La vacuna contra el COVID-19 no es para todos

Muchos esperan que la vacuna contra el coronavirus sea como un oasis en pleno desierto y que la misma sea la gran solución a la pandemia por el COVID-19. Sin embargo, una vacuna contra este virus está lejos de convertirse en la solución ideal. Hay muchas personas que tienen más de una razón de peso para no querer recibir la prometida inmunidad. Factores como la edad, el peso, las condiciones respiratorias, el haber sido positivo de COVID-19 y hasta las teorías conspirativas hacen que la vacuna contra este virus no sea la solución para todos.
Algunos han dado paso a teorías globales que prácticamente afirman casi con carácter científico, que la vacuna contra el COVID-19 es más bien el gran enemigo a evadir pues ésta contiene un diminuto chip concebido para controlar a la población. La teoría de que las grandes farmacéuticas planificaron todo desde un comienzo para conseguir grandes beneficios con la vacuna y los posibles medicamentos está también en el área de las hipótesis y conspiraciones globales. Otra de las teorías conspirativas tiene al multimillonario Bill Gates como protagonista, pues lo señalan como uno de los desarrolladores del virus para controlar la población. Gates también es vinculado por algunas fuentes como uno de los que estaría controlando algunas de las vacunas en desarrollo para seguir manipulando el virus. Aunque el reconocido fundador de Microsoft ha negado tales afirmaciones, lo cierto es que hay miles de personas en el mundo que han aprovechado estas y otras teorías para vender una mala imagen de la vacuna del COVID-19 y negarse rotundamente a ponerse el antídoto.
Además de las teorías y mitos acerca de la vacuna, la edad puede ser un factor determinante para que muchos hayan decidido a no recibir la vacuna contra el coronavirus, una vez que ésta se distribuya. Muchas personas de la tercera edad han visto cómo la mayoría de las víctimas fatales de la pandemia han sido personas de más de 60 años. Debido a la edad, muchos llegan a tener defensas bajas y esto los ha vuelto más susceptibles de contraer gravemente la enfermedad. Ante este panorama, muchos puertorriqueños de la “edad dorada” lo están pensando dos y tres veces para recibir la vacuna. Aunque cada caso es diferente y no se espera que la vacuna contra el COVID-19 sea ni mucho menos obligatoria, el miedo al contagio del virus con el mismo antídoto también está latente.
Por otra parte, algunas condiciones de salud como la diabetes y la tensión alta entre otros factores, podrían supeditar a que las personas no sean candidatas a recibir la vacuna contra el COVID-19. Algunos estudios indican que aquellos que hayan portado el virus no podrían recibir la vacuna, aunque en cuanto a esto todavía no hay nada confirmado. Encontrar otros métodos para acabar con la pandemia, así como desarrollar planes para educar a la población acerca de los mitos de la vacuna contra el virus, es algo que los gobiernos y el sector privado deberán poner en marcha para vencer el virus.

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