Ruido: una asignatura pendiente en Puerto Rico

Visión conversó con José Alicea, experto en bioacústica, sobre el problema del ruido en Puerto Rico, que en pueblos como Aguada o Isabela, especialmente los fines de semana, se ha convertido en un problema de primer orden.

El ruido es uno de los mayores estresores, causante de problemas psicológicos y de salud física, además de un alto contaminante ambiental por el daño que causa en la fauna y los ecosistemas.
A pesar de lo nocivo de su presencia, son muchas las fuentes acústicas que en nuestro día a día rompen la tranquilidad y ponen en peligro la sana convivencia y la paz ambiental: carros con bocinas a todo volumen, tumbacocos con anuncios políticos, vecinos que no controlan el nivel de televisores y equipos musicales, barras y restaurantes, obras de construcción…
Aunque el ruido excesivo está regulado por ley, todavía atajar el problema se presenta como un reto, algunas veces por problemas legales y otras por dejadez de la autoridad competente.
José Alicea, consultor ambiental y perito en bioacústica, acústica ambiental y ruido urbano, reconoce que Puerto Rico cuenta con una larga tradición en materia de control de ruidos. “En Puerto Rico, el ruido toma una perspectiva legal bajo la Ley de delitos contra la paz pública de 1940. Se empezó a tomar en cuenta, porque el país empezaba a salir de una cultura agrícola y entrar a una cultura industrial: empiezan a aparecer vehículos, maquinaria, amplificación de sonido, etc. Cuando esa sociedad percibe que el ruido se sale de control, hacen esa ley, la cual sigue vigente”.

En aquel momento el ruido se vio como un asunto de orden público, informó.

Sin embargo, con el pasar de los años, el asunto se tornó a uno de calidad ambiental.
“En el 1972 el Congreso aprueba el Noise Control Act, porque a finales de los 60 en E.U. ocurre la revolución ambiental. “El problema ya no es solo de orden público sino de contaminación”, compartió Alicea.
Dos años antes, en el 70, Puerto Rico había redactado la Ley de Política Pública Ambiental “adelantándose a los federales”, destacó el profesor de la Universidad de Puerto Rico. Con esa legislación se creó la Oficina de Calidad Ambiental, y en 1976 redactaron el primer reglamento para controlar la contaminación por ruido. Posteriormente se creó el programa de Control de Ruido en la Junta de Calidad Ambiental.
A diferencia de otros contaminantes, el ruido es difícil de manejar por la característica intrusiva: se cuela por cualquier espacio. “Con otras contaminaciones puedes aislarte, pero el ruido es bien intrusivo. No hay manera de escapar, especialmente en un país tropical, donde todo el mundo vive bien conectado al ambiente exterior”, expresó.

Desmantelamiento de los órganos de defensa frente al ruido

Para Alicea el mayor perjudicado es el ciudadano, debido a la situación de desprotección a la que se enfrenta.
“El Estado ha desmantelado deliberadamente la capacidad para responder. El ciudadano afectado por ruido tiene hoy menos alternativas para buscar auxilio. No falta ley, ni reglamentos, faltan expertos para atender el problema”, sentenció Alicea.
“Ese abandono se refleja en el desmantelamiento de la Junta de Calidad Ambiental. El programa de Ruido llegó a tener 20 empleados; hoy en día hay 2 empleados, más el supervisor”.
“El otro problema es la radicación de las querellas. Hay una incapacidad total para responder a las querellas. Si el gobierno no registra las querellas, no hay evidencia de que hace falta un servicio. Se destruye la realidad del impacto en la gente y se desalienta la radicación porque no hay inspectores, ni equipos. Es lo mínimo que el Estado debe hacer por el ciudadano”, denunció.
Ante la falta de recursos el gobierno podría haber acudido a expertos en las universidades públicas, pero no lo ha hecho, arguye el profesor.
“Hay profesionales dispuestos a ayudar en el Recinto de Ciencias Médicas y su unidad de audiología, expertos en salud ambiental, en el programa de Arquitectura o gente retirada de la Junta de Calidad Ambiental”.

Ruido en movimiento

Sin embargo, cuando nos referimos a ruido en movimiento, la situación se complica aún más.
En el caso de las fuentes de ruido móviles, la ley de tránsito lo contempla. Por ejemplo, el ruido del mofle o del motor alterado es ilegal y puede ser constitutivo de multa.
En el caso de voceteo, nombre dado a la cultura de instalar bocinas en un carro, o en las `tumbacocos´, es más complicado. “Hubo casos que llegaron a nivel federal con vehículos de amplificación, y el Tribunal Supremo dijo que no se pueden prohibir, pero sí regular el tiempo y lugar para utilizarlo, porque esos equipos constituyen un “weapon of acoustic agression” (arma de agresión acústica).
Según Alicea, promotor del grupo Menos Ruido Puerto Rico, “se ha visto un nivel de frustración bien alto al no encontrar un remedio. La gente no se acostumbra al ruido, se resigna. El ciudadano afectado no puede quedarse en silencio. Los que valoramos ambientes con menos ruido no podemos tolerar a la gente que es acústicamente irresponsable”, sostuvo. Y antes de finalizar sentenció: “El ruidoso también necesita ayuda para saber cómo mitigar el ruido. Hay quienes no se dan cuenta, porque perdieron sensibilidad auditiva, y lo compensan con más amplificación”.

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