Por Antonio J. Cesani Santiago
Las MMA en la isla: un talento feroz atrapado en un país que no despierta.
Puerto Rico se llena la boca diciendo que es “tierra de campeones”, pero cuando se trata de apoyar a los guerreros que se rompen el cuerpo en las Artes Marciales Mixtas (MMA), el país desaparece. No hay estructura, no hay inversión, no hay visión. Solo abandono, improvisación y un talento que se está perdiendo frente a nuestros ojos. Las MMA están listas para despegar, pero Puerto Rico sigue dormido… profundamente dormido.
En cada gimnasio de la isla hay jóvenes entrenando como si fueran a pelear por un título mundial. Se levantan antes del amanecer, entrenan doble turno, cortan peso, estudian técnicas, hacen sparring hasta que el cuerpo les pide auxilio. Lo hacen sin garantías, sin seguridad, sin saber si algún día tendrán una oportunidad real. Mientras ellos se sacrifican, ¿qué hace Puerto Rico? Nada. Absolutamente nada.
Aquí no existe una liga nacional. No hay rankings. No hay torneos regulares. No hay un sistema que permita que un peleador avance de amateur a profesional sin tener que irse del país. En Puerto Rico, el que quiere crecer tiene que emigrar. Esa es la verdad cruda que nadie quiere decir en voz alta.
La historia es siempre la misma: se anuncia una cartelera “histórica”, se publican afiches, los peleadores entrenan tres meses, los fanáticos compran boletos… y de repente, silencio. Cancelado. Suspendido. “Por razones fuera de nuestro control”. El daño es devastador: peleadores sin pelear, entrenadores sin trabajo, fanáticos decepcionados y promotores sin credibilidad. Y lo peor: nadie rinde cuentas. Nadie explica. Nadie asume responsabilidad. En un deporte donde la disciplina es ley, la improvisación se ha convertido en la norma. Una vergüenza nacional.
Mientras las MMA generan millones en Estados Unidos, Brasil y México, en Puerto Rico los gimnasios sobreviven con cinta adhesiva, donaciones y pura voluntad. Los auspiciadores no se acercan. Las marcas deportivas no invierten. El gobierno ni se asoma. Y, aun así, los entrenadores siguen enseñando, los peleadores siguen entrenando y los gimnasios siguen abiertos. Eso es sacrificio. Eso es resistencia. Pero el sacrificio no paga la renta ni el equipo. Sin inversión, no hay futuro.
Cada vez más peleadores boricuas se van a Estados Unidos porque aquí no tienen oportunidades. Y allá, en cuestión de meses, reciben lo que aquí nunca se les dio: ligas estables, entrenadores de élite, exposición mediática y oportunidades reales. Y cuando triunfan, cuando levantan la bandera, cuando brillan… Puerto Rico corre a reclamar orgullo. “¡Ese es boricua!”, gritan. Pero la verdad es otra: Puerto Rico no los formó. Los expulsó. Y ahora se cuelga la medalla. Eso no es orgullo. Eso es hipocresía.
Si Puerto Rico quiere que las MMA despeguen, no tiene que inventar nada. Solo copiar lo que ya funciona: crear una liga nacional seria, establecer rankings oficiales, profesionalizar árbitros y entrenadores, integrar el deporte al sistema educativo, atraer inversión privada, impulsar cobertura mediática y conectar con ligas internacionales. Esto no es un lujo. Es una urgencia.
Tenemos el talento. Tenemos la pasión. Tenemos la cultura deportiva. Lo que no tenemos es estructura. Y sin estructura, no hay industria. Y sin industria, no hay futuro. Las MMA en Puerto Rico no necesitan milagros. Necesitan compromiso, liderazgo y respeto por el deporte. Porque si algo está claro es esto: los peleadores ya están listos. El país es el que sigue tarde.




