Opinión Política

Peter Muller

50 años de Visión
El PNP celebró la semana pasada sus primeros 50 años de existencia, y yo estuve allí como testigo de lo que pasó en aquel entonces. Mi padre me montó en un Volky azulito claro que tenía, y yo agarré la banderita de tela con una palma y muchos cocos que había en su interior sin imaginarme que estaba comenzando una lucha a los 6 años de edad. Allí llegué con la energía que la cara de mi padre me contagiaba cada vez que pasaba alguien por nuestro lado con la misma bandera que tenía en mis manos. Entonces de lejos escuchaba la canción del momento, no era “Despacito”, ni tampoco “Felices los 4”. Era la gran melodía que cantaban 3 jovencitos que para ese entonces se convirtieron en los Menudos de nuestra época. La canción decía: “Yo tengo muy poquitos años, no puedo votar esta vez, pero mi mamita y papito, los 2 votarán por Ferré.” ¡Qué canción! ¡Qué linda melodía! ¡Qué emoción! Les confieso que cada vez que yo escuchaba la canción de campaña de la palma me entraba una musiquita por los pies que al día de hoy no he podido dejar de bailar. Sigo en el mismo sonsonete, y les juro que habré de llevarlo en mi corazón hasta que me toque partir hacia el lado postrero y contarle a mi padre y a Don Luis A. Ferré nuestras luchas para finalmente lograr la aspiración que ambos tenían para todos los puertorriqueños. Me sentí orgulloso de ver cómo la nueva generación de líderes comandada por el Dr. Ricardo Rosselló homenajearon aquellos líderes que comenzaron y forjaron el PNP en 1967. Nuestro partido siempre ha sido agradecido con la gente, nunca ha olvidado su historia y es una institución de puertas abiertas a la participación y la democracia.

Eso es lo fuerte y vigoroso de nuestra colectividad. Por eso somos actualmente la fuerza política más grande de Puerto Rico y vamos encaminados a lograr la igualdad social, política y económica para todos los ciudadanos americanos que viven y sueñan con una mejor calidad de vida para los suyos. Hoy estamos más unidos que nunca y reafirmamos el compromiso con nuestro pueblo y nuestros líderes. Todos juntos vamos a conseguir sacar a nuestra querida isla del colonialismo para lograr un “status” político digno, sin importar el que sea.


Charlie Hernández

DE REGRESO A CLASE
Esta semana recordé, a través de mi hijo Diego, la mezcla de hermosas sensaciones que vivía de niño con el comienzo de cada año escolar. De seguro pensaría las mismas cosas que yo pensaba a su edad. ¿Será difícil el sexto grado?, ¿cómo serán los maestros?, ¿me tocó en el mismo salón de mi mejor amigo?, ¿me habrá tocado la misma clase que a aquella niña que me parece tan simpática? Este año, sin embargo, la gran variable era la realidad de los padres y del país que nos absorbe.

Miles de niños llegaron a una escuela diferente, producto de la eliminación de cientos de planteles para “aumentar la eficiencia del sistema y dar mejores servicios”. Tal vez sintieron la esperanza de que fuera verdad la promesa con la que justificaron sus traslados. La realidad los golpeó duramente: nueva escuela, el mismo problema. Los niños llegaron a sus salones y de seguro notaron la ausencia de muchos estudiantes que hace unos meses les acompañaban.

Los extrañaron sin aún saber qué significa eso de la “emigración en tiempos de crisis”. Llegaron a su escuela, ahora pintada de azul penepé, pero con los mismos problemas de infraestructura de siempre, y uno que otro estudiante de seguro se preguntó. “¿de qué me sirve el nuevo colorcito si los baños no funcionan?” Los padres por su parte proclamaban “maldita sea la política, para eso sí que este gobierno tiene chavos”.

Antes de empezar la clase del día se percataron de la ausencia de misis Pérez o mister Ramírez. Nadie les explicó que probablemente eran víctimas de la “merma en la necesidad de servicios de maestros” (que es la forma como la Secretaria de Educación disfraza la palabra despido). Tampoco les explicaron que tal vez sus queridos maestros emigraron huyendo de este gobierno y su Plan Fiscal o los empujaron fuera del sistema aplicándoles la ley de empleador único.

