miércoles, enero 28, 2026
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Cuando el perrihijo mueve la economía

Por Luis Y. Ríos Silva, MBA, PhD

En Puerto Rico, la economía del “perrihijo” ya es parte de la vida diaria y también del bolsillo de la gente. En un país donde nacen cada vez menos bebés y hay más personas mayores viviendo solas, muchos hogares han encontrado en sus mascotas una nueva forma de familia, y eso se nota en cómo y en qué se gasta el dinero.​


Casi la mitad de los hogares del país tiene al menos una mascota, lo que significa unas 643,000 viviendas donde el perro o el gato no es “solo un animal”, sino un compañero central del hogar. Esos hogares tienden a gastar más que los que no tienen mascota: se calcula que su canasta mensual de compras es alrededor de 11% más alta, porque hay que añadir comida, arena, golosinas, champú, juguetes y otros productos que se compran una y otra vez. De hecho, distintos estudios estiman que en Puerto Rico se pueden gastar cerca de 150 dólares mensuales por hogar solo en cosas para la mascota.​


Cuando se suman todas esas compras, el cuadro se vuelve claramente económico. Solo el mercado de alimentos para mascotas en la isla podría mover entre 250 y 260 millones de dólares en 2025, y se espera que siga creciendo cerca de un 5% anual hasta 2030. Esto ocurre en un momento en que otros tipos de consumo están más apretados por la inflación, lo que muestra que muchos dueños recortan en otras áreas, pero tratan de no fallarle al “perrihijo”. En América Latina, el negocio del cuidado de mascotas también va en alzada y se estima que puede pasar de poco más de 11 mil millones de dólares a casi 19 mil millones en menos de diez años.​


Pero la economía del acompañamiento no se queda en la bolsa de comida o la latita de carne. Alrededor de ese gasto han surgido clínicas veterinarias, servicios de grooming, paseadores de perros, cuidadores a domicilio (pet sitting), entrenadores, fotógrafos de mascotas, seguros y hasta transporte especializado. Son pequeños negocios que muchas veces arrancan con poca inversión, una guagua, unas tijeras, una cuenta en redes sociales y se sostienen con clientela fija que repite mes tras mes. Para mucha gente joven, este mundo del “perrihijo” ha sido la puerta de entrada al autoempleo ante la falta de empleos estables.​


También hay un ángulo humano importante, con efecto económico indirecto. Para muchos adultos mayores, tener una mascota significa compañía, rutina y un motivo para levantarse, salir a caminar o conversar con vecinos en la acera o el parque. Eso ayuda a combatir la soledad y puede reducir problemas de salud ligados al aislamiento, que terminan saliendo caros al sistema médico. Por eso, apoyar servicios que faciliten el cuidado de las mascotas de personas mayores, como entregas de comida o transporte al veterinario, no solo abre oportunidades de negocio, sino que también puede ahorrar dinero público a largo plazo.​


La economía del “perrihijo” ya existe, aunque muchas veces no se nombre así en los informes oficiales. Hablar de este tema en clave económica permite verlo como lo que es: un sector real, con clientes fieles, crecimiento estable y espacio para más emprendimientos locales. Para Puerto Rico, reconocerla y medirla mejor podría ser el primer paso para diseñar ayudas, adiestramientos y financiamiento dirigidos a quienes hoy viven y hacen vivir, gracias a sus mascotas.​

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