Niños y niñas de seis a nueve años de una escuela pública Montessori en Aibonito participan en el Proyecto Huevos Girasol, en el que crían gallinas ponedoras para aprender de seguridad alimentaria, empresarismo y cómo ser autosuficientes.
“El Proyecto Huevos Girasol hace concreta la frase de María Montessori que dice que “el trabajo de las manos es lo que permite que la mente se desarrolle”. Estos niños del Taller I (6 a 9 años) de la Escuela Segunda Unidad Pasto en Aibonito, a través de su emprendimiento nos llevan a pensar que “emprender” va mucho más allá de la idea de ganar dinero, sino es la práctica de la independencia y el sentido de formar parte de una comunidad. Sin perder de vista que todo ocurre desde la escuela”, expresó Jennyffer Otero, directora ejecutiva del Instituto Nueva Escuela, que apoya a las escuelas públicas Montessori en Puerto Rico.
El proyecto Huevos Girasol comenzó en el 2023 en esta escuela de Aibonito como parte de iniciativas de aprendizaje y seguridad alimentaria. Inició con tres gallinas ponedoras, ya cuentan con siete y confían poder tener más. La maestra guía Luz Díaz dirige a los niños en sus tareas para cuidar y alimentar a las gallinas, junto a su asistente Patricia Núñez.
Otero explicó que esta experiencia les permite a los niños de elemental prepararse para lo que María Montessori llamaba el “Erdkinder” (hijos de la tierra) que describe a los jóvenes aprendiendo en su entorno natural, una invitación al trabajo con la tierra.
“El proyecto de criar gallinas ponedoras ayuda a los niños en el desarrollo del aprendizaje concreto, en donde la clase de economía que tradicionalmente la tomamos a edades más avanzadas, la dejamos de aprender desde un libro de texto y en cambio se aprende desde la vivencia de que el esfuerzo tiene resultados. Al estar encargados de la granja, los niños practican la responsabilidad, la solución de problemas e integran el método científico, así como la conexión con la naturaleza a través del cuidado del ambiente y de otros seres vivos. Desarrollan también la mente matemática porque para vender los huevos, los niños aprenden a calcular, a contabilizar y a planificar. Igualmente, fortalecen su autoestima al proveer un servicio a las familias en su comunidad. Esto genera un valor social que comienza a vivirse desde muy temprano en la vida y que genera una sensación de confianza incalculable que se convierte en una fuerza para el futuro ser humano que deseamos tener en nuestro país”, comentó Otero.
Janice Alejandro, directora de la escuela S.U. Pasto de Aibonito, indicó que “el proyecto Huevos Girasol representa una valiosa oportunidad de aprendizaje basado en proyectos, donde nuestros estudiantes demuestran lo aprendido a través de la práctica. Más allá del contenido académico, este proyecto fomenta el desarrollo de herramientas esenciales como el liderazgo, la administración y el pensamiento estratégico”.
Díaz, la maestra guía del Proyecto comentó que esta iniciativa puede crecer a algo más grande “como una cooperativa y llegar a aportar a Puerto Rico con huevos de calidad como otras grandes empresas lo hacen”. Indicó que el proyecto Huevos Girasol está comenzando por lo que aún tienen varias necesidades como neveras, comederos, bebederos, un lugar para almacenar la comida y las herramientas. “Nos encantaría tener más gallinas y más comida para estas que puedan llegar a través de donaciones”, manifestó. Quienes interesen hacer una donación pueden canalizarla a través del Instituto Nueva Escuela.
Otero, la directora del INE, planteó que “al final de esta historia, lo grandioso de lo que sucede en el Barrio Pasto en Aibonito no es la venta de huevos del país, sino aquel niño y niña que desde una pequeña granja en su escuela puede aprender y está convencido que puede transformar su comunidad y lograr ser autosuficiente. ¡Y eso es simplemente poderoso!”.


