Opinión Política

Peter Muller

Liderato Boricua US
La pasada semana fue electo como presidente del caucus de legisladores latinoamericanos de los Estados Unidos el senador del distrito de Bayamón y buen amigo Carmelo Ríos. Este caucus hispano agrupa todos los senadores y representantes electos en los 50 estados y sus territorios, lo cual representa una garantía y apoyo directo para todos los latinos en prácticamente toda la nación americana. Estos legisladores se reúnen en diferentes meses del año para discutir y ponerse de acuerdo en los temas que de alguna forma podrían ayudar o afectar la comunidad latinoamericana.

Carmelo Ríos es un senador en Puerto Rico que además de representar su distrito defiende la política pública del actual gobierno y obviamente defiende la incorporación de Puerto Rico como el estado 51.

Esta posición le dará la única y gran oportunidad de cabildear y educar a muchos de sus compañeros legisladores en Estados Unidos sobre la necesidad de que la Isla sea un estado y todos sus ciudadanos americanos que viven en la misma tengan la oportunidad de una mejor y mayor calidad de vida a través de la igualdad social, política y económica.
A su vez estos legisladores estatales pueden ayudarnos a cabildear con los diferentes congresistas de sus respectivos estados para lograr una votación favorable en el congreso de los Estados Unidos.

Felicitó a Carmelo y a los legisladores boricuas que fueron a respaldarlos porque sabemos que su elección abrirá muchas puertas en la nación y enviará un mensaje claro e inequivoco de la fuerza de los puertorriqueños en la nación. Sabemos que dará el 100 % como siempre lo ha hecho como senador.

Enhorabuena y cuenta con nuestro respaldo para conseguir la estadidad y levantar verdaderamente a Puerto Rico.

Nuestra presencia directa ha sido parte de la clave principal para lograr una inmensa cantidad económica de parte del gobierno federal y el congreso. Por eso los puertorriqueños debemos apoyar estas iniciativas genuinas de nuestro liderato político en la actual administración.

Estamos trabajando duro, ayudando sin prácticamente recursos y haciendo de tripas corazones. Lo importante es que hay compromiso y deseos genuinos de levantar el país cueste lo que cueste.

 

 


Charlie Hernández

INCAPACES
Luego de varios años de constante reducción en las cifras de la criminalidad en Puerto Rico, el año 2017 concluyó con un marcado aumento y durante los primeros meses de este año ha continuado el trágico patrón. Atrás, y en el olvido, quedaron las promesas de campaña del candidato que mezquinamente se negaba a reconocer el progreso que se había logrado en la lucha contra el crimen y ofrecía un “plan” para atender el asunto. El pueblo le dio el mando del gobierno y sus resultados han sido desastrosos.

Han aumentado los asesinatos y los restantes delitos tipo 1 a pesar de una dramática reducción poblacional. Lo peor parece ser que el gobierno no tiene el cacareado plan o sencillamente tiene un plan ineficaz y torpe. Tampoco parecen tener el equipo correcto a pesar del generoso salario que le pagan (con fondos públicos) al Secretario de Seguridad Pública. En esencia, no parecen tener la más mínima idea de cómo atender el asunto. Eso ha llevado a algunos a inventarse justificaciones baladíes como indicar que “los buenos se fueron del país y los malos se quedaron”. Es difícil decidir que es peor entre el idiota y la idiotez.

Con los terribles resultados de este gobierno en el área de seguridad, es evidente que ha fracasado su desacreditada visión de “mano dura”. El aumento de las penas carcelarias no representa un disuasivo a la conducta criminal pues el delincuente percibe la incapacidad del gobierno para atraparlo y procesarlo. Esa estadística también es elocuente: se ha desplomado el por ciento de arrestos y convicciones. No existe la Policía ni el Departamento de Justicia. Trágicamente, tampoco parece existir el gobierno federal que mira indiferente para otro lado mientras permite la entrada de armas y drogas al país. En resumen, la seguridad del boricua va en caída libre.

Por si no fuera suficiente la incapaz reacción del Gobierno al azote del Huracán María y el manejo de nuestra economía, el colapso del aparato de seguridad crea un fundamento adicional para la emigración de un desesperado puertorriqueño que busca con dolor en otras fronteras lo que este gobierno no puede producir. Un poco de malicia nos llevaría a concluir que ése es el plan, el único plan que hay. Parece que en lo único en que se fueron los buenos y se quedaron los malos fue en la gerencia del gobierno. ¡Son unos incapaces!

 


Luis Domenech Sepúlveda

La teoría colonial
“de buen gobierno” Desde el origen del Renacimiento europeo a mediados del siglo XV, la libertad humana ha sido, sin duda, uno de los imperativos categóricos más influyentes en el desarrollo intelectual, existencial y económico de las nuevas civilizaciones. Sin esa libertad no hubiera sido posible superar el oscurantismo, autoritarismo y la opresión desatada contra la raza humana por las autoridades eclesiásticas, monárquicas y civiles de la Edad Media. Sencillamente, la libertad humana es un atributo insoslayable cuyo origen emana por iniciativa propia de la razón, la ilustración y la moral social de las nuevas civilizaciones. De ahí surge precisamente el derecho inalienable de los pueblos a gobernarse a sí mismos en armonía con sus propias necesidades, intereses e idiosincrasia cultural. Pero en el mundo de la política no siempre dos más dos son cuatro. Ello es así particularmente cuando se trata de países como Puerto Rico donde las contradicciones coloniales no resisten análisis. Por un lado, mientras un sector del inmovilismo puertorriqueño reconoce el carácter indigno, infame y degradante de nuestra relación colonial con EEUU, otro sector de la misma colectividad insiste en la “teoría de buen gobierno” pero desde las entrañas del colonialismo. Éstos pretendes exonerar al colonialismo de toda responsabilidad de la debacle social, económica y política por la que atraviesa el País. Para ellos el problema de gobernabilidad reside en la mediocridad, impericia y la corrupción prevaleciente en Fortaleza, Capitolio y los Municipios. Es decir, los apologistas del ELA colonial sostienen que nuestro colapso económico, desempleo, pobreza extrema, emigración masiva, criminalidad, cierre de nuestro comercio y la fuga de capital nada tiene que ver con la falta de poderes políticos que emana del actual régimen colonial. ¡Increíble pero cierto!

Desde luego, estos incondicionales del régimen colonial están dispuestos a servir de alfombra para que el colonizador continúe su faena de explotación, mano de obra barata y el control absoluto de la riqueza producida en Puerto Rico. ¡Seguro que todos queremos funcionarios honrados, desprendidos y capacitados! Pero no es menos cierto que aún cuando podamos elegir los funcionarios más idóneos, el colonialismo representa la más abyecta e infame “camisa de fuerza” en contra de nuestros propios intereses sociológicos, económicos y existenciales. Los imperios nunca han permitido que sus colonias se desarrollen al nivel de sus propios estados o provincias. Por eso nos imponen sus leyes de cabotaje y sus políticas más opresivas para impedir nuestro derecho a insertarnos en los mercados internacionales. Todo ello para beneficio de sus monopolios usureros. Por supuesto, toda la riqueza producida por manos puertorriqueñas es depositada diariamente en los bancos estadounidenses controlados por los magnates de Wall Street. La imposición del colonialismo es repudiable pero querer seguir siendo colonia es realmente abominable.

 

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