Dra. Aida Mendoza Rivera, historiadora
La tradición devocional en torno a la Gruta de Lourdes en Cayey, ubicada en el kilómetro 15.5 de la carretera PR-15 en el barrio Jájome Alto, tiene su origen en un gesto de fe y gratitud profundamente familiar. Aunque en años anteriores se difundieron versiones distintas, hoy se aclara —gracias a la memoria viva de descendientes directos— que la iniciativa de construir el santuario fue tomada por Amalia Calimano Díaz, hija de Enriqueta Díaz Anes, viuda de Calimano, conocida cariñosamente como Enriqueta Calimano.
Durante la década de 1930, Enriqueta sufrió una enfermedad grave. Su recuperación, considerada inesperada y milagrosa, ocurrió tras pasar tiempo en la zona del manantial. Conmovida por la mejoría de su madre, Amalia mandó a construir la gruta en 1936 como gesto de gratitud a la Virgen de Lourdes, consagrándola como altar de fe y esperanza para toda la comunidad.
Importancia de la Gruta en la Carretera PR-15
– La gruta se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos de peregrinación religiosa en Puerto Rico, especialmente durante la Cuaresma y el Viernes Santo, cuando cientos de fieles caminan desde Cayey, Guayama, San Juan y Ponce, algunos descalzos, en gesto de penitencia y devoción.
– Está situada junto a un manantial de montaña que nunca se seca, símbolo de sanación y frescura espiritual incluso en los días más calurosos.
– La ruta por la PR-15 está bien señalizada y es cuidada por vecinos que, en gesto solidario, ofrecen agua, frutas y merienda a los caminantes, siguiendo el consejo bíblico de ayudar al necesitado.
– El ambiente que se vive allí —entre brumas mañaneras, silencio contemplativo y oración coral— ha sido descrito como único y profundamente restaurativo, tanto para creyentes como para quienes buscan sosiego.
Este testimonio fue compartido por José Bauzá, descendiente directo de la familia Calimano. Su abuela, Enriqueta Rovira Calimano, nieta de Enriqueta Díaz Anes, conservó viva esta historia y la transmitió como legado espiritual y familiar.
La Gruta de Lourdes, desde entonces, ha recibido a fieles de todo Puerto Rico, convirtiéndose en símbolo de sanación, memoria y devoción mariana.