Mientras, como si fuera una obra surrealista de Dalí, un gobierno mendaz y enajenado nos trata de vender una realidad distinta a la que vemos con nuestros ojos. En síntesis, la Secretaria Keleher aún no ha logrado justificar su generoso sueldo de $250,000 teniendo menos escuelas, menos maestros, menos estudiantes y las mismas deficiencias. El consenso es claro: las cosas no están bien, se pondrán peor y estamos en manos de una partida de incapaces sin voluntad para decirnos la verdad, hacer el trabajo requerido y dar las luchas que se necesitan librar. ¡Despierta Boricua!


Luis Domenech Sepúlveda

No a las alianzas coloniales
Como fiel creyente en la independencia de Puerto Rico, reconocemos y valorizamos la importancia de las alianzas tal y como ocurren en la mayoría de los países libres y soberanos. Se trata sencillamente de instrumentos estratégicos para resolver situaciones de interés colectivo con el apoyo y consentimiento de diversos movimientos ideológicos. Sin embargo, en un país como el nuestro, vilmente colonizado y subyugado por más de cinco siglos, constituye realmente una infamia antipatriótica apelar a las alianzas o coaliciones, no para descolonizar a nuestro país y conducirlo por la ruta de la dignidad y el decoro político, sino para ganar escaños políticos y, peor aún, para perpetuar la vergonzosa condición colonial en que nos ha tocado vivir desde 1898. Todo ello para beneficio absoluto del implacable colonizador. De nada valen las alianzas cuando las mismas pretenden ignorar el grado de sumisión y servilismo político al que hemos sido sometidos desde las postrimerías del siglo VX. Ningún país que se respete a sí mismo jamás utilizaría las alianzas o coaliciones para rechazar y sepultar su propia soberanía y mucho menos para entregar su alma, espíritu e identidad nacional ante los intereses del imperialismo internacional. Semejante ignominia equivale al suicidio colectivo.

Resulta realmente decepcionante y contradictorio que “soberanistas” como la Alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, continúe impulsando las alianzas soberanistas cuando ella misma admite que la “ciudadanía estadounidense” constituye la punta de lanza de toda aspiración relacionada al futuro de Puerto Rico. Es decir, ella aspira convertir a Puerto Rico en un país soberano pero con la “ciudadanía americana” como el factor más importante de nuestras vidas. Esa es una postura inequívocamente anexionista. Resulta imposible descolonizar a un pueblo mientras carga en su frente el carimbo de la ciudadanía estadounidense. Ello le permitiría a Estados Unidos intervenir en nuestros asuntos soberanos al tratarse de un país constituido por ciudadanos estadounidenses.

Aunque resulte existencialmente doloroso, el verdadero proceso de descolonización de los puertorriqueños tiene que darse desde nuestra propia ciudadanía y pasaporte puertorriqueño. De ese doloroso parto surgirán y florecerán los poderes y prerrogativas inherentes a los países libres y soberanos reconocidos por el derecho internacional. Lo contrario equivale a una esclavitud colonial con cadena larga. Defender la subordinación política mientras se rechaza nuestra propia emancipación mediante la plenitud de poderes políticos, económicos y jurídicos es realmente un acto de colonialismo, sumisión y servilismo político. Ninguna alianza colonial es capaz de superar los poderes inherentes a los pueblos independientes.

Ese salvoconducto nos permitirá insertarnos en la corriente económica del mundo globalizado. El que a estas alturas de nuestra historia no entienda que la raíz de nuestro problema radica en la falta de poderes políticos no ha vivido en Puerto Rico o, sencillamente, desconoce nuestra realidad histórica. Basta ya de lanzar anzuelos con el único objetivo de ganar escaños políticos mientras somos gobernados por otro país.

Naturalmente, el inmovilismo no tiene otras alternativas que no sean las alianzas coloniales ante su dramática pérdida de electores y su falta de proyecto descolonizador.

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