el portavoz de la delegación del Partido Popular Democrático (PPD) en el Senado, Luis Javier Hernández Ortiz, accedió a la invitación cursada por la administración municipal de Mayagüez su alcalde Ing. Jorge Ramos, y la Legislatura Municipal, para disertar sobre la vida y obra de Don Luis Muñoz Marín, en la conmemoración de su natalicio. En las facilidades del Teatro Balboa Armando ‘Chucho’ Avellanet, los presentes celebraron la presentación, denominada ‘La voz del País y la responsabilidad de servir. En la misma, Hernández Ortiz expuso la responsabilidad ante la historia. Adjuntamos el mensaje en su totalidad.
Hoy nos convoca mucho más que el recuerdo de un hombre; nos convoca la responsabilidad de interpretar la historia para poder cumplir con el presente. Al honrar la vida y legado de Luis Muñoz Marín, no lo hacemos desde la nostalgia,
sino desde el compromiso de entender qué significa servir en un momento tan complejo como el que vive Puerto Rico. Porque hablar de Muñoz Marín es hablar de la voz del país, pero también es hablar de la responsabilidad que conlleva
escuchar esa voz y actuar con consecuencia. No hay ejercicio más serio en la vida pública que ese: escuchar al pueblo y responder con honestidad, con valentía y con sentido de propósito.
Esa fue, en esencia, la grandeza de su liderato. Luis Muñoz Marín no comenzó su vida pública desde el poder; comenzó desde la palabra. Fue escritor, fue periodista, fue observador de la realidad de su pueblo antes de convertirse en su representante. Y en ese proceso aprendió algo fundamental: que la política no puede estar divorciada de la gente, de sus necesidades, de sus angustias, de sus aspiraciones. Aprendió que la voz del país no está en los espacios de privilegio, sino en las comunidades, en los trabajadores, en los que luchan día a día por salir adelante. Esa lección sigue siendo profundamente vigente hoy. Porque si algo necesita Puerto Rico en este momento histórico es precisamente eso: servidores públicos que escuchen más de lo que hablan, que entiendan más de lo que imponen, que conecten más de lo que se distancian.
Cuando Muñoz Marín da el paso de organizar un movimiento político, lo hace con una visión clara de país. No se trataba de ganar elecciones, se trataba de transformar la realidad de un pueblo que vivía en condiciones de pobreza, desigualdad y falta de oportunidades. El lema “Pan, Tierra y Libertad” no era un eslogan, era una declaración de urgencia. Era el reconocimiento de que el país necesitaba acción, no retórica; soluciones, no excusas. Y esa es una de las enseñanzas más importantes para nuestro tiempo.Hoy Puerto Rico también enfrenta desafíos profundos. Tenemos comunidades que todavía esperan por servicios básicos eficientes, familias que viven con incertidumbre económica, jóvenes que se ven obligados a emigrar en busca de oportunidades, adultos mayores que sienten que el sistema no les responde. La voz del país sigue hablando, sigue reclamando, sigue esperando.
La pregunta es si quienes ocupamos espacios de servicio público estamos dispuestos a escucharla con responsabilidad. Muñoz Marín asumió la gobernación en un momento de grandes retos. No recibió un país perfecto; recibió un país con enormes limitaciones. Sin embargo, entendió que gobernar no es administrar la crisis, sino enfrentarla con visión. Gobernar es tomar decisiones, es asumir riesgos, es actuar con el bienestar colectivo por encima de cualquier interés personal o político. Y ese es un mensaje
que hoy debemos internalizar con urgencia. Porque en medio de los retos que enfrenta Puerto Rico —retos económicos, sociales, energéticos, institucionales— el país no necesita excusas, necesita dirección. No necesita improvisación,
necesita planificación. No necesita distancia, necesita cercanía.
