Por Dr. Edgar Leon Ayala
Cuando el agua no llegó y la luz se fue, cuando el bus no aparecía ni a las tres, cuando el hoyo en la carretera ya tenía nombre y el pueblo entero lloraba sin que hubiera quién asombre…
La gobernadora dijo: «¡Yo lo resuelvo ya!» Y sacó de la manga su truco magistral: no arregló el sistema, no firmó un real, pero nombró un Zar… ¡y se fue a descansar!
«¡Zar del Agua!» gritó con tremenda emoción, mientras la tubería lloraba en el rincón. El Zar llegó en traje, con título y tarjeta, dio una conferencia de prensa… y se metió en su gaveta.
«Zar de la Luz!» proclamó con gran fervor, aunque el apagón duraba ya más de un ardor. El nuevo Zar prendió su laptop con batería y escribió un informe sobre la penuria del día.
«¡Zar de las Carreteras!» anunció solemne y fina, mientras el asfalto se doblaba en la colina. El Zar midió el hueco, lo fotografió entero, lo subió a Instagram… y esperó el mes de enero.
«¡Zar del Transporte!» —ya íbamos perdiendo la cuenta— el bus seguía sin llegar y la gente sin una respuesta. Pero había un Zar, y eso, amigos, es lo que importa, porque la apariencia de resolver nunca se acorta.
Y así, con cada crisis, con cada escándalo nuevo, no hacen falta soluciones, ni esfuerzo, ni relevo. Solo un comunicado bonito, una foto pa’ la prensa, y un Zar que cargue el muerto mientras ella no piensa.
El pueblo sin agua, sin luz, sin tren, sin vía, pero tranquilos, boricuas, que hay Zar todavía. Y si ese Zar no sirve, no se angustien, compadres, que hay otro Zar en camino… ¡de los mismos lares!
Puerto Rico, tierra linda, de un solo corazón, gobernada por los Zares de la improvisación. Que si el problema es grande y la solución escasea, ¡pa’ fuera el problema… y pa’ dentro la pantomima bella!



