Reclaman mayor seguridad los ciclistas ante aumento de muertes

La escena empieza a ser habitual: una bicicleta completamente blanca, fijada al suelo en alguna carretera del país y a sus pies ramos de flores.
Esta suerte de escultura fúnebre marca el lugar exacto en que un o una ciclista fue atropellado y su vida segada, y sirve de recordatorio para aquellos conductores temerarios que asumen la carretera como su propiedad.
Iniciativas como esta, o las bicimarchas, están promovidas por grupos de ciclistas que reclaman el fin de las muertes de ciclistas por atropello, y que aspiran a otro tipo de movilidad, una que incluya a la bicicleta y al peatón y le quite poder al automóvil.
En Puerto Rico las cifras no paran de subir. En los pasados meses las víctimas se han sucedido en el suroeste del país.
El 8 de julio fallecía en el hospital, tras ser atropellada, una mujer que se desplazaba en bicicleta en la carretera 308 en Cabo Rojo. Días antes, un ciclista lograba esquivar milagrosamente la muerte tras ser impactado en la marginal Baramaya, en Ponce.
Por su parte, el 9 de agosto, un hombre fallecía atropellado en su bicicleta en la carretera 3116 de Guánica, el mismo día que arrollaban y mataban a otro ciclista en la carretera 107 de Aguadilla.
En cada uno de estos casos el ciclista corría bicicleta por motivos diferentes: unos por ser el medio de transporte habitual, otros por placer y por deporte. Sin embargo, los conductores no distinguieron el uso que hacían sus ocupantes antes de impactarlos, lo que convierte al ciclismo en Puerto Rico, en todas sus modalidades, en una actividad de alto riesgo.
Para Stephanie Anderson Morales, educadora ambiental y fundadora del movimiento “No más muertes en bici”, el problema no es solo de diseño, sino de educación vial: “En estos últimos atropellos los conductores se han ido a la fuga. Las calles pudieran estar mejor diseñadas para evitar ese tipo de colisión, pero el conductor a la fuga demuestra un déficit de educación vial y empatía. Tú puedes no haber visto a alguien y atropellarlo. Pero si te das a la fuga es un asesinato. En el caso de Ángela, en Cabo Rojo, la persona se fugó y luego fue a un carwash, con el cristal roto, y le dijo que había atropellado a un caballo. Ese es el tipo de valores con el que estamos bregando. Además, no tenía licencia ni marbete”.
Su iniciativa persigue hacer campaña en redes sociales para educar sobre el problema de la seguridad vial. “La idea surge en 2013 a través de la muerte de Josué Ramos, en Vega Baja. Había mucha indignación y sabía que era necesario conducirla hacia alguna acción”.
Sin embargo, sus objetivos como grupo no persiguen sólo potenciar el uso de la bici. “Nuestra visión no es solo seguridad para la bicicleta: queremos seguridad para el peatón, para gente que va en silla de ruedas, etc.”, manifestó en conversación telefónica con Periódico Visión.
Un comentario habitual sitúa en el ciclista la responsabilidad de la muerte: falta de experiencia, falta de prudencia o equipo de seguridad, etc. Pero Stephanie Anderson desmiente ese prejuicio: “Los que han atropellado son ciclistas experimentados. Tiene más que ver con el diseño de las calles. Aunque hay menos carros la gente guía más rápido, porque tienen la calle vacía”.
En ese sentido, el señalamiento a las instituciones públicas sale a relucir. Su colectivo reclama la responsabilidad compartida entre la negligencia del conductor y la falta de acción del Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP).
“La carretera donde mataron a Angela está calificada como “peligrosa” y necesita rótulos según el Comprehensive Bicycle and Pedestrian Plan For Puerto Rico. DTOP es cómplice de la situación vial que se crea. La velocidad mata. Si a ti te atropellan a 5 o 10 millas por hora puedes sobrevivir; cuando te atropellan a más de 40 millas por hora la supervivencia es crítica”, señaló.
“En el 2018, el DTOP hizo el “Plan peatonal y ciclista de Puerto Rico”, donde se identificaron cuáles son las carreteras y calles para hacer mejoras. Ya eso fue identificado en un plan oficial del gobierno”. Pero, como señala, poco se ha hecho.


