miércoles, abril 8, 2026
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Divagando sin café sobre el sentido de pertenencia

Por Carlos J. Carrero Morales

Recientemente estuve revisando y revisitando mi tesis de maestría en planificación, (2007) y otros documentos que trabajé hace algún tiempo sobre el deporte del surfing, (2014). Tan disímiles y antagónicos como pueden sonar, ambos trabajos convergían en el espacio geográfico del pueblo de Rincón. En estos dos escritos, intrínsecamente planteaba un proceso de lo que Ruth Glass denominó gentrificación, (1964), o desplazamiento social, como prefiero llamar este fenómeno. El ejercicio de revisar los documentos respondió a un interés que tenía hacía un tiempo, pero que tuvo la excusa perfecta para hacerlo cuando un colega me hizo una invitación para formar parte de una antología sobre gentrificación en Puerto Rico.


En ese proceso de repensar mis palabras escritas, comencé a cavilar sobre que, en Rincón, más allá de un proceso de gentrificación hoy percibo un proceso que el argentino, Néstor García Canclini llamó hibridación, (1990). Se trata de un cruce cultural en que diversos elementos se mimetizan, se mezclan dando paso a una nueva idiosincrasia. No se trata de una sublimación de una etnia por otra. Mas bien es la unión de elementos culturales que se articulan y coexisten.


Eso precisamente fue lo que observé recientemente en una reunión pública en Rincón que fue convocada por una agencia de gobierno, a la que asistí. Al día siguiente, antes del café mañanero, una amiga me preguntaba en un mensaje en una red social, sobre como estuvo la actividad. Me decía: “¿estaba lleno de puertorriqueños o estaba lleno de gringos”? Esa pregunta a las 6:00 AM y sin café, me hizo pensar y reflexionar el asunto. Mientras, como suele pasarme a menudo, mis pensamientos estaban acompañados por música. En este caso la canción Salta Pa’ Tras, del grupo mexicano Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, con el coro que dice: Nuestras diferencias somos, no hay pureza…” Continuando el día mientras repensaba en el asunto, otra amiga me escribió preguntando de forma similar, sobre ¿cómo había estado la reunión, porque había visto varios videos en las redes y se veía mucha gente? En ese momento, la canción No soy de aquí, ni soy de allá…, de Facundo Cabral asaltó e inundó mi mente.


Y es que, entendí completamente ambas preguntas, pero la respuesta no era tan lineal en mi mente. La mayoría de los presente no eran personas que hubieran coincidido conmigo en los años de escuela, pero claro, de eso ya han pasado más de tres décadas. Mucho menos eran las caras que veíamos en los quioscos de las concurridas fiestas patronales del pueblo, que permanecen en mí memoria. Pero claro, esas festividades mutaron a ser unas lacónicas fiestas de pueblo.


No obstante, los rostros que vi en la reunión tampoco me eran extraños. Por el contrario, eran caras que me eran familiares, muchas de ella les reconocí por sus nombres. No eran semblantes foráneos, más bien eran caras cotidianas que hace poco más de una década vengo observando por las calles y barrios del pueblo, defendiendo los recursos naturales y culturales del municipio. Entonces recuerdo que Rincón fue fundado por un grupo de residentes del área, que provenían de varios lugares del continente europeo que se asentaron en este territorio de la Isla. En el siglo XVIII se organizaron y por medio de una carta de don Pablo Arroyo, solicitaron la fundación del pueblo. Esa acción cumplió su cometido y en 1771 se fundó Rincón, según ha destacado el historiador Walter Cardona Bonet, (1984).


Otro detalle que me llamó la atención fue el asunto del idioma. Esto puede parecer superfluo e insignificante, pero resaltó ante mi mirada de investigador social. Aunque, mi presencia en esa reunión era como rincoeño; pero en muchas ocasiones me es muy difícil apagar ese chip en mi cerebro. Cuando a mediado del 2000 comenzamos a trabajar el plan de manejo para la Reserva Marina Tres Palmas, (Valdés Pizzini, et al, 2008), y en ese proceso nos encontramos con varias situaciones y complejidades, (Valdés Pizzini, et al, 2024). Una de ellas fue el asunto del lenguaje que se presentaba como una barrera porque en todas las reuniones había personas que sólo hablaban un idioma; o español o inglés. Eso nos obligó a hacer las reuniones en formato bilingüe; lo que significó un esfuerzo mayor y duplicó el tiempo de los diálogos. Por esa experiencia, al llegar a la reciente reunión realizada en Rincón esperaba un proceso similar al que pasamos hace más de 15 años. No obstante, para mi sorpresa, toda la actividad se realizó en español. No solo la persona a cargo todo el tiempo se dirigió al público en un solo idioma, sino no que todas las personas presentes la atendieron, entendieron y expresaron sus comentarios y preguntas en perfecto español.


Eso me llamó bastante la atención porque, aunque observé varias personas que sé que su principal idioma es el inglés, no se sintieron incómodos. Incluso se aseguraron de emitir sus comentarios e inquietudes en español para que quedaran registradas. Todas esas observaciones me impulsaron a repensar en la pregunta, ¿quién es local? Sobre todo, manteniendo en perspectiva, de que el interés de la fundación del pueblo provino de un puñado de residentes de área, (158 para ser exactos como señala Cardona Bonet, 1984), provenientes de diversos lugares. Estos vecinos residían en terrenos de diversos hacendados y terratenientes que originalmente le pertenecían a Don Tomás De Castellón. Partiendo de ese detalle, reflexiono y concluyo que el sentido de pertenencia por el espacio va más allá de la tenencia del territorio. Es sentirse parte de él y así dar la cara por defenderlo y protegerlo.

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