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EL CAPITALISMO ES CONTRAINTUITIVO: POR QUÉ EL LIBRE MERCADO CONTRADICE NUESTROS IMPULSOS PRIMIGENIOS

José A. Bonilla Morales
Th.D, MBA, B.Sc.
Pensador Cívico

Decir que el capitalismo es contraintuitivo significa que la forma en que funciona la economía de libre mercado choca con nuestro primer instinto o con lo que nos sugiere la percepción inmediata, fruto de nuestros impulsos primigenios. A cualquiera le parece lógico pensar que cuanto más trabajo físico realice alguien, más dinero debería ganar; que si una autoridad central distribuye los recursos, la sociedad será más justa; o que buscar el beneficio personal perjudica al colectivo. Sin embargo, la teoría económica demuestra que estas primeras impresiones no corresponden con el funcionamiento real de los mercados.


Esta naturaleza contraintuitiva no nació de fórmulas matemáticas. Mucho antes de ser una disciplina académica, los pensadores ya indagaban sobre la conducta humana: ¿por qué un objeto vale más que otro?, ¿por qué intercambiamos bienes? o ¿qué hace prosperar a una comunidad? Desde la antigüedad se entendió que la economía no trata únicamente de dinero, sino sobre cómo las personas, individual y colectivamente, pensamos, valoramos y actuamos al tomar decisiones para nuestra subsistencia.


Un ejemplo claro es cómo valoramos los bienes. La intuición sugiere que el precio depende del trabajo acumulado, pero la realidad muestra que depende de la valoración subjetiva de quien lo necesita: de su utilidad y de la urgencia por satisfacer esa necesidad en escasez. Si alguien dedica días a fabricar algo que nadie desea, ese objeto no tendrá valor en el mercado, por duro que parezca. De igual modo, la acumulación de capital exige otra conducta contraintuitiva: vivir por debajo del umbral de nuestras posibilidades, ahorrar y postergar el consumo. Aunque el impulso natural tiende al disfrute presente, la prosperidad exige la disciplina de sacrificar la satisfacción inmediata hoy para generar un excedente que permita invertir en herramientas, producción y seguridad para el mañana.


El libre mercado nos exige vencer reacciones emocionales. No resulta obvio que en un intercambio voluntario ambas partes ganen simultáneamente, ni que la competencia entre empresas obligue a bajar precios y elevar la calidad en beneficio social. Para prosperar en el mercado, el individuo debe actuar de forma contraintuitiva: en lugar de enfocar su deseo personal, debe servir y ofrecer valor a los demás.
Por tal razón, comprender que el capitalismo es contraintuitivo nos permite entender que la economía es, en el fondo, una reflexión sobre la naturaleza humana. Nos enseña que la prosperidad no se logra siguiendo nuestros impulsos primigenios o intuiciones inmediatas, tal y como es el modus operandi en el mundo animal. Lejos de ello, la prosperidad se alcanza cultivando la paciencia, ejercitando la actitud previsora, asumiendo la responsabilidad y desarrollando la capacidad de tomar decisiones pensadas a mediano y largo plazo.

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