Arecibo espera por obras para canalizar el Río Grande y evitar futuras inundaciones

El pasado mes de junio, el alcalde de Arecibo, Carlos ‘Tito’ Ramírez, anunció en rueda de prensa que las obras de canalización del Río Grande empezarían en el año 2023.
La obra pretende reducir el riesgo de inundación en las zonas aledañas al cuerpo de agua, especialmente el casco urbano de la ciudad, que en ocasiones anteriores ha quedado totalmente anegado por la crecida del río.
Ramírez compartió con los medios que “la construcción del nuevo dique es vital para evitar que el pueblo así como las comunidades aledañas sufran inundaciones que pongan en riesgo sus vidas y su propiedad”.
La construcción y su diseño está en manos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, y contará con fondos federales para su ejecución.
Esta intervención, sin embargo, fue anunciada durante la administración del anterior alcalde, Carlos Molina, a quien el actual regidor municipal señala que “olvidó de ofrecer el mantenimiento adecuado al dique”.
Esta falta de mantenimiento que denuncia Ramírez costó en 2020 la vida de un ciudadano que perdió su vida ahogado durante las lluvias torrenciales de la tormenta Isaías.
Unos meses antes de ese fatal suceso, Carlos Molina anunciaba que la ciudad iba a recibir una asignación de $174,000,000 para la mencionada obra, en lo que iba a ser el mayor proyecto de mitigación de desastres de la historia de la ciudad.
Molina indicó en aquella comunicación pública a los medios del país que “la fase para la construcción de planos comenzará este año (2020) y se espera que durante el mes de septiembre haya un 35% realizado, para el mes de marzo del 2021 se contempla el 60% realizado y para el mes de septiembre del 2021 un 90% realizado”.

Denuncia la oposición falta de claridad en el proyecto

Periódico Visión se comunicó con el ayuntamiento de Arecibo para conocer más detalles del proyecto, pero el alcalde no se hizo disponible para unas declaraciones a este medio.
Desde el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) se expresó el ex-candidato a la alcaldía, Javier Biaggi.
Según compartió el líder independentista “nosotros en 1984-85 le pedimos acción al Cuerpo de Ingenieros. Desde esa época está ese proyecto en marcha. En 1993 todos los planos estaban listos”.
Biaggi denunció que, a pesar de la urgencia del caso de Arecibo, obras parecidas se hicieron antes en el río Cibuco en Vega Baja y en Barceloneta.
Por eso, las acusaciones cruzadas entre el actual alcalde y el pasado incumbente son parte de la politiquería, según Biaggi.
“Nosotros estamos ya cansados de la politiquería. Lo que le estamos solicitando al Cuerpo de Ingenieros es que hagan una reunión pública para hablar, y que todos podamos conversar sobre el estatus del proyecto. Que la verdad nos la digan ellos y no los políticos”, argumentó.
Por último, Biaggi señaló que el retraso en la obra tiene consecuencias no solo ambientales, sino económicas, dado que la zona del casco urbano no puede desarrollarse en la medida en que nadie asegura las propiedades de la zona inundable.
“Ese proyecto ha significado que la urbanización Martell, el barrio Buenos Aires, la Puntilla, etc., están infradesarrollados porque no hay manera de asegurar esas viviendas, porque son inundables y obviamente no te van a dar préstamos hipotecarios. Esto es culpa de la dejadez de los alcaldes. Ninguno lo ha tratado con la urgencia que merece: no es solo por seguridad, sino por el desarrollo económico de la ciudad”.

Una problema histórico

Al margen de la pelea chiquita sobre si el ex-alcalde falló en su labor o si el actual no ha actuado con la diligencia requerida, el problema de las inundaciones es uno que se remonta en el tiempo.
En 1899, el cronista José Limón de Arce dejó testimonio en su libro ‘Arecibo Histórico’ de algunos episodios de lo sucedido durante el paso del huracán San Ciriaco.
Entre las observaciones del escritor arecibeño, se encuentran unas líneas que ejemplifican las consecuencias de la crecida del río: “Jamás he visto cosa igual. A las dos de la madrugada –expresaba– habían pasado, camino al mar, varias casas y bohíos. De la mayor parte de ellas salían gritos de personas que pedían socorro.
Una de aquellas casas llevaba los quinqués encendidos. Pudimos ver desde el Paseo Víctor Rojas a los moradores de ella arrodillados, orando en alta voz. ¡Era una plegaria que emanaba del alma! ¡Era aquél un espectáculo desgarrador!”

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