¿Por qué fuman?

El tabaco es uno de los problemas de salud más importantes en la actualidad. Se estima que, en el mundo, existen unos mil cien millones de fumadores. Pero, ¿acaso nos preguntamos alguna vez por qué fumamos?
Hay muchas razones que pueden llevarnos a esto. En la antigüedad, fumar se asociaba a un acto de masculinidad y prácticamente se reservaba solo para los hombres. Sin embargo, hoy en día, el número de fumadores está equilibrado entre hombres y mujeres.
Cuando fumamos, nos estamos sometiendo a una adicción que, además, está aceptada en la sociedad. De hecho, se podría incluso decir que se trata de un acto que nos permite sentirnos más cómodos o integrados en ciertas situaciones sociales.
Sin embargo, es importante saber que, hoy día, el tabaco es responsable de la muerte de casi 8 millones de personas al año. Está relacionado con muchas enfermedades y, por desgracia, casi 1 millón de personas que las padecen ni siquiera son fumadores directos.
Por ello, en este artículo vamos a analizar las razones por las que fumamos. De esta manera, podemos ser conscientes de los motivos que nos conducen a este hábito tan tóxico y, a partir de ahí, tomar medidas para empezar a evitarlo.
¿Por qué fumamos por primera vez?
Como ya hemos mencionado, el tabaco está muy extendido en nuestra sociedad. Hasta hace relativamente poco, existían muchos anuncios en televisión, en las calles o incluso en los periódicos, que patrocinaban ciertas marcas o industrias.
Hoy día, esta publicidad ha ido disminuyendo. Aún así, no es de extrañar que en las series o películas salgan personajes que fuman de manera constante. De esta forma, lo que se consigue es que las personas, desde muy corta edad, lo vean como algo normalizado.
Lo más común, es que la primera vez que se fume sea en la adolescencia. Es muy típico en jóvenes menores de edad que tienen amigos o familiares que fuman. Cuando fumamos a esta edad, tenemos la sensación de ser más »interesantes».Muchos lo hacen por sentirse socialmente más aceptados. A esas edades, es muy típico el deseo de desafiar a los padres o sentirse bien con la idea de estar haciendo algo »prohibido» o arriesgado.
La mayoría de los adolescentes creen que, así, son más adultos. Esto también se asocia al hecho de querer ser más interesantes para la gente de su edad. Todo esto conduce a que, en este momento de la vida, fumamos cuando estamos con gente, pero no suele hacerse en solitario.
En la actualidad, las modas sobre el tabaco se han modificado. Se ha extendido de manera notoria el uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores. Muchos de los adolescentes, en lugar de fumar cigarrillos, prefieren darle uso a estos dispositivos.
El problema es que, cuando fumamos un cigarrillo electrónico, tenemos la sensación de que es inofensivo. De hecho, en ocasiones son los padres los que les entregan estos dispositivos a sus hijos adolescentes, en un intento de que no fumen tabaco.
Sin embargo, aunque se puedan utilizar sin nicotina, es necesario saber que son igual de nocivos como los cigarrillos. Aunque muchos estudios están intentando demostrar sus efectos negativos, aún no se conoce exactamente cómo actúan sobre nuestro organismo.
Lo que sí está claro, es que cuando fumamos cigarrillos electrónicos, aunque sea sin nicotina, estamos haciéndonos adictos a esta conducta. Nos acostumbramos a realizar el gesto y nos preparamos para acabar siendo fumadores tarde o temprano.
¿Por qué fumamos el resto de nuestra vida?
Cuando fumamos, estamos ingiriendo una cantidad importante de nicotina. La nicotina es una sustancia adictiva que se encuentra de forma natural en el tabaco. Produce una sensación placentera en el organismo que lleva a quién la consume a querer hacerlo una y otra vez.
La nicotina actúa sobre el circuito de recompensa cerebral, haciendo que se libere dopamina. Lo que ocurre, de manera resumida, es que como se siente placer al ingerirla, se refuerza la conducta. Es lo que hace que las personas sigan fumando.
Aunque mucha gente lo desconoce, cuando no fumamos experimentamos también un síndrome de abstinencia. La gente relaciona este término con drogas más fuertes como la heroína, pero no es así.
Una persona que ha sido fumadora habitual, al dejarlo, experimenta ansiedad, irritación y tensión. Del mismo modo, pueden llegar a sentir dolores de cabeza, alteraciones del sueño y ganancia de peso.

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