Los viejos cines de Puerto Rico

Las sociedades cambian, los estilos de vida varían y las prácticas sociales evolucionan. Al pasar el tiempo, los hábitos son sustituidos y cambian los gustos de la gente.
Con ello, también cambian los entornos urbanos. Los espacios que antes eran frecuentados con asiduidad, poco a poco van dejando paso a nuevos lugares: las plazas y bulevares dieron paso al centro comercial y a los “shopping centers”.
En ese cambio constante en el paisaje urbano de Puerto Rico, los cines no han sido la excepción. Desde sus orígenes, las salas de proyección cinematográfica -como antes los teatros- fueron espacios de disfrute colectivo, dinamizadores de la vida social, y lugares en los que surgían amores, llegaban noticias o se introducían modas foráneas.
Pero, como en `Cinema Paradiso´, película ganadora de un Oscar en 1989, el viejo cine del pueblo cuenta los días antes de ser demolido para reconvertirse en un estacionamiento.
Los antiguos cines ya no existen, aunque en muchos casos sus estructuras aún son testigo del paso del tiempo, abandonadas algunas, convertidas en nuevos negocios otras, o remodeladas y remozadas las menos.
De narrar toda esa historia se encarga José Hernández Mayoral en su último libro, titulado “Los viejos cines de Puerto Rico”, obra editada por la Fundación Rafael Hernández Colón que en poco tiempo ha alcanzado la cifra de 1,800 copias vendidas, un récord en la industria editorial del país.
Este “best-seller”, que va por su primera reimpresión, cuenta la historia de los cines desde la primera exhibición en 1897, hasta su declive en los años ochenta y noventa. En total, 400 cines recopilados con datos arquitectónicos, estrenos y proyecciones, anécdotas, etc.
Abundantemente ilustrado con cientos de fotografías, boletos y anuncios de películas, sus 417 páginas transportan al lector por las distintas épocas del cine en Puerto Rico.


El patrimonio arquitectónico dedicado al séptimo arte, se desglosa en ocho capítulos y un epílogo que sirven de retrospectiva para aprender sobre la historia del cine del país, del urbanismo y de los cambios políticos en la isla.
El libro narra el recorrido de los exhibidores desde que el cine comenzó en París en diciembre de 1895, su llegada a Puerto Rico el 9 de mayo de 1897, la aparición de los primeros edificios de cine en 1909, el paso del mudo al sonoro, o el fin de los cines urbanos con la llegada en 1963 del primer cine en un centro comercial, la crisis con el VHS y el renacer de cines municipales, los cuales enfrentan el modelo de multisala.

Un libro fruto del amor por el cine
Su autor, el licenciado Hernández Mayoral, dedicó 9 años a la preparación del libro. Un trabajo de estas características no puede nacer sino de un amor profundo al cine y al patrimonio del país.
Los recuerdos de Hernández Mayoral se remontan al Ponce de su infancia, como el joven Salvatore de ´Cinema Paradiso´, en largas sesiones de cine de matiné.
“Mi cine fue el Rivoli, de la calle Sol, a cuatro cuadras de mi casa. Iba con mi hermano mayor todas las semanas -costaba 25 centavos-, y nos poníamos en el mezzanine. Mi mayor recuerdo es ver las películas de Cantinflas”.
Investigar toda la Historia del cine y sus edificios en Puerto Rico permite que el autor tenga un panorama general y extenso, pero no impide preferencias a la hora de elegir algún momento concreto.
“Yo me he hecho esa pregunta mucho. Cada capítulo genera su propio interés. Incluso el primero, cuando todavía no hay cines, solo carpas y tinglados temporeros. Es interesante ver cómo evoluciona el país, aunque me quedo con los años 30”.
Debido al corte enciclopédico del libro, lo que en un principio empezó como una investigación sobre los edificios fue ampliándose hasta tener un registro de todos los contextos socioculturales.
“Yo quería inicialmente catalogar las estructuras que todavía están en pie. Pero me di cuenta que eso requería ubicarlo con lo que sucedía en la industria del cine en los momentos en que surgían esas estructuras”.
En esa labor de investigación minuciosa en archivos, bibliotecas y colecciones, Hernández Mayoral se encontró con el problema del acceso a muchas fuentes primarias.
“Puerto Rico debe digitalizarse para facilitar la investigación. Hubiera tomado una cuarta parte del tiempo si las colecciones estuvieran digitalizadas. Te ahorras miles de horas”.
Su labor investigadora terminó gracias a la pandemia y a la cuarentena, porque ,como confiesa, “sientes que estás montando un rompecabezas y te sientes obsesionado por encontrar todas las piezas. Con la pandemia no pude investigar más, y lo declaré terminado”.
En la obra de Hernández Mayoral los cines del oeste de Puerto Rico cobran gran relevancia.
“Especialmente en Mayagüez hubo muchísimos. El Yagüez, el Riera, el Balboa o el Carmen, detrás de Franco. Aguadilla tiene el Star y el Sol, que sigue con su fachada. En el Teatro Sol de San Germán se encontraron en la cabina de proyección, almacenados, todos los carteles por fechas. Ahora están en la Inter de San Germán, y debe ser la colección de carteles de cine más grande en Puerto Rico. Poca gente lo sabe”.
El libro se puede conseguir en librerías, en la web viejoscinespr.com o escribiendo a info@rafaelhernandezcolon.com

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