Optimistas Escuelas privadas ante el reinicio del curso escolar

La educación virtual empieza a quedar atrás en el panorama educativo puertorriqueño. Si las previsiones se cumplen, el próximo semestre que comienza en el mes de agosto permitirá que escuelas públicas y colegios privados reciban a los estudiantes en los salones de clase.
Casi 18 meses después del primer decreto de cierre, el sector educativo empieza a pensar en una nueva normalidad, siguiendo estrictas medidas sanitarias.
A día de hoy, el gobierno dio luz verde para que los planteles escolares acojan a los estudiantes, siempre y cuando cumplan con normas como la distancia de 3 pies entre pupitres, estaciones de hand sanitizer en puntos estratégicos, y la obligación del uso de mascarillas.
Esta situación provoca entre el sector de educación privada un estado de euforia relativa, pues los planes trabajados hasta ahora pueden verse alterados ante cualquier repunte de casos.
Además, desde el sector aseguran que las medidas de distanciamiento afectan a la cantidad de estudiantes que pueden recibir.
En el caso de MASIS, institución privada ubicada en Añasco, desde la secretaría aseguran que “las regulaciones gubernamentales nos limitan la capacidad de matrícula. Ahora estamos con 430 niños matriculados, pero podrían ser más, porque por espacio podemos tener más niños en los salones”.
A esta limitación en el número de alumnos y sus consecuencias económicas, se añade la incertidumbre sobre el tipo de educación.
“No tenemos la certeza de si va a ser 100% presencial o mixta. Las clases comienzan el 11 de agosto, eso seguro, pero no sabemos el formato. Si todo sigue como va y los casos siguen aumentando, puede que el gobierno nos obligue a cerrar y comenzar de manera virtual. Estamos atados de manos con las regulaciones del gobierno”, expresaron desde el colegio.
A pesar de ello, “la idea de MASIS es abrir, estamos preparados con las estaciones de desinfección, barreras plásticas, carpas para el comedor en un área al aire libre, la comida se va a dar empaquetada, etc. Tenemos todos los protocolos y planes de acción”.
Desde el centro informaron que durante el verano recibieron el visto bueno del epidemiólogo municipal para llevar a cabo el campamento, una oportunidad para que los estudiantes rezagados pudieran ponerse al día.
“Tuvimos 23 días de refuerzo para los jóvenes, de 8 a 12. También para estudiantes nuevos que no conocían nuestro currículo, y fue muy bueno”.
Parecido diagnóstico hacen desde Theopolis Christian Academy, en Mayagüez. Su secretaria, la señora Nieves, explicó a este medio que la idea es “traer a los estudiantes paulatinamente, de forma escalonada, y tener un horario reducido hasta el mediodía”.
Las clases, que comenzarán a mediados de agosto, se desarrollarán en salones adaptados, con distanciamiento de sillas y mesas, y con acrílicos en los salones de kínder.
A pesar de tener un protocolo y unos planes trabajados, “estamos esperando siempre lo que diga el Departamento de Salud”, indicó la empleada del colegio.
Preguntada sobre el sentir de las familias, Nieves compartió que “se sienten cómodas, la mayoría de papás desean que los estudiantes regresen presencial, aunque algunos estudiantes van a permanecer online. Tenemos cámaras en los salones para este fin”.
Al igual que MASIS, el colegio mayagüezano ha visto mermada su capacidad de reclutamiento para el próximo curso escolar, con una matrícula que ronda los 150-200 estudiantes.

Naciones Unidas reclama no volver a cerrar las escuelas

Desde la oficina para la educación y la cultura de las Naciones Unidas, UNESCO, y el foro para las infancias del mismo organismo, UNICEF, hacen un llamado a los gobiernos a no volver a cerrar las escuelas.
La Directora Ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, y la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay, denunciaron que “los gobiernos han mantenido cerradas las escuelas durante períodos prolongados, incluso cuando la situación epidemiológica no lo justificaba. Estas acciones se adoptaron con frecuencia como primer recurso y no como última medida. En muchos casos, las escuelas cerraban mientras bares y restaurantes permanecían abiertos”.
A este respecto, señalaron que “hay pruebas claras de que las escuelas primarias y secundarias no están entre los principales impulsores de la transmisión. El riesgo en las escuelas es manejable con estrategias de mitigación adecuadas”.
Las consecuencias de que los jóvenes no estén en la escuela, aseguran, repercute en pérdidas que puede que nunca se recuperen: pérdida de aprendizaje, angustia mental, exposición a violencia y abusos, falta de comidas o menor desarrollo de las habilidades sociales.
“Los más afectados suelen ser los niños de entornos con pocos recursos, que no tienen acceso a herramientas de aprendizaje a distancia, y los más pequeños, que se encuentran en etapas de desarrollo clave”, denunciaron en comunicado de prensa.

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