Punto de Vista

Hombres completos: emociones y sentimientos

Flores Jay Cortés Cortés

Quizás la percepción general es que los hombres no poseen la habilidad para expresar sus sentimientos, sin embargo, sienten y padecen porque son seres humanos. En muchas ocasiones, transforman o sustituyen un sentimiento, por otro; especialmente aquellos que la sociedad categoriza como “femeninos”. La tristeza o la vulnerabilidad, son ejemplos de emociones que muchas veces los hombres expresan como ira u orgullo, ya que son socialmente aceptados como parte de la masculinidad.
Sin embargo, existen lugares donde los hombres se sienten seguros, y la expresión de sentimientos se considera aceptable. Basta con mirar cómo se comportan en eventos deportivos. En los juegos del Baloncesto Superior Nacional es común ver cómo los hombres se abrazan, se chocan las manos y hasta brincan juntos de la euforia al ver su equipo ganar o hacer una jugada espectacular. Los jugadores de béisbol, fútbol americano, hockey o baloncesto parecen estar bastantes cómodos expresando sus sentimientos entre sí durante un juego. ¿Dónde más vemos hombres dándose mutuamente palmadas en el trasero? Si los llevamos a otro contexto, probablemente no veríamos el mismo grado de comodidad y apertura a expresar las emociones a través del contacto físico.
Parte del problema para algunos hombres es que han reprimido los sentimientos por tanto tiempo que no han desarrollado las herramientas necesarias para manejarlos de manera asertiva. Las emociones que surgen de forma inesperada e imprevista pueden resultar confusas y al no poseer control o manejo de las mismas, es más fácil enterrarlas en lo más profundo. Esto es un grave error, que en ocasiones desencadena en una bomba de tiempo manifestándose a través de eventos violentos, depresión, enfermedades y/o dolencias físicas.
También se debe tomar en consideración la diferencia entre el hombre y la mujer a la hora de interpretar las emociones. Por ejemplo, la interpretación del silencio es distinta entre hombres y mujeres. Para el hombre, el silencio es un momento de análisis e introspección en muchas ocasiones para resolver situaciones o toma de decisiones, sin embargo, en algunos casos para la mujer el silencio es sinónimo de molestia o incomodidad. Muchas veces estas diferencias en interpretación y el manejo inadecuado de las emociones, afectan las relaciones interpersonales.
Recuerda que los hombres NO son insensibles, más bien muchos están atrapados en un proceso dentro de una sociedad patriarcal con principios machistas que les dice que es “poco hombre” llorar, sentirse herido o expresar la gama de emociones que experimentamos como resultado de VIVIR una vida a plenitud. Aprende a conocer tus emociones y a manejarlas de una manera asertiva.

 

La Ausencia de una Cultura Humanizadora

Luis Ibrahyn Casiano

El ajetreo de la vida, la construcción desmedida y la falta de espacios libres compuestos por la naturaleza, son sin duda razones que nos alejan psicológicamente del sentido natural.
Aspecto que nos convierte en seres más desligados del medio ambiente, de la responsabilidad ecológica y de optar por el desarrollo integral de nuestra especie en estos estadios naturales. A consecuencia de ello, la mente trabaja a un ritmo acelerado que no encuentra elementos para la tranquilidad y para la canalización de las emociones. Si es cierto que no a todos nos gustan los mismos espacios y entornos para compartir y/o salirnos de la rutina diaria; también, cabe señalar que no es cierto que no necesitemos de los espacios naturales para asimilar ciertas características que están intrínseca en nuestra composición genética y que brota al contacto con la naturaleza.
Como muy bien establece lo comprobado por investigadores de las universidades de York y Edimburgo, andar por zonas de la urbe ajardinadas y no invadidas por edificios ni construcciones de cemento desencadena cambios en el ánimo, el compromiso y la frustración, factores emocionales que pueden registrarse en el cerebro mediante electroencefalografía. Ante ello, entiendo que surge la necesidad de replantearse el modelo de desarrollo urbano con elementos naturales, así también la estimulación de una economía ecoamigable y de un sistema de trasportación integrado que vaya a tono con los espacios diseñados o convertidos a espacios verdes. La salud mental es un elemento al que debemos prestarle mucha atención, como lo hacemos con enfermedades o padecimientos invasivos, pues la mente y las emociones rigen nuestra interacción humana y delimitan parte de nuestros comportamientos frente a la sociedad.
Por ello, hacer de nuestras estructuras físicas, como edificios y carretas, centros de trabajo y estudios, nuevos espacios con elementos más naturales, se vuelve no solo en un aspecto de moda como aparece en las revistas clasistas, sino esencial para nutrir nuestra siquis. Encaminándonos a la compresión de lo irrefutable, de que la vida humana no está diseñada del todo para asimilar la falta de interacción con los elementos naturales que van más allá de tener un tiesto con flores en la sala o una mascota. Hagamos el compromiso de crear espacios verdes para nuestro entorno y desarrollo mental.

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