Uno de los grandes legados de Muñoz Marín fue entender que el desarrollo no puede medirse únicamente en términos económicos. Promovió la industrialización, sí, pero también impulsó la educación, la cultura, la formación de un pueblo consciente de su identidad y de su capacidad de construir su propio futuro. Entendía que un país no se levanta solo con infraestructura, sino con dignidad, con oportunidades y con acceso al conocimiento. Esa visión integral del desarrollo sigue siendo una guía importante para el presente. Porque el progreso no puede ser para unos pocos; tiene que ser para todos. Y eso es, precisamente, lo que el país espera de sus servidores públicos: justicia, equidad y sensibilidad.
La creación del Estado Libre Asociado representó, en su momento, un esfuerzo por darle al pueblo de Puerto Rico un mayor grado de participación en su destino político. Más allá de las posturas ideológicas que puedan existir hoy, hay una realidad innegable: ese proceso se dio mediante el diálogo, la negociación y la participación democrática. Y esa es otra lección clave para nuestro tiempo. Puerto Rico necesita espacios de consenso, necesita líderes que entiendan que el país no se construye desde la imposición, sino desde la inclusión. La política que no escucha termina aislándose; la política que no dialoga termina perdiendo legitimidad. Si hoy miramos hacia el Puerto Rico actual, encontramos un país que exige resultados.
Un país que quiere transparencia, que quiere eficiencia, que quiere respeto. Un país que no está dispuesto a conformarse con menos de lo que merece. Y ante esa realidad, es necesario preguntarnos con honestidad: ¿cómo estaría actuando Luis Muñoz Marín en este momento? Probablemente estaría haciendo lo que siempre hizo: escuchar al pueblo, identificar sus necesidades más urgentes y tomar decisiones pensando en el bienestar colectivo. Estaría
apostando a la educación, al desarrollo económico con justicia social, a la dignidad del trabajo y a la responsabilidad del gobierno de servir, no de servirse. Porque servir no es un privilegio; es una obligación.
Servir implica rendir cuentas, implica estar presente, implica tomar decisiones que no siempre son fáciles, pero que son necesarias. Implica, sobre todo, entender que el poder es prestado y que pertenece al pueblo. Y cuando se pierde esa perspectiva, se pierde la esencia del servicio público. Muñoz Marín entendía que el liderato no se mide por el control que se ejerce, sino por el impacto que se logra en la vida de la gente. Y esa es una vara alta, pero es la vara que debemos aspirar a alcanzar.La voz del país hoy es clara. Es una voz que pide un gobierno cercano, que responda, que actúe con transparencia y con responsabilidad. Es una voz que no quiere promesas vacías, sino resultados concretos.
Es una voz que exige que se gobierne con sensibilidad, con justicia y con compromiso. Y ante esa voz, no podemos permanecer indiferentes. Escucharla es el primer paso; actuar conforme a ella es el verdadero desafío. Hoy, al recordar a Luis Muñoz Marín, no podemos limitarnos a exaltar su figura histórica. Tenemos que asumir el reto que su legado nos impone. Tenemos que preguntarnos si estamos cumpliendo con la responsabilidad de servir con la misma seriedad con la que él lo hizo. Tenemos que cuestionarnos si nuestras decisiones están alineadas con el bienestar del país o con intereses particulares. Tenemos que decidir si vamos a ser espectadores de los problemas o protagonistas de las soluciones.
Puerto Rico no necesita perfección; necesita compromiso. Necesita servidores públicos que entiendan que cada decisión tiene un impacto real en la vida de la gente. Necesita liderato que no se esconda ante los retos, sino que los enfrente
con determinación. Necesita hombres y mujeres que estén dispuestos a poner el país por encima de cualquier otra consideración. Ese es el verdadero significado de la responsabilidad de servir. Y esa es la esencia de la voz del país: una voz que no se rinde, una voz que insiste, una voz que sigue creyendo en un mejor futuro. Hoy, desde este espacio, reafirmamos ese compromiso. Reafirmamos que vamos a escuchar, que vamos a actuar y que
vamos a servir con la dignidad que el pueblo de Puerto Rico merece. Porque al final del día, la historia no recordará las posiciones que ocupamos, sino la manera en que decidimos utilizarlas. Y si algo nos enseñó Luis Muñoz Marín es que el poder solo tiene sentido cuando se utiliza para servir.




