Inversión Cultural cumple 13 años de apoyo al sector artístico y creativo del país

Con el fin de desarrollar y fortalecer uno de los principales activos de Puerto Rico, su talento cultural y creativo, hace 13 años el profesor Javier Hernández fundó la organización Inversión Cultural.
Aunque no es un aniversario redondo, el impacto y logros de esta empresa social que funciona como asesoría, foro educativo y aceleradora de empresas del sector cultural, han hecho que hayan querido celebrarlo en un contexto de pandemia que ha golpeado tan fuerte al sector cultural.
Por eso, desde Inversión Cultural han redoblado esfuerzos para seguir formando a artistas y emprendedores culturales a través de su programa educativo, Nido Cultural, y han continuado publicando informes sobre el sector a través del proyecto LabCultural, que busca ofrecer data actualizada del sector.
Para conocer más sobre esta organización y auscultar la salud del sector cultural, Periódico Visión conversó con el profesor Hernández, director del proyecto y experto en Administración de Empresas.

Inversión Cultural afronta su 13 aniversario en un contexto de enormes retos. ¿Cuál es la evaluación que hacen del desarrollo de la organización?

Siempre nos hemos visualizado como un jugador estratégico del ecosistema cultural. Yo diría que hay tres etapas importantes: la primera, una etapa para dar a conocer la importancia de la cultura en la economía, hacer entender que la cultura es importante en el desarrollo del país; en la segunda etapa nos dimos cuenta que teníamos que ayudar a formar: tuvimos incubación de proyectos, talleres de capacitación, etc.; en la tercera etapa estamos diversificando, empezamos a ayudar a municipios, a fundaciones, etc. Es la etapa más bonita, donde todos los sueños que teníamos se convirtieron en proyectos estratégicos.
Es momento de celebrar. Es un número irregular, pero nunca habíamos celebrado un aniversario con el volumen de trabajo que tenemos hoy. Esto es un mensaje de que estamos haciendo algo bien, y que servimos de ayuda. Son decenas de organizaciones que hemos impactado, y aunque el crédito siempre es de los emprendedores, nosotros ponemos nuestro granito de arena.

A través del LabCultural han recogido información de impacto económico, consumo cultural y empleabilidad del sector. ¿Qué nos dicen los datos en el contexto actual?

Ha habido una contracción del trabajo cultural, incluso antes de la pandemia. Hay actividades en las que aunque aumentó el consumo, disminuyó el gasto del usuario. Eso es un reto de sostenibilidad: si la gente asiste pero no paga, no se sostiene el sector. Eso nos apunta a unos retos de modelo de negocio, y poner en contexto a dónde nos lleva lo digital.
Hay sectores con mayor disposición a cobrar por sus servicios virtuales, por ejemplo los conciertos o los videojuegos, versus las artes escénicas, artes visuales, etc., que van a tener dificultades para monetizar. Necesitamos que cada sector analice sus datos y tome decisiones estratégicas.

¿Cuál es la importancia de recoger datos para analizar el sector cultural?

Una de las razones es porque EE.UU. no nos incluye en sus informes. Parte del esfuerzo es que el National Endowment for the Arts (NEA) nos haga presentes y se encarguen de incluirnos en sus datos. Es un tema de justicia demostrarle a la NEA que tiene que visibilizarnos. Esto le pone presión a ellos, porque les cuesta dar datos de un territorio al lado de los Estados, es un issue colonial y eso no lo despinta nadie.En Naciones Unidas les reclamaba incluir a Puerto Rico en los informes, pero me decían que no podían, porque no es un país. Estamos invisibilizados por la ONU por no ser un país y por EEUU por ser un territorio.

Ante ese aislamiento internacional, ¿qué rol debe jugar el Estado en Puerto Rico para apoyar las artes y las industrias creativas?

Yo creo que el Estado tiene que tener una intervención en la cultura. El Estado es un arquitecto, ayuda a diseñar y garantiza equidad. Requiere poner dinero, recursos y regulaciones para garantizar unos balances. No hay emprendimiento que vaya por encima del rol del Estado. Hay áreas fuera del mercado como el patrimonio, expresiones folklóricas o la música clásica, que por su naturaleza de producción no pueden ser mantenidas por el mercado.

Defiendes en tus libros ‘La ruta emprendedora’ y ‘Emprendimiento creativo’ que hay que profesionalizar al sector.

Nos hemos ido moviendo en la dirección correcta, hay más conciencia en las instituciones universitarias de que la formación del artista tiene que ser integral, que no solo hay que promover el talento, sino cómo se va a poner ese talento al servicio de la sociedad.
Eso es emprendimiento, es autogestión. Hay que darle herramientas a los profesionales de la cultura para que puedan practicarlo, si no no estamos siendo responsables.

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