es tan completo que introduce matemáticas (simetría, suma, resta…), física (equilibrio, gravedad…) y nos da espacio para trabajar habilidades sociales como negociar, turnarse, colaborar y compartir. El juego se convierte en un aliado para practicar el autocontrol, la regulación de emociones y la realización de que no todo es inmediato.
Es incómodo, drenante, frustrante y molestoso reconocer que el aprendizaje requiere un tiempo y una energía que mayormente sentimos que no tenemos. No te culpo, somos muchos los que hemos caído en la trampa de la exposición excesiva a la tecnología. Es por eso que me siento con la confianza de aconsejarte. La próxima vez que pises un LEGO, respira profundo. Luego, cambia de perspectiva y piensa que si esos LEGOs están tirados en la sala, es porque en tu hogar se aprovechan las oportunidades para favorecer el desarrollo neurocognitivo. Te aseguro que al final, ese dolor y sobresfuerzo, valdrá la pena.



