Por Ryan Montoyo BS Ingeniería Industrial
Cada temporada de huracanes nos recuerda una verdad sencilla: la preparación no puede improvisarse. Puerto Rico sabe lo que significa perder energía, comunicaciones, acceso a carreteras y servicios esenciales. Pero en esa conversación casi siempre olvidamos a un grupo vulnerable que también depende de nuestra planificación: las mascotas.
NOAA proyectó para la temporada ciclónica del Atlántico de 2026 entre 8 y 14 tormentas nombradas, de las cuales de 3 a 6 podrían convertirse en huracanes y 1 a 3 en huracanes mayores. Aunque el pronóstico apunta a una temporada por debajo de lo normal, basta un solo huracán para trastocar la vida de una familia, una comunidad y sus animales.
En Estados Unidos, cerca de dos terceras partes de los hogares tienen al menos una mascota, según estimados de la American Veterinary Medical Association y otras organizaciones del sector veterinario. Puerto Rico no está ajeno a esa realidad. Para muchas personas, especialmente adultos mayores, niños y familias que viven solas, un perro o un gato no es un lujo: es compañía, apoyo emocional y parte del hogar.
El huracán María dejó una lección dolorosa. La FCC reportó que, tras el impacto del huracán, 95.2% de los sitios celulares en Puerto Rico quedaron fuera de servicio. Sin comunicaciones, no solo se afectó la coordinación de emergencias humanas; también se dificultó localizar mascotas perdidas, coordinar rescates, compartir fotos de animales extraviados y conectar refugios con voluntarios. La ASPCA informó que, luego de María, ayudó a aproximadamente 8,000 animales afectados mediante distribución de suministros y apoyo de emergencia. Esa cifra revela una dimensión que pocas veces se incorpora a los planes de respuesta: los animales también sufren desplazamiento, hambre, deshidratación, lesiones y abandono durante los desastres.
Aquí es donde la ingeniería se vuelve esencial. La ingeniería eléctrica permite que clínicas veterinarias y refugios cuenten con generadores, baterías, microrredes y sistemas solares de respaldo. La ingeniería civil ayuda a diseñar instalaciones resistentes a inundaciones y vientos extremos. La ingeniería industrial permite organizar inventarios de alimento, medicamentos, jaulas, rutas de distribución y voluntarios.
Las telecomunicaciones hacen posible que una familia encuentre a su mascota perdida después de la tormenta. Pero la preparación también comienza en el hogar. Toda familia debe incluir a sus mascotas en su plan de emergencia: comida para varios días, agua, medicamentos, récord de vacunas, collar con identificación, microchip actualizado, correa y transportadora. La improvisación, en medio del viento y la lluvia, puede costar vidas.
La resiliencia de Puerto Rico no debe medirse únicamente por cuántos postes se levantan o cuántas carreteras se despejan. También debe medirse por la capacidad de proteger a quienes dependen completamente de nosotros. Cuando llega un huracán, nuestras mascotas no entienden de boletines, trayectorias ni categorías. Solo saben que confían en su familia. Y para protegerlas, también necesitamos buena ingeniería.



