miércoles, febrero 11, 2026
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Primer aniversario a la casa del Padre de Monseñor Héctor Rivera Ramos

Por Edgardo Rodríguez Nieves, PhD


Preparas ante mí una mesa, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa…y habitaré en la Casa del Señor por años sin término (SI 23:5).


Con motivo del primer aniversario del fallecimiento de quien fuera Rector de la Catedral de Mayagüez, Monseñor Héctor Rivera Ramos, sus familiares y amistades celebraron una misa en la parroquia San Antonio Abad en el pueblo de Añasco, el pasado 23 de enero. La misma sirvió para un encuentro de esperanza y gratitud en la que asistieron grupos de diferentes parroquias, entre ellas: Mayagüez, Añasco, Aguadilla y Sabana Grande. Con ello profesándole póstumamente agradecimiento por sus servicios a la Iglesia y orar por su eterno descanso en la casa del Padre. La Santa Eucaristía fue oficiada por Monseñor Humberto López, Rector Catedral de Mayagüez, y concelebrada por P. Jorge Caro, de Añasco, P. Edgardo Acosta, Sabana Grande y Monseñor Ramón Albino, Aguadilla; y los Diáconos: Julio Cruz y Alexis Soto.


La Homilía fue realizada por P. Edgardo quien se centró en la profunda fe que profesaba P. Héctor en la Eucaristía; su entrega y sacrificio al servicio de la Iglesia. De igual manera nos exhortaba a tomar de él la humildad, su fe y dedicación que sembró en cada parroquia en que sirvió su ministerio.


P. Héctor fue un guía espiritual por excelencia, a decir de su feligresía que lo solicitaba; sobre todo, era “Mariano” por devoción y “Adorador Eucarístico” por convicción. Sus consejos en la confesión y sus Homilías transformaban vidas para la Gloria de Dios. Por ello, los que conocimos a P. Héctor basado en su pastoral sacerdotal, tenemos fe en la esperanza de la resurrección y a su vez profundo agradecimiento por su servicio fiel e incondicional a la Iglesia. Era y seguirá siendo desde el Trono Celestial un hombre de Dios, ya que sus enseñanzas, humildad, valores y entrega seguirán germinando, como el grano de mostaza, no solo en la catedral de Mayagüez, sino en toda la Diócesis que le acogió.
En palabras de San José María Escrivá (16-II-1964): Hay que saber deshacerse, saber destruirse, saber olvidarse de uno mismo; hay que saber arder delante de Dios, por amor a los hombres y por amor a Dios, como esas candelas que se consumen delante del altar, que se gastan alumbrando hasta vaciarse del todo. Pensamiento que ejemplifica a Monseñor Héctor en su entrega total como apóstol de Dios en la Catedral de Mayagüez y toda la Diócesis; y por ello le decimos: ¡Gracias Padre Héctor!

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