Curiosidades y anécdotas de moteles boricuas

Recordar las anécdotas del Puerto Rico del ayer no se limita solamente a los cambios en las construcciones o en el estado de muchas fincas y pueblos. Cuando se trata de rememorar las anécdotas y vivencias de antaño, los moteles en la isla también tienen muchas historias que contar. Sí, tal como lo lee: los moteles. Y es que son muchas las curiosidades que en estos lugares que suscitaban y que aún hoy en pleno 2021 todavía es posible que se den en el diario vivir de alguno de estos alojamientos. Periódico Visión pudo conversar con uno de los hijos del antiguo dueño de una serie de 3 moteles que estaban en el oeste de la isla, específicamente en Moca y Joyuda. Las anécdotas que se vivieron en estas hospederías datan de los años 80, una época en la que como muchos recordarán, los teléfonos celulares, el internet y aún más las redes sociales eran elementos sacados de una película de ciencia ficción. Para aquel momento la visita a un motel era todo un taboo, una visita secreta que se tenía que ocultar a costa del honor y la reputación de la familia. Estos tres moteles del oeste de la isla fueron los primeros en desarrollar el concepto de las cabañas ejecutivas, las cuales se caracterizaban por tener cristales en las paredes de las habitaciones, así como televisores con películas para adultos. La idea fue un boom en ese entonces y estos moteles llamaron mucho la atención por tener estas características.
Entre las anécdotas de los moteles de estos tiempos que quizás aún hoy se puedan repetir está el hecho que algunos clientes eran vistos por los dueños o administradores entrando a estas instalaciones leyendo un periódico al revés. Y es que eran tales los nervios por ser descubiertos entrando a este lugar que quienes buscaban hacerlo muchas veces buscaban cualquier método para tapar su rostro y con el miedo de la situación no se daban cuenta que tenían el periódico al revés. Otro de los sucesos que dejaron sorprendido al administrador que vivió estas historias fue la vez en que presenció cómo en cierta ocasión un viejito entraba en su carrito a las instalaciones del motel y luego sacaba a una persona del baúl de su vehículo. Lo demás queda para la imaginación del lector. En otra ocasión el administrador divisó a las afueras del establecimiento a un niño de unos 10 años aproximadamente. Su sorpresa y vergüenza se hicieron evidentes cuando tras preguntarle al menor qué hacía allí, éste le respondió que su madre le había dicho que esperara allí afuera mientras arreglaba unos “asuntos de negocios” con un señor.
Para poderle cobrar a los clientes la entrada a los cuartos existía una ventana por la parte de atrás de la habitación que ellos alquilaban. En este interín, el administrador de estos 3 moteles recuerda cómo se llegaron a escuchar muchas veces conversaciones muy embarazosas, diálogos a los que a más de uno dejaban con total asombro. En los moteles de los campos las maneras en que se los clientes se trasladaban hasta los mismos eran muy diversas. Además de los vehículos y motoras hasta los caballos fungían como medio de transporte. Las visitas a estas hospederías dicen por ahí que corría “cierta prisa”. Los moteles, al igual que los hoteles de la actualidad, gozaban en la década de los 80, de ciertas épocas y fechas del año en los que conseguir reservar una habitación en sus instalaciones era toda una “odisea”. Las fechas más concurridas de los moteles eran las de semana santa, las vacaciones de verano, días feriados, día del padre, día de la madre y el más solicitado, el día de la secretaria. Muchos buscaban festejar y recompensar a esa persona especial de una forma diferente y atrevida. Otra de las historias que se recuerdan de la época cuenta que en una ocasión a una dama que visitó uno de estos moteles dejó olvidada la identificación de la compañía en donde trabajaba. El administrador del motel se trasladó hasta la compañía donde la cliente que había visitado el motel trabajaba para devolverle su carnet. Éste pensaba hablar de forma muy discreta con la dueña de la identificación olvidada. Sin embargo, una de las empleadas de dicha empresa le insistió al administrador del motel el por qué quería hablar con la empleada en cuestión. Ante la insistencia por saber el verdadero motivo de la visita, éste no tuvo más remedio que contarle que él había venido a regresar el carnet que una empleada de esa empresa había dejado olvidado en su motel. No hay dudas que la noticia enrojeció a más de uno y pueblo y campo se enteraron de lo sucedido en muy poco tiempo.
Una de las promociones que este antiguo administrador de moteles de la isla recuerda de forma especial es aquella en la que usaron una tarjeta de visita. En la misma, cada cliente recibía un parche por cada visita y si regresaba al motel por quinta vez obtenía una visita extra gratis. Esta “estrategia de marketing” era una de tantas que por entonces los dueños y administradores de moteles se inventaban para mantener siempre a la clientela con las ganas de visitar una y otra vez sus instalaciones. Hoy en día los moteles son diferentes a los que por la década de los 80 existían en la isla. Hay habitaciones familiares y mucha vigilancia en el área. Hay muchas más historias que se pudieran contar de los moteles, pero mientras tanto invitamos al lector a que haga un buen uso de su imaginación.

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