El héroe del chat

Por: Claudio Raúl Cruz Núñez

Hay héroes, hay redentores y hay truhanes. El recién electo cabildero por la estadidad es uno que cualifica para esta última categoría. Me refiero al que se le coló de güira al PNP. El imponderable chatero descendiente de mallorquines (lado paterno) entró al ruedo mediático como un Aquiles (el de los pies ligeros). Hay una moda, alimentada por cierta prensa banal, que realza y le da protagonismo a estos personajes. Estamos llenos de ejemplos caricaturescos y bochornosos.
El pueblo lo sacó por zafio, engreído e indolente y el innombrable vuelve y entra por la cocina. Que mueve a un ser humano a comportarse como si fuera un imprescindible en el imaginario del pueblo estadista. Los números de su elección están en lo que llaman los astrofísicos un “halo sombrío”. El mísero porcentaje de participación, en la parodia de los cabilderos, debe ser el punto de análisis de su viabilidad. El ex no goza de amplia simpatía dentro de su colectividad. Hay divergencia dentro del partido, su figura es conflictiva. ¿Se desinflará a largo plazo? La dinámica de los candidatos “politicomediáticos” es fluida, líquida; como expuso el sociólogo Bauman respecto a la sociedad digital.
Algunos políticos se moldean y se malean al ritmo de patrones de engaño y maledicencia. Este pasado incumbente fue fabricado y hecho a la medida de los nuevos tiempos. Rodeado de perversos personajes pretendió, desde el Palacio de Santa Catalina, legitimar un comportamiento de club exclusivo y excluyente. Tenía dos caras. Una como la figura de un hombre de Estado y la otra de flautista de Hamelín. La diferencia entre la fábula y nuestro caso es que los roedores nunca se han ido de la isleta de San Juan. Tenemos una estructura gubernamental agujereada por el arte de la corrupción. Le llamo arte porque ha sido llevada hasta la maestría de su ejecución y su creatividad maligna. Han logrado insensibilizar a gran parte del pueblo; a que vean el asunto como una manifestación incómoda de la cosa pública. Un detalle audaz de los tiempos modernos.
Pasó el tiempo, pasaron las fases de la luna y en aquel largo verano del 2019, el desafortunado “científico” desapareció. Nos llegaron los catastróficos eventos de la naturaleza, la pandemia y su secuela y ahora reaparece don Ricardo el Breve. Rehabilitado por la distancia física, inoculado de la politiquería boricua; Ricardo Antonio Rosselló Nevares tomó por asalto la papeleta plebiscitaria. No siempre el tiempo político coincide con la cronología de los hombres.

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