El Puerto Rico Minority Supplier Development Council (PRMSDC) reunió a expertos en arquitectura, mantenimiento y logística en un foro dirigido a empresarios, con el propósito de ofrecer estrategias para proteger sus activos, reducir interrupciones y garantizar la continuidad de sus operaciones ante emergencias atmosféricas y los retos que presenta la actual sequía que atraviesa el país.
Entre los recursos del foro estuvo el arquitecto Luis V. Badillo-Lozano, socio de Méndez Badillo + Ferrer, quien destacó que uno de los mayores riesgos para una edificación puede ser precisamente aquello que no se conoce o no se evalúa adecuadamente. “Los riesgos somos nosotros cuando no entendemos la estructura. Un edificio puede llegar a fallar porque no se evaluaron correctamente las cargas laterales. La resiliencia comienza con conocimiento; debemos diseñar y preparar nuestras instalaciones para resistir el evento y tener la capacidad de responder y recuperarnos”. Badillo-Lozano explicó que la preparación debe considerar escenarios extremos y no limitarse a las condiciones normales de operación.
Por su parte, Rafael G. Díaz, presidente de RF Maintenance Services, planteó que la resiliencia empresarial debe considerar tanto amenazas de impacto rápido, como los huracanes, y amenazas progresivas, entre ellas la sequía extrema. En su alocución destacó que la interrupción del agua puede afectar producción, limpieza, servicios sanitarios y otros procesos críticos. “El agua es un recurso crítico para la continuidad operacional. Las empresas tienen que conocer cuánto consumen diariamente, cuánto necesitan para mantener sus procesos esenciales y cuántos días pueden operar sin el suministro regular. Si no conocemos nuestra autonomía, no podemos tomar decisiones correctas cuando llega una emergencia”, indicó el empresario, que además recomendó establecer mecanismos para detectar y corregir fugas, mantener cisternas y equipos en condiciones óptimas y establecer acuerdos con anticipación con suplidores de agua y servicios de acarreo.
Desde la perspectiva de la cadena de suministro, Marinette Pedraza Izquierdo, gerente general de Action Cargo Transport, LLC, advirtió en su presentación que uno de los errores más frecuentes es esperar a que se anuncie una tormenta para comenzar a prepararse. “En una isla, la continuidad operacional se trabaja los 12 meses del año. La preparación no es acumular productos; es identificar qué no puede faltar, cuánto tiempo podemos operar, qué pasa si falla nuestro suplidor y qué alternativas tenemos”.
Pedraza enfatizó la importancia de mantener inventarios críticos, revisar fechas de expiración, contar con suplidores y rutas alternas y garantizar el mantenimiento de generadores, reservas de combustible, equipos de limpieza y materiales de reparación. La ejecutiva también señaló que el reto no termina cuando pasa el fenómeno atmosférico. Una empresa puede tener el producto disponible, pero enfrentar dificultades para transportarlo debido a carreteras afectadas, falta de combustible, congestión en puertos y terminales o falta de personal.
En el foro también se destacó la necesidad de que las empresas establezcan un comité integrado de continuidad operacional, mantengan actualizadas las listas de empleados esenciales, contratistas y suplidores, desarrollen redundancia para servicios críticos y realicen simulacros y ejercicios antes de la temporada de mayor riesgo.
Para Francisco Cabrera, presidente del PRMSDC, preparar a las empresas para estos escenarios es también una estrategia para fortalecer su competitividad. “Prepararse para un evento atmosférico implica una planificación mucho más compleja para el sector empresarial. Mantenerse informado y actualizado a través de iniciativas educativas como esta, enfocadas en los retos particulares que enfrentan los negocios, fortalece su capacidad de respuesta y contribuye a proteger tanto la continuidad de las operaciones como el bienestar de sus empleados”.
Cabrera afirmó que el objetivo de la iniciativa es promover el intercambio de conocimientos entre líderes empresariales y fomentar que las compañías pasen de una cultura de reacción a una de prevención, redundancia y recuperación planificada.



