Por Dra. María V. Sotelo Porto
La Guaira, el 24 de junio del año en curso, sufrió un doble sismos con una magnitud 7.2 y 7.5 con unos segundos de diferencias, en la cual provocó una ruptura cercana a la falla de San Sebastián. Muchos se han preguntado por qué tantos edificios colapsaron, entre las respuestas emitidas por expertos, se ha mencionado: 1) El impacto de las ondas sísmicas al estar tan cercano a la falla de San Sebastián, que corre casi paralela a la costa. A esto se le añade, la poca profundidad del epicentro de los sismos y larga duración del evento; 2) Las características del suelo caracterizado por abanicos aluviales; 3) La no calidad de la construcción de los edificios, se ha cuestionado si hubo o no aprobación de permisos de construcción, si se realizó o no los estudios del suelo, y la falta de calidad en los materiales que se utilizaron. Dejando al descubierto la posible existencia de la sospecha de negligencia y corrupción en cómo se implementa y se fiscaliza el cumplimiento de normas.
Respecto a las características del suelo, la Sra. Karen Brewer-Carías, conocida como defensora de la biodiversidad en las redes sociales, nos lleva a reflexionar sobre la importancia de elegir adecuadamente las áreas a construirse edificios tomando en consideración la ciencia de los suelos. Indica que los estudios realizados por especialistas en geología y agencias internacionales de Japón exponen que gran parte de las zonas afectadas en la Guaria no son aptas para construir viviendas, debido a que el suelo no es roca firme, sino lo que los geólogos llaman abanicos aluviales, es decir, terrenos que son una mezcla de arena, piedras sueltas, sedimentos que arrastra un cuerpo de agua que desciende de una zona montañosa hacia una planicie. En caso de terremoto estos suelos sufren un fenómeno llamado licuefacción, el suelo arenoso saturado de agua al ser sacudido por vibraciones intensas, la presión del agua subterránea aumenta, las partículas del suelo se separan y flotan, comportándose como un lodo pesado incapaz de soportar el peso de los edificios, como resultado pierde su resistencia y provoca el hundimiento de estructuras. Brewer exclama la necesidad de no cometer el error de edificar en estas zonas afectadas asentadas en abanicos aluviales, de reconstruir con protocolo internacional con tres pilares, estos son: 1) identificar cuáles son los sectores que deben ser declarados espacios de protección (que no se debe edificar ahí) y cuales son habitables, 2) planificar una reubicación apropiada, no construir sobre un terreno que se va a volver a afectar por licuefacción, y participar en la planificación de nuevos urbanismos en terrenos con suelo firme y estabilidad comprobada, 3) convertir zonas de riesgo en zonas que mejoren la calidad de vida, que pueden convertirse en parque de mitigación, en zonas de vegetación que ayuden absorber el impacto de las lluvias o en espacios públicos que ofrezcan calidad de vida. Indica Brewer que reconstruir es usar la ciencia, respetar la geografía y tomar decisiones que van a salvar vidas en el futuro. Resalta la necesidad de construir sobre base firme.
Al observar fotos de la ciudad de la Guaira antes del terremoto, me hace recordar las bellas zonas costeras de PR y de otros países en el Caribe. Como resultado de lo vivido en la Guaira se hace necesario considerar los efectos del terremoto en la Guaria para iniciar un análisis minucioso en PR sobre la calidad de los suelos, la calidad de la construcción de edificios, y la gestión gubernamental. Hemos escuchado o dado lectura a Mateo 7:24-27, en la cual se alude que hombre prudente edifica su casa sobre la roca, mientras que hombre insensato edifica su casa sobre la arena. Esto nos induce a preguntarnos si en PR: ¿La planificación urbana garantiza espacios sostenibles y con una alta calidad de vida para sus habitantes?, ¿Estamos edificando sobre la roca o sobre la arena?.



