Nuestros ancianos: las polizas del terror

Por Luis A. Pagán, MA, experto en Seguridad

El arresto de varias personas vinculadas a un fraude para cobrar pólizas de seguros de vida, de los cuales la mayoría eran personas envejecientes que estaban ingresados en un hogar de cuido -al Igual que lo ocurrido la pasada semana cuando la Policía arrestó a un individuo dedicado a fabricar falsas identificaciones mediante robo de identidad- pone de manifiesto la gran vulnerabilidad de nuestros viejos. En el caso de los seguros, el esquema estaba muy bien organizado. Estos son organizaciones que planifican detalladamente cómo se llevará a cabo la operación criminal. Se asignan responsabilidades. En este caso, unos robaban la identidad, otros controlaban las direcciones para recibir los pagos y otros falsificaban las firmas. Lo más preocupante de esta situación, es que no se puede descartar que estos esquemas se estén repitiendo en igual o diversas maneras de fraude. Nuestros viejos están a la merced de inescrupulosos que se disfrazan de personas honestas para cometer estos repudiables crímenes. El deterioro social de nuestro país ha llegado a niveles insospechables en el trato a nuestros viejos. Ya no es asunto de perfiles definidos, en este caso la mayoría de los involucrados maltratantes, son personas que ante la sociedad, pudieran parecer ciudadanos de buena reputación moral.
La decisión que se tome respecto al cuidado de nuestros padres o familiares debe ser analizada y evaluada, no solo desde la perspectiva económica, sino también desde la parte de su seguridad física y mental. Igualmente, en el caso de los que todavía están aptos de valerse por sí mismos, es nuestra responsabilidad mantener un monitoreo adecuado de ellos. Los envejecientes en ocasiones pierden cierto grado de malicia y se comportan como niños. Ese factor es importante tenerlo en consideración, ya que es ahí cuando aumenta su vulnerabilidad y pueden ser víctimas de crimen y abusos físicos y psicológicos. El ajetreo diario que demanda nuestra vida en ocasiones, injustamente, nos hace descuidar la atención de nuestros padres y familiares de la tercera edad.
A continuación, algunas recomendaciones que puedan ayudar a maximizar la seguridad de estos importantes miembros de nuestra sociedad.

Si sus padres o familiares envejecientes aún viven en su casa:

  1. Mantenga una comunicación frecuente con sus padres ya sea personal o por teléfono.
  2. Si contrata a un cuidador para que lo atienda en su casa, investíguelo y establezca reglas.
  3. Si contrata a alguien para hacer un trabajo en la casa verifique referencias y esté pendiente. 4. Oriéntelos a no dar información personal a nadie, sin antes consultarle.
  4. Explíqueles que no deben contestar llamadas de números de teléfonos desconocidos. (Esto evita llamadas de extorsión).
  5. Establézcales que no es prudente hablar asuntos de su status económico con personas que acaba de conocer.
  6. Si usted reside lejos, tenga algún contacto de confianza que le pueda asistir en caso de una emergencia.
  7. Oriéntelos a ser cuidadosos y evitar el uso de tarjetas de crédito.
  8. Si usan redes sociales, oriéntelos a no dar información personal a nadie, aun cuando le digan que se han ganado un premio.
  9. Oriéntelos a no manejar grandes cantidades de dinero en efectivo en lugares públicos.

Si sus padres o familiares envejecientes están en un centro de cuido:

  1. Antes de internarlos, investigue las referencias del centro.
  2. Verifique las condiciones de limpieza, planes de seguridad y desalojo.
  3. Verifique si tienen sistemas de seguridad (cámaras, alarmas, extintores, detectores de fuego, etc.)
  4. Verifique las credenciales de los empleados.
  5. Mantenga usted el control de los documentos de sus padres, tales como identificaciones, Seguro Social, tarjetas de crédito y otros.
  6. Controle el dinero en efectivo.
  7. Visítelos con frecuencia, aunque sea brevemente, para observar sus condiciones físicas.
  8. Corrobore las restricciones del lugar en cuanto a comunicaciones de parte de su familiar con usted.
  9. Si detecta un abuso o irregularidad y decide remover a su familiar de dicho lugar, aun así, es su deber denúncialo a las autoridades.

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