Casa Protegida Julia de Burgos: Refugio contra la violencia doméstica

Con la llegada de la pandemia la actividad económica se vio paralizada, las escuelas cerraron y toda la vida en el país pasó al ámbito de lo privado, al hogar.
Lo que para muchos es un lugar de tranquilidad y recogimiento, para otros es un espacio de violencia y sufrimiento.
Con la cuarentena forzosa maltratadores y víctimas tuvieron que convivir, y en muchos casos, malvivir de forma traumática y violenta, sin poder pedir ayuda o buscar refugio.
Por eso, organizaciones feministas han venido levantando la voz de alarma para poder ofrecer medidas de seguridad y estabilidad emocional a todas aquellas mujeres y menores víctimas de abuso dentro del espacio del hogar.
Una de esas organizaciones, encargadas de luchar contra la violencia de género, es Casa Protegida Julia de Burgos, fundada en 1979, cuya misión es salvar vidas y ofrecer segundas oportunidades a sobrevivientes de violencia doméstica y sexual.
Como parte de su misión, 397 personas han recibido sus servicios desde el comienzo de la crisis sanitaria, logrando ofrecer atención de forma ininterrumpida durante todo este tiempo.
Periódico Visión conversó con la directora de la organización, Coraly León, Trabajadora Social graduada con amplia experiencia en defensa de las mujeres.

La cifra de 397 mujeres y menores atendidos, ¿qué supone en términos comparativos con otros años?

En comparación con el año anterior significa una bajada. Cuando la pandemia empezó hubo una serie de semanas en las que no hubo participantes por el toque de queda. No había espacios seguros donde hacer las llamadas. A eso se le añade que los albergues tuvimos que reducir la capacidad por seguridad.
Al mismo tiempo, hay que señalar que según datos del Observatorio de Equidad de Género, vemos que aumentaron los feminicidos y transfeminicidos, un total de 60 en 2020.
Estamos en abril, mes de prevención de la violencia sexual. El año pasado identifcamos 40 mujeres que fueron sobrevivientes de violencia sexual. Es un tabú todavía.

La pandemia supuso un encierro forzado para muchas parejas con situaciones de violencia de género. ¿Hubo protocolos para las mujeres para proteger sus vidas?

Ahí quien dio el mejor ejemplo fue la rama judicial, creando el documento electrónico para denunciar de forma virtual, y comenzando con las vistas a distancia.
Más allá de eso, reconocemos que los esfuerzos no fueron tan coordinados. Por ejemplo, el hecho de que formalmente se estableció en las Órdenes que éramos personal esencial, no se tradujo en que tuviéramos acceso rápido a la vacuna. Nuestro personal siguió trabajando sin protección.

Del total de casos atendidos, ¿cómo está la situación en Mayagüez y pueblos adyacentes en materia de violencia sexual, abuso a menores, etc.?

De los 397, en nuestro centro de Aguadilla atendimos 101 mujeres y menores. En el área oeste hay menos servicios disponibles para sobrevivientes, la mayor parte están concentrados en el área metro, por eso hemos hecho el esfuerzo de atender a la gente en el oeste.
Los trabajos no se interrumpieron con terremotos ni pandemia, y estamos en vías de ampliar los recursos. Ahora tenemos un estudiante de práctica en psicología en niños y niñas para mamás sobrevivientes de violencia doméstica. Queremos ampliar los servicios, hay que seguir trabajando para hacerlos accesibles.

¿Qué retos tienen como organización para atender a esta población en riesgo?

Tenemos un problema de continuidad de fondos gubernamentales. Nuestros servicios no generan ganancias, son servicios interdisciplinarios de carácter legal, alimentario, asesoría en vivienda, etc., y trabajamos todos los años con propuestas para lograr los recursos económicos suficientes, pero eso es un juego de azar.
Los albergues han sufrido recortes que han impactado a los servicios. Desde Casa Julia queremos una asignación recurrente para que haya estabilidad y continuidad.
Contamos con 6 programas, y no queremos que pare ningún día de la semana. Los albergues son los únicos programas que garantizan la vida de las sobrevivientes, confidencialmente, con todas sus necesidades.

-¿Cuáles son las asignaciones que tiene el país para atender el problema de violencia sexual y doméstica?

En Puerto Rico hace falta la perspectiva de género. En Casa Julia, nosotros trabajamos como apagafuego, cuando ya la situación ocurre. Pero creemos que se puede hacer mucho más si se institucionalizara la perspectiva de género y la prevención desde edad temprana.
No queremos reaccionar, sino reflexionar, dar herramientas. Apostamos a eso como una de las cosas que deben ocurrir en en dirección a la equidad.
Si usted o alguien conocido sufre violencia en el hogar, puede comunicarse confidencialmente al centro de Aguadilla al 787-891-2031 para buscar ayuda.

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