Ingenio boricua sobre ruedas

La edad y la salud no han sido impedimentos para que Héctor Luis Cintrón haya usado toda su creatividad para ayudar a resolverse la vida. Este humilde mayagüezano rediseñó dos sillas de ruedas con un sistema de baterías eléctricas que le permiten trasladarse de un sitio a otro desde su residencia en el sector Monte Isleño de la Sultana del Oeste hasta otras comunidades y pueblos cercanos como Hormigueros. Con más de 70 años a cuestas y múltiples problemas de salud, Cintrón vive en un residencial de Mayagüez en donde a pesar de vivir solo, su actitud positiva lo mantiene activo y siempre optimista.
Desde hace 2 o 3 años aproximadamente, este “abuelito” rediseñó unas sillas de ruedas para convertirlas en su medio de transporte. Cintrón no se conformó con adaptarles un motor y sus respectivas baterías, sino que también se las ingenió para colocarles un sistema de sonido a cada una de estas sillas-carritos. Con la alegría y el buen humor que lo caracteriza anda por las calles de Mayagüez sonando la bocina a la vez que coloca alguna música que amenice su viaje por las calles del pueblo.
Además de las bocinas y el sistema de sonido, Cintrón instaló unos pequeños vasos en donde la gente le puede dejar una pequeña colaboración, pues aunque asegura no hizo el carrito con ese fin, la gente lo conoce y buscan ayudarlo. Es por eso que él, para facilitar “la llegada del peso” que tanta falta hace, puso en evidencia su creatividad. Estas sillas tienen cada una su techo y encima lleva varias banderas pequeñas de su querido Puerto Rico.
Cintrón asegura que este medio de transporte le ha servido muchísimo, pues ante la falta de un vehículo por sus condiciones económicas, así como por la situación de salud de sus piernas, estas sillas de ruedas le han ayudado. Cuando regresa a casa las guarda muy bien, pues asegura que si se descuida, algún amigo de lo ajeno se las puede robar. “Mucha gente me han ofrecido comprármelas, pero yo no he querido. El día que me muera pueden botar o regalarlos, pero mientras tanto, no los vendo por nada, me ayudan muchísimo”, asegura Cintrón.
La historia de este humilde abuelito mayagüezano es una muestra de cómo su persistencia y creatividad se han combinado a pesar de las adversidades para salir adelante.
Con una gran sonrisa y esperanza, Cintrón le agradece a Dios por estas sillas que le han ayudado a trasladarse y a poder resolverse.

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