LUMA y su contrato social

Por: Deborah Avilés Curet – Trabajadora Social y Profesora Conferenciante

Contrato- acuerdo generalmente escrito por el que 2 o más partes se comprometen recíprocamente a respetar y cumplir una serie de condiciones, según el diccionario Oxford, en términos jurídicos lo conocemos como “un acuerdo de voluntades que crea o transmite derechos y obligaciones a las partes que lo suscriben y generan obligaciones y destinado a crear derechos, en nuestro caso en la agenda del país, de forma bilateral.
Desde el pasado año, hemos sido protagonistas de la entrada de LUMA ENERGY a la palestra pública dentro de un marco de irregularidades e inconsistencias donde más que aclarar dudas, nos enredan mucho más con la semántica que parece no tener fin, por un lado un sector favorece que la agencia asuma la parte privatizadora de la transmisión y distribución del sistema, por el otro lado vemos grupos en contra porque entienden que la complejidad y la susceptibilidad del sistema solo la entienden los trabajadores de la AEE y por ende, los resultados pueden ser del desagrado de todos. Nada lejos de la verdad, LUMA entró con el pie izquierdo y forzado de grandes grupos que al día de hoy no entendemos que intereses ocultos hay en esas profundidades de la caja de pandora, que cuando diga abrir es un “sálvese quien pueda “y mucho más cronificado el problema: EN PLENA TEMPORADA DE HURACANES Y TORMENTAS PLATANERAS que son el talón de Aquiles del sistema enérgico de P.R.
Mientras tanto, el pueblo sufre los desatinos y se mantiene como rehén de la lucha de poderes que bien poco o nada le importa si las fluctuaciones de voltaje del sistema dañan enseres, generan desperdicios de alimentos y dinero, provocando daños colaterales a las industrias manufactureras, medianos y pequeños negocios que apenas ven la luz en el índice de actividad económica por la flexibilización de la orden ejecutiva y zas!, Se apagó la luz, más importante aún la calidad de vida de cada uno de los homo sapiens que poblamos esta porción de isla estamos siendo más que resilientes para mantenernos en tiempo, espacio y circunstancias. Reclamamos verdades, reclamamos transparencias y reclamamos derecho a vociferar cuan indignados nos encontramos con la calidad de servicio, que si estaba malo antes ahora es peor.
Por ende, Rosseau en su “Contrato Social” expone que la maldad y la perversión del hombre no está intrínsicamente relacionada con su naturaleza, sino con su relación con la sociedad. De esa simbiosis puede generarse como las personas nos relacionamos con nuestras instituciones y cuán hastiados estamos de la demagogia, de la turbidez de los asuntos y de como nos cogen de tontos útiles desde el ejercicio democrático del voto, que ironía más grande.
Los contratos deben cumplirse y servir de beneficios para todas las partes, y no despacharse la cuchara de forma unilateral, aspiramos a salir como el ave fénix, volando entre el medio de las cenizas, queremos que se nos restituya la dignidad que se encuentra herida, y suplicamos porque no se vuelva a ir la luz.

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