La sopa©

Cámilly I. Azize (escritora)

La sopa caliente es un alimento de consistencia líquida. Se prepara con ingredientes que se tienen a la mano. Las hay de mayor o menor espesor dependiendo de los diferentes ingredientes añadidos. La cocción es a fuego lento produciéndose así mucho vapor, que al destaparse emana y disipa su aroma por todos lados. Hoy, en  mayo del 2020, vivimos bajos los efectos de los vapores de las alegadas sopas de murciélagos que allá en Wuhan, República China cocinaban para el mes de diciembre de 2019. Esos vapores iban cargados del infame virus COVID -19, que desde enero del 2020 nos aterroriza y paraliza.

Los infectados superan los tres millones, las muertes van por un cuarto de millón de personas y gracias a Dios, a la condición física de los pacientes y a la ciencia, se supera el millón de los recuperados. Como un estribillo nos cantan: “este virus no discrimina”, “ataca a todos sin importar raza, etnia, género, capacidad económica”. También este virus lo paramos unidos. Estas expresiones buscan que nos sintamos bien, pensemos que no estamos solos, sino todos en el mismo bote. Y me pregunto: ¿Qué bote? ¿Una yola o un crucero? Todos corremos riesgo de contagio si no seguimos las normas de distanciamiento físico. Siempre físico y no social pues las tecnologías nos permiten como ahora estar cerca y libre de contagio.

Los dirigentes políticos a nivel global, han atacado el problema casi de la misma manera: ordenando el encierro (parcial o total) de todos los ciudadanos de manera hermética mientras médicos y personal sanitario asisten a los enfermos y los que nos alimentan se mantienen en sus puestos para que de alguna manera nosotros los alleguemos.

Estamos acuartelados en nuestros hogares, unos más cómodos que otros, pues el bote en realidad no es el mismo. Algunos contamos con una vivienda amplia, con tecnologías para realizar trabajo o estudio remoto, así como con una alacena apertrechada. Nos convertimos en espectadores de la lucha libre. La lucha por sobrevivir que lidian muchos de nuestros conciudadanos patrios y globales tras perder sus empleos, de la lucha por la vida que dan los médicos por sus pacientes, con la penosa encrucijada de privilegiar el acceso a la vida, (ventilador) a un paciente sobre otro, y por la lucha intestina e inentendible que muchos políticos alrededor del globo se empeñan en dar arrasando por el medio a los más débiles. 

La sopa caliente no solo es la de Wuhuan. 

En Puerto Rico se revuelve con cuchara otro tipo de sopa. A fuego medio en una gran olla, desde hace tiempo bulle el impacto de lo siguiente: la recesión económica que supera una década, la migración, la corrupción, la impunidad, el embate de los huracanes, de los terremotos y las malas decisiones de los ineptos que ostentan el poder. Ahora, inevitablemente se añade a este sopón el impacto del infame Covid 19. El vapor parece estar presionando la tapa. El encierro se prolonga bajo el manto de protección de un gobierno tal bien intencionado, pero mal capacitado. Un gobierno que nos desinforma y así nos mueve a destapar la olla. El miedo se pierde como pasó en la calle en apoyo al manifestante que busca comida para los pobres para los que pasan hambre. 

Tarde o temprano se destapará la olla. Seca no estará. Habrá sopa en abundancia. Su vapor nos arropará. Ese vapor nos debería mover a actuar de manera justa, solidaria y en una búsqueda pensada y desapasionada de hombres y mujeres que nos lleven a construir un mejor país. Con o sin virus, siempre habrá sopa.

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