Por José A. Bonilla Morales
Th.D, MBA, B.Sc., Pensador Cívico
Recientemente, para el curso doctoral que estoy tomando actualmente, Estadística para Investigación de Negocios, tuve que hacer un ejercicio práctico usando datos económicos reales de Puerto Rico. En este caso, trabajé con el componente de empleo del índice PRM-PMI, para el período que va desde enero de 2020 hasta el presente.
El PRM-PMI es un indicador que el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico publica todos los meses, que nos dice cómo le está yendo a las fábricas del país: si están creciendo, si están igual, o si están bajando. En una isla como la nuestra, donde la manufactura todavía pesa mucho en la economía, este número juega un rol mucho más importante que en otros lugares.
Según el reporte más reciente del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, con datos hasta mayo de 2026, el PMI llegó a 52.4 puntos. Eso quiere decir que las fábricas están creciendo un poco. En un reportaje reciente del periodista Montalbán Ríos (2026), en El Nuevo Día, se explicó que este crecimiento no ha sido fácil. Los líderes industriales dicen que sus retos más grandes son los altos costos de los materiales, los gastos de operación y los problemas para transportar sus productos.
Pero hay algo más interesante todavía. Si uno mira con cuidado los números de empleo dentro de ese índice desde el año 2020 hasta ahora, se puede evidenciar, usando pruebas estadísticas, que sí ha habido más empleos en las fábricas en lo que va de esta década. Sin embargo, aquí viene el detalle importante: según este análisis, esta prueba se ve más fuerte o más débil dependiendo de qué tan exigentes seamos con los números. Si somos más flexibles, la evidencia es bien clara. Si somos más estrictos, la evidencia sigue apuntando para el mismo lado, pero por un margen o magnitud bien pequeña, casi al filo de la duda.
Esto no es solo un detalle técnico. Significa que el crecimiento del empleo en las fábricas, aunque es real, ha sido de poco a moderado — no ha sido un boom ni algo espectacular. Y eso tiene sentido si miramos la historia reciente de Puerto Rico. Hace décadas, cuando el gobierno de Estados Unidos quitó ciertos beneficios contributivos que hacían muy atractivo fabricar productos aquí (especialmente medicinas), el país perdió mucha actividad industrial. Aun así, hasta el día de hoy, la manufactura sigue siendo el sector que más aporta a la economía de Puerto Rico, basado en su peso relativo dentro del cálculo del PIB.
Este ejercicio con los números nos deja una lección clara: la manufactura todavía tiene oportunidades de crecer más, pero solo si se le dan los incentivos y la condiciones correctas para que las empresas quieran invertir y contratar aquí. Los números de mayo 2026 nos muestran una señal de esperanza, pequeña pero real. Ahora toca ver, en los próximos reportes del Instituto de Estadísticas, si esa señal se convierte en algo más grande, o si se queda solo en una mejoría leve.



