Las plazas del mercado estructuras dinámicas como el tiempo

Por Gladys Guerra Arcelay

Bien podría decirse que las plazas del mercado fueron los primeros centros comerciales que se establecieron en el país. Aunque no se había establecido una economía capitalista y de consumo formal como la que tenemos hoy, lo cierto es que en el centro se intercambiaban productos por dinero, que comenzarían el ciclo repetitivo que conocemos hoy. Tal vez, la diferencia y lo que sigue haciéndolas atractivas es la cercanía que el consumidor tiene con el productor de la fruta, vianda o carne que va a comprar en el este centro icónico de nuestra cultura.

En el área suroeste de la Isla dos de las plazas del mercado más antiguas son las de los municipios de Mayagüez, Añasco y la de Cabo Rojo. La historia de la primera es muy interesante ya que el fenecido historiador Federico Cedó el edificio que ocuparía este centro económico se construyó en el 1876. Sin embargo, ya había en la Sultana del Oeste este tipo de actividad, pues desde 1760 los campesinos bajaban hasta la Plaza Colón de Mayagüez para vender sus cosechas y animales. El edificio se construyó porque las transacciones se daban muy cerca de la Catedral e interrumpía las actividades de la Iglesia. Este edificio llego a se el mejor construido en estructura y estética, según Cedó, incluso de todo el Caribe. Tanto así que sobrevivió el terremoto de 1918. Pero fue destruido y en 1960 se construyó la estructura actual que consta de dos pisos. En el primero están los conocidos placeros que venden verduras, viandas, frutas, carnes, pescado, frituras, lotería y mucho más. En el segundo piso se encuentran oficinas del gobierno municipal, privadas y otros servicios. Por lo que la plaza del mercado trasciende la función principal de solo vender comestibles a las personas que todavía prefieren recibir alimentos directo de el proveedor local.

En el caso de la plaza del mercado de Cabo Rojo, explicó Carmen Márquez, su administradora actual que ello han decidido mantener la esencia de lo que es la Plaza del mercado tradicional, pero atraer a las nuevas generaciones y a las personas que compran normalmente en los supermercados ofreciéndoles alternativas en las que pueden hacer de todo un poco. Es decir, mientras hacen sus compras de alimentos pueden luego sentarse a disfrutar un buen café y socializar con las personas que frecuentan el lugar o con  se sientan como que tienen que hacerlo todo de prisa.

Esta plaza, que cumple pronto los 100 años, ha sufrido solo dos grandes remodelaciones: una en 1940 y otra en el 2003, dijo Márquez. Esta última remodelación es la que le ha dado una apariencia más moderna y acogedora para las personas que, aunque no dejen de ir a los supermercados,  también frecuentan la plaza para encontrar frutas y otros productos que el supermercado no tendría tan frescos como la Plaza.
Una gran sorpresa que pueden encontrar los auspiciadores de este local es que cuenta con los tradicionales placeros, los vendedores de lotería, pero también pueden encontrar otros servicios no tradicionales como sastrería, una botánica y hasta una barbería.

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