Por Angélica Soto Ríos
En el casco urbano de Añasco destaca una casa antigua que, desde hace más de 30 años, se ha consolidado como una tienda de antigüedades. Allí, Nilda Méndez y su esposo, Inocencio Castillo, se han dedicado a comprar, vender y reparar diversas piezas con valor histórico y cultural.
“Cuando me mudé a esta casa me pregunté qué iba a hacer con algunos de los cuartos, y los llené con lo que no necesitaba. Empecé a vivir de manera más simple y a vender lo que tenía de más. Así comenzó todo. Luego vi que llegaban personas de toda la isla a comprarme cosas, y yo a venderles. Por eso dejamos nuestro trabajo, yo como maestra y mi esposo como policía, y nos dedicamos por completo a la compra y venta de antigüedades”, relató Méndez.
Algunas de las maneras en que consigue las piezas, explicó, son cuando familias se van de Puerto Rico y le ofrecen sus pertenencias, cuando personas recogen objetos que otros desechan en los zafacones y se los venden, o cuando familiares de personas fallecidas se le acercan para vender artículos del hogar.

“Yo vendo lo que otros botan porque lo que para unos es porquería, para otros es un tesoro”, expresó la propietaria.
Quienes visitan el establecimiento se transportan al pasado al encontrar una amplia variedad de mesas, coquetas, lámparas, vajillas, juguetes, discos y libros, además de otros objetos antiguos representativos de distintas épocas.
Entre los artículos más buscados y vendidos figuran las lámparas, especialmente las de bronce y cristal.
Para Méndez, las antigüedades tienen un valor importante y emocional porque “les traen a muchas personas el sentimiento y la oportunidad de recordar”.
La pieza más antigua que conserva junto a su esposo es un cemí taíno que mantienen dentro de su hogar.
El cuidado de las piezas no le representa una gran dificultad, ya que procura mantenerlas en buen estado y, cuando algo se daña, su esposo lo repara.
Uno de los factores que ha mantenido en pie la tienda de antigüedades es el buen trato a quienes la visitan. “Yo trato bien a las personas, me encanta hablar con ellos y atender el negocio. Me gusta lo que hago, y gracias a Dios sigo en pie”, indicó. De esta manera ha logrado ganarse el cariño de muchos clientes, quienes se han convertido en amistades y repiten sus visitas.
Otra de las razones por las cuales también capta la atención son los precios accesibles que mantiene. “Me gusta vender barato y, si alguien quiere algo, le puedo hacer precio. Aunque no me compren, se hacen mis amigos y me quedo contenta porque Dios me ha ayudado bastante y mis hijos ya se hicieron profesionales”, añadió.
Subrayó que el lugar siempre está disponible para los visitantes y que, si encuentran la tienda cerrada, solo deben tocar la campana para que ella abra y puedan ver el “museo de antigüedades”, como lo llama.
“Yo le puse museo para que las personas cuando lleguen se encuentren con que el museo dice se vende y las cosas tienen precio, y puedan comprar lo que les dé la gana”, explicó.
Méndez ha recibido múltiples reconocimientos, por lo que se siente orgullosa de todo lo que ha logrado.
Tras años de trabajo, asegura sentirse satisfecha y profundamente agradecida. “Estoy contenta con lo que he hecho. Vivo una vida sencilla y humilde. Siempre busco hacerme más amigos que enemigos, y a esos siempre trato de contentarlos”, expresó, y agregó que así ha logrado sostener a su familia y cubrir sus necesidades básicas.
La tienda está ubicada en la calle San Antonio, en el casco urbano de Añasco.



