Punto de Vista

Dr. Edgar León

Los Cambios Inevitables en Puerto Rico

Hace unos días pude visitar una oficina de servicios al cliente de un municipio de Puerto Rico
Lo primero que puedo informar a todos es que todavía hay sistemas que dependen de procesos de papel que contienen de tres o cuatro pasos que hay que hacer en diferentes oficinas antes de completar un servicio. O sea, buscas un papel en una oficina, vas a la otra oficina lejos de la original para pagar por el servicio y luego regresas a la primera oficina para entregar el comprobante e cual le hacen una copia para luego dártela. Ese proceso me tomó por lo menos dos horas.

En la oficina de pago pude notar que en los techos de la misma tenían cientos de cajas llenas de récords que se han almacenado por décadas y todavía están ahí almacenándose de manera continua. Ni pensar el buscar un récord de papel lo cual tomaría meses encontrarlo y el trabajo de varias personas que manualmente buscarían dentro de las cajas disponibles.

Los cambios a los sistemas modernos donde los récords se digitalizan, donde el servicio se ofrece a través de una plataforma fácil en la internet disponible las 24 horas del día todavía esta ausente en Puerto Rico. Según podemos ver en las noticias, cada municipio es una tribu aparte que no esta interconectada con nadie y que fija los salarios de cientos de miles de sus empleados como le viene en gana. Tampoco hay conexión ni intercambio interdepartamental de los municipios.

El hacer las cosas a mano y con papel tarda mucho y le cuesta a Puerto Rico millones de dólares en maquinas de fotocopias, papel, renta de edificios, salarios y beneficios. Este método de papel puede ser el culpable de tantos chanchullos y trampas en los contratos debido a que es difícil de detectar.

Otro ejemplo que se puede dar es el de la Junta de Inscripción Permanente que tiene sobre 80 oficinas alrededor de la isla con muchas personas aburridas en las oficinas sin hacer nada al menos que de San Juan llegue alguien a velarlos a ver si trabajan. Se supone que trabajen durante las elecciones y luego no hay nada que hacer a menos que se muera alguien. Cuando se le pregunta a los directivos de estas oficinas que porque seguimos gastando estos millones de dólares en oficinas que nada hacen nos dicen que como es parte de una ley, hay que seguir haciendo lo mismo aunque cueste mucho. O sea, nos negamos a cambiar porque una ley arcaica que lo dice. Debemos comenzar a revisar y cambiar todas las leyes arcaicas para que faciliten el cambio inmediato a unos procesos económicos, modernos, con fácil acceso y digitales.

Aquellos de nosotros que sugerimos cambios somos vistos como una amenaza la cual quiere ver a la gente desempleada. Realmente, lo que debemos hacer es comenzar a pensar en el futuro de la isla y estar consiente de la realidad de Puerto Rico. Esta es una isla pequeña que se ha acostumbrado a gastar en exceso sin producir mucho.

Llego el momento del ajuste y a la realidad global, digital y económica a la cual todos los países del mundo se están preparando para competir de forma exitosa.

 


Víctor Corcoba Herrero

La Ausencia de una Cultura Humanizadora

Hasta ahora somos una sociedad que habla mucho y hacemos poco. La solidaridad no logra instaurarse en el mundo para asegurar a todos, ya no sólo el pan de cada día, sino también servicios tan básicos y esenciales como el derecho a un trabajo decente, a una vivienda, a los servicios sanitarios, o a la misma educación. A mi juicio, son los Estados, con sus gobernantes al frente, los que tienen que tomar las medidas necesarias para proporcionar a las familias todos estos derechos esenciales, que ahí están, pero que no los ponemos en práctica. Se me ocurre pensar en la situación que viven muchos ciudadanos en países desarrollados, algunos sin un techo donde vivir, mientras otros lo poseen todo para sí, con la idea de seguir enriqueciéndose, en lugar de compartir.

Nos falta caridad y nos sobra soberbia. Sin embargo, derrochamos como si la vida se nos fuera a ir mañana mismo, y lo hacemos con tanto egoísmo, que nadie respeta a nadie, sobre todo si es indigente o está incapacitado, sino es útil o es frágil, como el niño que va a nacer, o si ya no tiene futuro, como el anciano. Un planeta que no es capaz de garantizar a sus moradores un ambiente distinto al de la selva, difícilmente va a tener posibilidades de concordia.

Deberíamos reflexionar sobre esto, puesto que si el diálogo es fundamental, también las acciones de colaboración y cooperación, de inclusión y equidad, son trascendentes para esperanzarnos y que nadie se quede atrás.

Por desgracia, ante esta inhumanidad que cosechamos, mal podemos consolarnos. Ahora bien, la vida misma que se nos ha donado, nos exige a todos activar otro espíritu más dinámico, mediante un lenguaje más constructivo de esfuerzo conjunto. Sin duda, la humanidad debe volver a sus raíces, a tomar conciencia de que los bienes son para todos, no únicamente para los privilegiados, lo que requiere urgentemente, por parte de todos los gobiernos del mundo, otras prácticas más solidarias y cooperantes. Tantas veces nos sentimos desprotegidos, que no tienen sentido esas instituciones insensibles, que lo único que hacen es aburrir a la gente con papeleos redundantes.

La familia humana, en su unidad y conjunción, tiene que introducir otros esquemas más humanitarios, más allá de esta desconcertante celeridad de trapicheos, donde el único que siempre gana es el próspero, o sea don dinero. Olvidamos que son las personas más vulnerables las que más auxilio necesitan. Sin duda, hay que fortalecer el capital humano sobre todo lo demás, no el capital adinerado; y, desde luego, promover la realidad de sus derechos y obligaciones. Por ello, las armas hemos de silenciarlas, e invertir mucho más eficazmente en una cultura humanizadora, totalmente distinta a esa educación sin alma que hemos sembrado y que aún se viene impartiendo por doquier entorno.

]Lo importante no es que la economía crezca, sino que lo ciudadanía se solidarice y confluya en ese compromiso humanista, que reitera la protección hacia aquellas personas que no tienen lo necesario para vivir; porque nosotros en parte, los de este orbe favorecido, tampoco hemos salvaguardado sus medios de subsistencia.
Alcanzar el objetivo de Hambre Cero para 2030 está bien como propósito, pero no va a pasar de ahí, sino cambiamos este entorno dominador que sufrimos hoy. Se requieren de otros cultivos más versados y desprendidos.

También de otro conocimiento más ético, quizás menos productivo, pero más redistributivo entre todos los individuos. Evidentemente, el futuro como familia humana va a ser nuestro en la medida que activemos la acción moral. O sea el corazón. Lástima que nos hayan educado hacia una cultura que nos deshumaniza y enfrenta, en vez de armonizarnos hacia ese bien colectivo mundial que nos engrandece y nos despoja de corazas.

Estoy convencido, por tanto, que la ausencia de una cultura humanista, debe llevarnos en el momento presente, a una transformación en la manera y en el modo de vivir, pues es cuestión de donarse, de ser capaz de acompañar a las personas, sin competir por nada, en el camino de un auténtico hermanamiento humano. Sólo así, podrá nacer un fenómeno cultural responsable, tan globalizado como hermanado, que nos oriente y reoriente hacia ese amor preferencial por los más frágiles.

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