Para Gamaliel Vega, ciclista militante y miembro del grupo Red Urbana de Educación y Acción Ciclista (RUEDA), “la cuestión es que la bici no recibe nada de presupuesto. Proponemos que parte del presupuesto del DTOP se asigne a la bicicleta para iniciar proyectos en las áreas que sean necesarias y donde transiten ciclistas”.
Al hilo de ese reclamo, Vega, maestro de profesión, señaló que “todavía no veo de parte del gobierno que considere la bicicleta como una forma de movilidad. Son el principal ente para construir ciclovías y no estoy viendo la acción concreta de asignar presupuesto”.
Aunque la comunidad ciclista es muy activa y realiza con frecuencia intervenciones de rotulado en carreteras o pintura de señales viales, consideran que su lucha debe tener un respaldo gubernamental, como sucede en naciones como Colombia o República Dominicana, país que señalan “se nos adelantó, incluso eligieron ciclistas al gobierno. En Latinoamérica Bogotá es la capital de la bicicleta, con un sistema eficiente de transporte”.
COVID-19 y ciclismo en Puerto Rico
Ambos, Stephanie y Gamaliel, son positivos ante una realidad: la pandemia ha provocado que más gente se desplace mediante ciclos no motorizados. La opinión no es una mera conjetura, sino una constatación de hechos comprobados, como señala Anderson Morales: “A partir del COVID-19 ha habido un boom mundial del uso de la bicicleta, no se encuentran piezas, no hay bicicletas. En Puerto Rico el sistema colectivo no está funcionando o la gente tiene miedo a usarlo, por lo tanto la bicicleta es lo más recomendado. Es una actividad de mínimo riesgo”.
A este respecto, Vega señala otros factores: “La pandemia ha trastocado la economía y el automóvil es un medio de transporte que consume gran parte del limitado presupuesto”.
Además, al factor económico añade uno de salud: “La bicicleta es una forma de esparcimiento y de salud mental dentro del encierro. La bici permite el distanciamiento, genera economía en la persona y beneficios ambientales”.
Sin embargo, todavía la cultura del carro es tan grande que “hace dos domingos no me pude comprar un café porque en el servicarro no me dejaron comprar. ¡Por estar en bicicleta!”, lamentó Anderson. Pero llegados a este punto, el problema de las muertes sigue sin estar resuelto. El diseño de las carreteras reaparece en la conversación.
“Podemos hacer mucho simplemente reduciendo el ancho de las carreteras. Cuando reducimos el ancho de los carriles el carro tiene que reducir la velocidad”, indicó la educadora ambiental.
Para los conductores ofrecen unos consejos básicos. “Bien importante cuando veas una bicicleta rebásala con 3 pies de distancia, no tocar bocina, y guiar con calma y entender que cuando te montas en un carro estás en una máquina con la que puedes atropellar”.
Ciclovías en Rincón y Mayagüez
Recientemente los municipios de Rincón y Mayagüez anunciaron la selección para recibir fondos federales destinados a construir ciclovías.
Unos 48 municipios solicitaron fondos al DTOP para estos fines, pero solo se aprobaron las propuestas de Mayagüez y Rincón.
En conversación con Periódico Visión, el responsable del Departamento de Desarrollo Económico de Mayagüez, Samuel González, compartió que “esta idea surgió con el deseo de traer el proyecto Calles Seguras del DTOP, para integrar automóvil, bicicleta y peatón. La propuesta recibió fondos de la Federal Transit Administration (FTA): $560 mil para el diseño y $4.6 millones para construcción”, indicó González. “A eso se suma lo que conseguimos a través de la Secretaría Municipal de Recuperación, Reconstrucción, Estabilización y Desarrollo de Mayagüez: $150 mil para el Parque del Litoral por la reclamación del seguro y dos millones de FEMA. Invertiremos en la ciclovía y el parque un total de $6.7 millones”, añadió el Secretario.
La ciclovía, que está todavía en la primera fase, conectará el Litoral con el casco urbano, hasta la calle Candelaria. “Junto a ese proyecto viene el desarrollo de bolsillos de estacionamiento con fondos CDBG-DR para la recuperación de Irma y María, así como fondos para la reconstrucción del casco urbano por un valor de $9 millones”, expresó.

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