Por: Joel Hernández
Puerto Rico enfrenta decisiones fiscales difíciles, pero hay una que merece una reflexión profunda: la posible eliminación del Crédito por Trabajo. Esta medida, que beneficia a miles de trabajadores formales con ingresos bajos y moderados, no es simplemente un cheque adicional. Es un reconocimiento al esfuerzo, un incentivo a la formalidad y una herramienta que dinamiza la economía local.
Eliminarlo sin una alternativa estructurada sería un error estratégico y social. No solo reduciría el ingreso disponible de muchos hogares, sino que provocaría un efecto dominó: menor consumo en los comercios, más presión sobre los programas de asistencia social, y un golpe directo a la motivación de quienes cumplen con su deber como ciudadanos y contribuyentes.
El argumento de que eliminarlo alivia las finanzas públicas parece lógico a primera vista. Pero, ¿qué pasa cuando ese alivio inmediato genera consecuencias que salen aún más caras a largo plazo? Abandonar un programa que fomenta el trabajo y sostiene la economía de base es una decisión que merece más que una simple línea en un presupuesto.
Debemos considerar que hay mejores formas de reformarlo sin eliminarlo. Por ejemplo:
Rediseñar los tramos de ingreso, para que el crédito se reduzca gradualmente y no penalice a quienes logran pequeños avances económicos.
Convertirlo en una plataforma de movilidad económica, premiando también a quienes se capacitan o inician microempresas, sin perder el incentivo.
Integrarlo con otras políticas de desarrollo económico, como alivios contributivos a pequeñas empresas que contraten personal con estos perfiles.
Y, si se decide hacer un cambio significativo, que sea gradual y acompañado de alternativas, no de la noche a la mañana.
Reformar no significa eliminar. Significa mejorar lo que ya funciona, hacerlo más eficiente, más justo y más útil para quienes lo necesitan.
Puerto Rico no necesita más recortes desconectados de la realidad del trabajador. Necesita políticas públicas con visión, humanidad y estrategia. El Crédito por Trabajo puede y debe evolucionar, pero no podemos permitir que se elimine de forma abrupta, ignorando su valor económico y social.
En momentos donde tantos hablan de progreso, es importante recordar que el verdadero desarrollo económico no ocurre solo en balances fiscales. También ocurre cuando un sistema le dice al ciudadano: “Tu esfuerzo vale la pena”.