miércoles, abril 15, 2026
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El oeste resiste, pero también pierde población

Por Luis Y. Ríos-Silva, MBA, PhD

La zona oeste de Puerto Rico sigue siendo una de las regiones con mayor atractivo para vivir, trabajar y emprender. Sus playas, universidades, comercio, turismo y calidad de vida continúan siendo fortalezas importantes. Sin embargo, los números reflejan que el oeste tampoco escapa a la reducción poblacional que vive gran parte de la isla.


Entre 2020 y 2025, la región oeste pasó de 428,851 habitantes a 417,841, lo que representa una pérdida de 11,010 personas en cinco años. Aunque la reducción de 2.6% es menor que la observada en el sur y el este, sigue siendo una señal que merece atención.
La realidad del oeste es distinta porque no todos sus municipios se comportan de la misma manera. Mientras algunos continúan perdiendo residentes, otros han logrado sostenerse e incluso crecer.


Mayagüez, uno de los principales centros urbanos y universitarios de la región, bajó de 71,081 habitantes en 2020 a 67,796 en 2025. Son 3,285 personas menos. Aguadilla también mostró una baja importante, pasando de 55,101 a 52,792, una pérdida de 2,309 residentes. Cabo Rojo cayó de 49,728 a 47,939, Hormigueros de 15,060 a 14,523 y San Germán de 33,017 a 31,647.


Sin embargo, el oeste presenta una diferencia importante frente a otras zonas del país: todavía conserva municipios que muestran crecimiento neto. Rincón pasó de 14,502 habitantes en 2020 a 14,842 en 2025, para un aumento de 340 personas. Moca creció de 36,328 a 36,597, mientras Isabela pasó de 42,936 a 42,938, manteniéndose prácticamente estable.


Estos números reflejan que el oeste no se está vaciando al mismo ritmo que otras regiones. Más bien, está atravesando una reorganización interna donde ciertos municipios logran atraer residentes mientras otros pierden población.


Rincón es probablemente el mejor ejemplo. Su combinación de turismo, calidad de vida, trabajo remoto y atractivo para residentes extranjeros y locales ha permitido que se mantenga como uno de los pocos municipios con crecimiento consistente. Algo similar ocurre en Isabela, donde la estabilidad poblacional contrasta con la baja de otros pueblos cercanos.


Esto demuestra que el problema no es solamente cuántas personas tiene una región, sino qué está ofreciendo para retenerlas. Municipios que logran generar actividad económica, vivienda atractiva, acceso a servicios y buena calidad de vida tienen mayores posibilidades de sostener su población.


El oeste todavía conserva ventajas importantes: menos congestión que el área metropolitana, costos de vivienda relativamente más accesibles, cercanía con la naturaleza y una economía impulsada por el turismo, la educación y los pequeños negocios. Pero esas fortalezas no garantizan inmunidad.


Una región que pierde 11 mil habitantes en cinco años no puede darse el lujo de pensar que el problema es de otros. El oeste todavía tiene tiempo para reaccionar, fortalecer sus municipios más dinámicos y evitar que la pérdida poblacional se convierta en una tendencia más profunda

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