La memoria del antifascismo puertorriqueño en el oeste del país

Hermanos Carbonell, Brigadas Internacionales

En julio de este año se cumplirán 85 años del comienzo de uno de los conflictos bélicos más importantes del siglo XX, antesala de la II Guerra Mundial: la Guerra Civil española.
Esta contienda fratricida, que transcurrió entre los años 1936 y 1939, enfrentó al bando fascista sublevado contra el gobierno de la República, constituido en 1931, y sus simpatizantes, agrupados bajo el Frente Popular y que aglutinaba a socialistas, anarquistas, comunistas o liberales moderados.
El suceso, aunque lejos de Puerto Rico, tuvo un impacto muy notable en la vida social y política del país, generando posiciones a favor de uno y otro bando, e incluso la participación directa de puertorriqueños en la guerra.
Así, elementos de la alta burguesía boricua, como los Serrallés de Ponce o los Fonalleda, y personalidades individuales como el músico Arturo Somohano o el periodista Romualdo Real, dueño del diario El Mundo, fueron activos auspiciadores del bando fascista.
En ciudades como Ponce o Mayagüez llegó incluso a haber delegaciones del movimiento fascista español, la Falange, y la Iglesia católica, cuya jerarquía fue clave en el apoyo al fascismo, celebró misas en honor de los alzados, quienes definían su levantamiento como una Cruzada por Dios y por España.
Por su parte, las fuerzas republicanas que aspiraban a mantener el orden democrático del país sureuropeo, fueron apoyadas desde Puerto Rico por sectores progresistas como el Partido Comunista o miembros del independentismo y del nacionalismo, que veían en la lucha contra el fascismo un reflejo de la lucha anticolonial que se libraba en la isla contra el gobierno militar de Blanton Winship.
Entre ese grupo de aliados puertorriqueños con la causa antifascista europea, muchos fueron combatientes en las llamadas Brigadas Internacionales, un cuerpo de milicianos voluntarios llegados de todas partes del mundo con el fin de ayudar a los españoles en el campo de batalla y en la retaguardia para derrotar a los golpistas. Algunos de ellos eran jóvenes boricuas a quienes, por motivos de estudios, la guerra los sorprendió en España. Otros, por su parte, eran firmes enemigos de las ideologías reaccionarias, y decidieron cruzar el Atlántico para luchar contra Franco, Hitler y Mussolini.
En esta gesta de jóvenes idealistas que decidieron entregar su vida -algunos pagando con la muerte- a una causa noble como el antifascismo, el oeste de Puerto Rico tiene gran relevancia.
Muchos de los combatientes que defendieron la República española, más de 50 en total, eran hijos de pueblos como Cabo Rojo, Mayagüez, San Sebastián, Isabela, Aguadilla o Yauco.
Tras Ponce y San Juan, Cabo Rojo fue el pueblo que más milicianos ofreció a la causa. Entre ellos podemos destacar a los hermanos Carbonell -Jorge, Pablo y Víctor-, a Manuel Cofresí y a Julio Hernán López Cintrón.
De Mayagüez eran Rafael González y Víctor Yepes, Pedro Hernández de Isabela, Antonio González de Aguadilla y Miguel Ángel Estella de San Sebastián. Estos soldados voluntarios se agrupaban en los diferentes batallones de las Brigadas Internacionales por origen nacional.
Algunos puertorriqueños fueron parte de la Brigada Lincoln, conformada por ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, otros boricuas, por motivos ideológicos, prefirieron ser parte del Batallón Mackenzie-Papineau, conocido como los Mac-Paps, constituido por milicianos canadienses.
Algunos, como el caborrojeño Jorge Carbonell, llegaron incluso a ser dirigentes de sus columnas. Carbonell, afiliado al Partido Comunista y estudiante de Medicina, fue jefe de la Compañía 4 y capitán de ametralladoras en el batallón Mac-Pap, hasta su muerte en combate en la batalla del río Ebro.
Su hermano Pablo también murió en combate, en el pueblo de Teruel, mientras que Víctor pudo regresar a Puerto Rico en 1938, tras estar herido y hospitalizado en Barcelona. A su regreso a Cabo Rojo fue chofer de carro públicos, emigró posteriormente a Nueva York y retornó a Puerto Rico, falleciendo en Guánica en 1998.
En palabras del escritor puertorriqueño José Luis González, los hermanos Carbonell de Cabo Rojo son “uno de los ejemplos más gloriosos de internacionalismo proletario en la historia de nuestro país”. También Jorge Carbonell fue inmortalizado y elogiado en forma de poema por Juan Antonio Corretjer -”¡Oh, gloria conocerte y aprenderte; tú, primer comunista borincano; Capitán más temible que la muerte!”.
En el 2018, gracias a la labor de rescate histórico de Margarita Asencio, José Alejandro Ortiz-Carrión y Teresa Torres, miembros de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales y autores de libros sobre el tema, Jorge Carbonell y sus hermanos fueron honrados con un monumento en Cabo Rojo que recuerda su gesta, a pesar de que su historia es apenas conocida.

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