Impacto en la salud emocional de los niños luego del terremoto

Una de las poblaciones más afectadas luego de la secuencia sísmica que ha experimentado Puerto Rico, son los menores. Los niños, sobre todo en la zona sur de la isla, han perdido el curso normal de sus vidas sin tener muy claro los motivos; cambios radicales como la pérdida de su casa e incluso la vivencia de tener que abandonar su lugar de crianza y ambiente conocido. Es importante conocer la ansiedad por la que están atravesando los niños y cómo manejarla, de cara al comienzo de clases. Thaiz Rivera, psicóloga explicó cómo se desarrolla esta realidad en los niños y cuáles son las alternativas dentro del plantel escolar. Es fundamental entender cómo se manifiestan los síntomas en los menores para poder ayudarlos.
Los terremotos son desastres naturales que pueden crear vivencias traumáticas en las personas afectadas, especialmente en los niños y adolescentes. Los terremotos generan síntomas emocionales asociados a: miedo, temor a morir, incertidumbre, intranquilidad, angustia, tristeza, desesperación y ansiedad. Estos síntomas se deben a la amenaza directa sobre la seguridad física y emocional que sufren las personas que lo vivieron.
La ansiedad es una respuesta normal al estrés, pero cuando se dificulta controlarla puede afectar e interferir en la vida cotidiana de una persona. El miedo es una emoción útil que nos aleja del peligro; pero cuando el miedo se prolonga por días, semanas e incluso meses; puede detener o paralizar la capacidad de una persona para responder a los deberes del diario vivir.
Rivera planteó: “en los niños y adolescentes, la ansiedad se manifiesta como una preocupación excesiva, un miedo exagerado o una inquietud extrema que altera la capacidad del niño para: comer, dormir, jugar y animarse. Un padre o un maestro puede detectar signos de que un niño o un adolescente está ansioso. Por ejemplo, un niño se puede aferrar a sus padres a la hora de ir a la escuela, llorar y acabar perdiendo clases. Puede actuar como si estuviera asustado o muy alterado, o negarse a hablar o a hacer cosas. Los niños y los adolescentes con ansiedad también pueden tener síntomas que los demás no pueden ver”.
Añadió que, “la ansiedad también puede afectar a su cuerpo. Se pueden sentir inestables, inquietos, distraídos, agitados o faltarles la respiración. Pueden notar mariposas (o nervios) en el estómago, tener la cara caliente, las manos húmedas y pegajosas, la boca seca y el corazón acelerado. El regreso a clases es una realidad que aún esta población de niños y adolescentes tiene como reto para poder completar el requisito de la educación que la ley exige para todos los menores de edad en Puerto Rico.
El regreso a clases traerá consigo nuevas necesidades que atender; donde los padres y maestros deberán comprometerse para promover la salud emocional de los niños y adolescentes”.
Algunas recomendaciones básicas para ayudar en el manejo de la ansiedad en el regreso a clases son: tenga paciencia y dedique tiempo a escuchar las preocupaciones o inquietudes que se presentan. Invite o anime al niño a hablar o expresarse (puede ser por dibujos, cartas, cuentos, otras fortalezas o intereses).
“Los padres o maestros son las figuras de autoridad, pero también las figuras de seguridad que los niños observan y modelan. Intente ser un ejemplo o modelo de calma y seguridad. Ofrezca espacio para hablar sobre el tema de: terremotos, réplicas, fallas, simulacros y planes de seguridad. Eduque con naturalidad sobre el tema. Intente utilizar las frases o palabras que los niños mismos expresan o usan”, rivera continuó diciendo, “mantenga rutinas, horarios, estructuras que ofrezcan orden y organización en las actividades escolares.
Limite el acceso a: noticias, redes sociales, aplicaciones, comentarios exagerados, especulaciones, mitos o ideas erróneas sobre el tema de terremotos. Esta información puede confundir o generar inquietud innecesaria en los niños. Incluya dinámicas de grupo para: juego, reflexión, cantar, dibujar o expresión libre que fortalezca las destrezas de socialización”.
“Promueva actividades de cooperativismo, solidaridad, voluntariado, sentido de comunidad, donde los niños puedan ayudar y sentirse útiles. Promueva una actitud o visión optimista de la situación. Utilice un trato amable, empático y solidario que genere espacios de confianza, comodidad y aceptación. Por ejemplo, evite las confrontaciones, los gritos, tono de voz alto, el castigo o la disciplina autoritaria que aumenta los niveles de miedo en los niños”, concluyó Thaiz Rivera.

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