█ Por ALERTAS ASN
Con la llegada de la temporada navideña regresan las fotografías con Santa Claus y, con ellas, una escena que forma parte de la tradición para muchas familias: el menor sentado en las piernas de un adulto que representa al personaje. Aunque para muchos se trata simplemente de una fotografía festiva e inocente, también es una oportunidad para preguntarnos qué estamos normalizando cuando permitimos este tipo de contacto físico.
La pregunta no debería ser si el niño quiere tomarse la foto. La responsabilidad de evaluar la situación, establecer límites y reducir las exposiciones innecesarias corresponde al adulto.
Un menor puede pedir la fotografía, disfrutarla y vivirla como una experiencia especial. Puede querer hacerlo porque observa a otros niños, porque asocia a Santa Claus con la Navidad o porque sencillamente le parece divertido. Sin embargo, que un niño quiera una interacción no significa que tenga la responsabilidad de identificar sus posibles riesgos ni de tomar decisiones de protección que corresponden a los adultos que lo acompañan.

Desde una perspectiva preventiva, la alternativa puede ser sencilla: una fotografía de pie junto a Santa, sentado en un área cercana o acompañado por su familia, sin necesidad de sentarse sobre sus piernas. La experiencia navideña no pierde su significado por cambiar la posición para la fotografía.
Tampoco se trata de señalar o sospechar de una persona específica. Podemos conocer a quien está detrás del personaje o no conocerlo; incluso cuando existe familiaridad, esa circunstancia no elimina la necesidad de establecer límites apropiados para los menores. La prevención no debe depender de quién sea la persona, sino de disminuir aquellas exposiciones físicas que no son necesarias para disfrutar de una actividad.
Existe además otro aspecto que merece atención: lo que los adultos enseñamos a través de estas experiencias. Cuando un niño aprende que debe aceptar determinado contacto físico con un adulto porque “así se hace para la foto”, puede estar recibiendo un mensaje contrario a la enseñanza de límites corporales que buscamos fortalecer.
Esto no significa que una fotografía de este tipo determine por sí sola una situación de riesgo o que todos los adultos tengan malas intenciones. Significa reconocer que la prevención busca reducir riesgos de manera general, especialmente para aquellos menores que pueden encontrarse en condiciones de mayor vulnerabilidad.

La protección tampoco termina cuando se toma la fotografía. La imagen del menor debe corresponder a su edad. La ropa, las poses, la dirección frente a la cámara y la manera en que presentamos esa imagen públicamente también forman parte de su protección. La celebración navideña no necesita reproducir estéticas, poses o estilizaciones propias de adultos para ser memorable.
Los adultos pueden tomar decisiones sencillas para hacer de esta tradición una experiencia más segura:
Elegir fotografías de pie o junto a Santa, en lugar de sentar al menor en sus piernas.
Permanecer presentes y visibles durante toda la actividad.
No delegar la decisión en que el niño “lo pidió” o “lo disfrutó”.
Elegir vestimenta y poses apropiadas para su edad.
Explicar al menor, de manera sencilla y sin generar miedo, por qué existen determinados límites.
Proteger no significa quitarle la magia a la Navidad. La magia está en las luces, los regalos, la ilusión, la familia y los momentos que construyen recuerdos.
Este año podemos conservar la tradición y, al mismo tiempo, hacerla de una manera más consciente.



