Ediciones Sangrefría: literatura desde los márgenes

El sector editorial en Puerto Rico navega por mares turbulentos, enfrentando fuertes oleajes provocados por la falta de librerías, una comunidad lectora reducida, y la ausencia de leyes para la promoción lectora o estímulos públicos a la industria del libro.
En este contexto, proyectos independientes tratan de mantenerse a flote y aportar desde la autogestión a la promoción del libro impreso y la literatura hecha en Puerto Rico.
Es el caso de Ediciones Sangrefría, editorial fundada en 2019 con la intención de ofrecer una alternativa a escritores en búsqueda de una oportunidad para publicar.
Acaban de editar “La marejada de los muertos y otras pandemias”, de Ana María Fuster Lavin, y a principios de año publicaron “Tragedias ejemplares: antología de horror cotidiano”.
Además, durante la pandemia lanzaron de forma virtual y gratuita la antología “Cuentos para el aislamiento”, puesta a disposición de la comunidad lectora para su descarga en internet.
Sus fundadores y gestores, los escritores Omar Palermo, Patrick Oneill y Luis Rodríguez, la definen como una cooperativa, pues tratan de que todas las partes -autor incluido- salgan beneficiadas del ciclo editorial y evitar así las prácticas abusivas que las editoriales grandes imponen a los autores, especialmente a los noveles.
Oneill, escritor sabaneño y autor de libros como “Misantropía”, compartió con Periódico Visión que “Ediciones Sangrefría se funda tras coincidir en varias presentaciones de nuestros respectivos libros. Surgió de forma orgánica, de compartir preocupaciones a través de nuestra trayectoria como escritores”.
El nombre fue inspirado en la obra teatral “Mala Sangre”, de Roberto Ramos Perea. “Como Malasangre ya estaba cogido por una editorial en España, cambiamos el nombre a Sangrefría”, cuenta Luis Rodríguez, escritor vegabajeño y miembro del equipo editorial.
Oneill define el actual momento histórico como uno “de transición, donde la comunidad está intentando definirse.
Nos encontramos ante una generación que está surgiendo, con voces que no se les ha dado la plataforma, o que se rinden, porque piensan que nadie quiere escucharlos”.
Para mejorar esta situación, Omar Palermo, escritor mayagüezano y miembro fundador del proyecto, señala que “queremos democratizar la creación literaria, liberarla de la élite, darle espacio a los nuevos escritores”.
Por eso, la autoedición o la edición mediante editoriales independientes se presenta como la mejor opción para esta nueva cepa de plumas.
Rodríguez sostiene que “hay que romper con el mito de que lo autopublicado no tiene la misma calidad. En Puerto Rico se valora el sello editorial sobre lo autopublicado. Se tiende a ver como que no has pasado por filtros, que no es una publicación legítima”.
A pesar de tener sus propios libros en el mercado y de gestionar una editorial, los jóvenes escritores compaginan su labor literaria con la docencia. El sueño de poder vivir escribiendo es, según afirman, muy difícil en Puerto Rico.
Rodríguez, autor de “Crónica de una trastera inservible”, lamenta que “la mayoría de los escritores son profesores, y por más `standing´ que tengan la escritura no da para vivir”.
“Si comparamos la cultura del libro en Puerto Rico con países como España, es totalmente diferente. Yo llegué a ver promociones de libros hasta en los baños, en el servicio de guaguas, había gente leyendo en todas partes”, expresó Palermo.
Aunque su esfuerzo está puesto en labrarse su futuro en el campo de la literatura y en potenciar el sector editorial, el autor de “Brea” y “Querosén” reconoce que su labor docente no la cambiaría.
“Para mí ser maestro no es sólo enseñar las áreas de lengua y literatura, sino impactar a la sociedad. Es lo mismo que hago con la literatura”.
Su posición de maestros y escritores, además, les permite tener una visión privilegiada del fomento de la lectura y la literatura en las nuevas generaciones.
Para Patrick Oneill “el sistema no enfoca la literatura como debería. Hay un estancamiento en las obras que enseñamos. Hay generaciones que se gradúan entendiendo la lectura como una carga pesada”.
“Para mí uno de los problemas es entender cuáles eran los problemas en otras épocas, y ver cómo están todavía en nuestra sociedad. Es un deber de los maestros enseñar ese momento, qué está ocurriendo hoy y cómo podemos cambiarlo”, enfatizó Palermo.
Antes de finalizar, preguntamos por sus autores de cabecera.
Para Rodríguez, un imprescindible es Horacio Quiroga.
“Sus cuentos son obras maestras. De Puerto Rico recomiendo a Emilio Díaz Valcárcel, un autor que no se le da el reconocimiento que se debería. Y de los más recientes, a Pedro Cabiya”.
Para Oneill “Borges es de mis favoritos. También Franz Kafka, Kōbō Abe o Guadalupe Nettel. De aquí me gusta mucho Zeno Gandía, y de la diáspora Pedro Pietri. Actuales recomendaría a Ricardo Martí y Juan López Bauzá. Y de Omar Palermo considero que “Brea” está para convertirse en una obra monumental para esta generación”.
Por su parte, Palermo destaca “Simone” de Eduardo Lalo, o “Barataria” de López Bauzá. Entre los clásicos, “La Charca” o “Redentores”, de Zeno Gandía. “Redentores si la actualizamos y ponemos gente chillando goma es muy actual”, bromea. “En Puerto Rico hay tanto que recomendar, que caeríamos en el pecado de omisión”.
Actualmente Ediciones Sangrefría está trabajando en nuevos títulos y una nueva antología.
“Aunque estemos en crisis la editorial va a seguir sobreviviendo, porque se basa en nuestro esfuerzo y en la gente que quiere dar a conocer la literatura”, sentencia Palermo.
Para más información pueden acceder a edicionessangrefria.com o a sus redes sociales.

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