Por Honorio Agosto Ocasio, Maestro de español
A medida que hilvanaba la innumerabilidad de ideas que recopilaría en tinta y papel los logros obtenidos por los estudiantes del Colegio Cristiano Oscar Correa Agosto de Mayagüez con motivo de la Semana de la Lengua Española 2026, escuchaba en infinidad de foros: La juventud está perdida. Incluso, hubo quien verbalizara lo siguiente: “Usted y sus compañeros tienen que estar locos al tirarse esa maroma de intentar que los estudiantes hagan algo”. ¡Wao! Aquellas dos palabras: “hagan algo” fueron como dardos venenosos que hubiese desmoronado la logística de lo que se “intentaba”, como dijo la distinguida dama que siempre viste de punta en blanco, y cito al célebre escritor don Miguel de Cervantes Saavedra: “de cuyo nombre no quiero acordarme”. ¡Increíble! Porque los que hoy día manifiestan a diestra y siniestra la trillada expresión: “La juventud está perdida”, fueron, en su momento, parte integral de la grey juvenil de las décadas del 60, 70, 80, 90, etc. Décadas que forjaron al hombre y la mujer que hoy día siguen demostrando con férrea voluntad el orgullo de ser puertorriqueño, aunque ciertos sectores estigmaticen los grandes logros alcanzados como país. Porque lo que define la grandeza de una nación no son sus dimensiones territoriales, ni los gobiernos de turno, sino su gente que contra viento y marea día tras día, hacen patria con el esfuerzo, sudor y entrega al servicio de los demás. Ese será el mayor legado que dejaremos a las generaciones emergentes que en un futuro inmediato, tendrán el paso de batón y las riendas de Borinquen bella.
Por lo tanto, ya es tiempo de comenzar a quitar los clichés que truncan los sueños y metas de nuestros niños y jóvenes, que, con defectos y virtudes, luchan contra la vorágine fraguada en sus respectivos núcleos familiares. Este planteamiento obliga a que se traiga a la palestra pública una pequeña, pero significativa muestra de la sabiduría ancestral de un pueblo. Helos aquí: “Caras conocemos, corazones no sabemos.” “Unos nacen con estrella y otros nacen estrellados.”
“Se es en la plaza como uno es en la casa.” “De la boca de los niños se oye la verdad.”
Ahora bien, encauzando el objetivo principal de esta reseña, cuyos protagonistas, los niños y jóvenes del Colegio Cristiano Oscar Correa Agosto de Mayagüez, van dirigidas estas letras. Ellos tuvieron la gran oportunidad de conocer un poco más el quehacer literario de la persona a quien se le dedicó la Semana de la Lengua Española 2026, la insigne profesora y escritora Ana Lydia Vega Santana. Además, a lo largo de esta maravillosa velada que inició el lunes, 20 y culminó el viernes, 24 de abril, desplegaron sus dotes y talentos en las siguientes modalidades artísticas: Diseño de camisetas, Deletreo, Extranjerismos, Refranero Popular y Figuras Vivientes. Esto reafirmó que la niñez y juventud están ávidos de aprender, abriéndose paso en plataformas que permitan dar rienda suelta a sus extraordinarios talentos. Esa siempre deberá ser la consigna que prevalezca en cualquier centro docente: Dar alas a los sueños de una niñez y juventud dispuesta a alcanzar sus más anheladas metas. Así sea para la honra y gloria de Dios. Amén.
A manera de epílogo, nunca olvidemos que nuestros niños y jóvenes poseen el talento suficiente para hacer cosas extraordinarias en un mundo ordinario. ¡Sí! Porque en infinidad de ocasiones, ante el trajín de la cotidianeidad, permitimos que pase inadvertido el talento innato que germina en una juventud deseosa de abrirse paso en un mundo sediento de palabras que nutran el alma. Este sentir generacional lo versificó y perpetuó en los anales de la poesía el nicaragüense Rubén Darío al decir:
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
Fragmento Canción de otoño en primavera, de Félix Rubén García Sarmiento “Rubén Darío”



