Manuel Ángel Rodríguez Ramírez
Psicólogo, Analista político
“Caminante, no hay camino; se hace camino al andar”.
La conocida frase de Antonio Machado parece describir con precisión el momento político que vive Puerto Rico. Las pasadas elecciones no produjeron el resultado que muchos esperábamos. La Alianza entre el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana no logró imponerse en la gobernación ni en la comisaría residente. Sin embargo, reducir lo ocurrido a una derrota sería mirar la realidad con demasiada estrechez.
Lo cierto es que el crecimiento electoral de la Alianza fue significativo. Y ese dato no debe pasar desapercibido. Más allá de la tristeza inicial, de la frustración y del desencanto que pudo provocar el resultado, una lectura serena permite reconocer que se dio un paso importante en comparación con elecciones anteriores. Algo se está moviendo en la conciencia política del país.
Puerto Rico comienza, poco a poco, a despertar. Cada vez más electores parecen dispuestos a mirar más allá del voto tradicional basado exclusivamente en el estatus político. El país empieza a preguntarse quiénes pueden administrar mejor el gobierno, quiénes pueden representar con dignidad al pueblo y quiénes verdaderamente están dispuestos a poner el interés colectivo por encima del beneficio personal o partidista.
A pesar de las trabas, obstáculos y resistencias que enfrentaron los líderes de ambas colectividades para levantar la Alianza, quedó demostrado que son más las cosas que nos unen como pueblo que aquellas que nos separan. La ideología política no debería impedirnos reconocer una verdad evidente: todos queremos un mejor gobierno. Y también está claro que quienes han gobernado durante décadas, en demasiadas ocasiones, han terminado beneficiándose del esfuerzo del pueblo trabajador.
Estamos ante el comienzo de una nueva etapa en la política puertorriqueña. Una oportunidad que no debe desperdiciarse. El electorado está ávido de rostros distintos, de propuestas serias y de una representación que responda al país real, no a las estructuras agotadas de siempre. Pero para que esa posibilidad se concrete, será necesario asumir sacrificios mayores.
Uno de esos sacrificios podría ser que ambas colectividades dejen atrás sus estructuras tradicionales como partidos separados y den paso a un nuevo movimiento político amplio, capaz de agrupar a todos los ciudadanos que respaldaron la Alianza en las pasadas elecciones. No se trata simplemente de sumar siglas, sino de construir una verdadera Alianza de Pueblo.
Para lograrlo, habrá que dejar a un lado los egos, los protagonismos personales y las aspiraciones individuales. El verdadero protagonista debe ser el pueblo elector. Pero eso exige madurez política, desprendimiento y una visión de país que vaya más allá del próximo ciclo electoral.
La propuesta no es ilógica ni imposible. De hecho, la pérdida de la franquicia electoral del Movimiento Victoria Ciudadana abre una coyuntura que podría facilitar una reorganización más profunda. La pregunta ahora es si los dirigentes del Partido Independentista Puertorriqueño estarán dispuestos a dar un paso histórico por el bien de Puerto Rico.
La bola está en la cancha de los líderes de ambos partidos, movimientos y organizaciones. Les corresponde analizar con seriedad el momento histórico que tienen ante sí. Puerto Rico necesita menos cálculo político y más generosidad patriótica. Menos aspiraciones personales y más compromiso colectivo.
Si de verdad queremos abrir un nuevo camino, habrá que tener el valor de caminarlo juntos.tienen ante sí. Puerto Rico necesita menos cálculo político y más generosidad patriótica. Menos aspiraciones personales y más compromiso colectivo.



