Gimnasios piden “más peso” en la sociedad

Conocidos por ser centros de entrenamiento para ganar o fortalecer los músculos y tener un sistema cardiovascular en óptimas condiciones, los gimnasios ahora necesitan de la ayuda de las autoridades para no desaparecer en medio de la batalla contra el coronavirus. Tras recibir en un momento la autorización para abrir sus espacios con las medidas de distanciamiento social e higiene recomendadas, los gimnasios recibieron con sorpresa y tristeza el anuncio de que no podrían volver a operar debido al incremento de casos positivos en la isla. Esta situación ha mantenido a los gimnasios cerrados, sumiendo en la incertidumbre a muchos de los dueños de estos lugares que ya habían invertido cuantiosas sumas de dinero en la remodelación y adecuación de estos espacios para lograr garantizar la distancia entre máquinas y proveer elementos para la higiene. El gimnasio Exygon Health & Fitness Club de Mayagüez cerró sus puertas al igual que todos los otros gimnasios de la región, en cumplimiento de la orden ejecutiva que estableció el cierre de los gimnasios mientras la situación por el COVID-19 así lo amerite. El decreto, que estuvo vigente hasta el 22 de agosto, estará por lo menos activo hasta el 11 de septiembre, un día con muy malos recuerdos para el mundo, pero con la esperanza de que los casos por el COVID-19 disminuyan y muchos sectores, como los gimnasios puedan volver a abrir sus puertas.
Muchos dueños de gimnasios aseguran que la decisión de prohibir la apertura de estos centros de entrenamiento con al menos 25% de la capacidad les causa grandes pérdidas. Varios alegan que el verdadero foco de contagio no se encuentra en los lugares como los gimnasios sino en los negocios de venta al detal que permiten aglomeraciones de personas a las afueras de sus establecimientos. Con este sentir se ha manifestado José Barceló, dueño del gimnasio “New Age Fitness Club” en Mayagüez quien lleva gestionando el gimnasio desde hace 16 años. En este período ha luchado contra todos los obstáculos posibles: huelgas estudiantiles, terremotos, tormentas, huracanes y ahora la pandemia por el coronavirus. En tiempos buenos, este gimnasio de la Sultana del Oeste recibía unas 90 personas diarias. Sin embargo, en los últimos días que este centro pudo volver a operar bajo el aval de la orden ejecutiva, recibió solamente un promedio de 13 personas por día.
Barceló destacó, que hizo algunas remodelaciones en el gimnasio para cumplir con las medidas de distanciamiento social: tumbó una pared, separó los equipos y limitó a 7 personas por hora el uso de las instalaciones. “Es imposible operar con un 25% de capacidad cuando tienes gastos al 100% de los servicios” asegura este dueño, quien resalta que la declaración de la gobernadora de catalogar a los gimnasios como “foco de infección” fue algo que asustó a mucha gente. A su juicio, el mensaje que deberían dar las autoridades antes de prohibir la apertura comercial de determinado lugar, es resaltar que las personas deben protegerse y no catalogar sin mayores pruebas a un lugar como foco de contagio. Barceló aseveró que los gimnasios son una excelente opción para cuidar la salud física y mental en estos tiempos. Para resaltar la injusticia del cierre de estos establecimientos, el grupo “Gimnasios Unidos por Puerto Rico” presentó en días recientes una demanda contra la orden del gobierno de no usar los gimnasios alegando que no hay evidencia científica que determine que estos lugares sean un foco de contagio, como lo expresó la gobernadora. La organización resaltó que esta determinación priva a los dueños de gimnasios de su sustento y del uso de su propiedad. La orden que volvió a poner a los gimnasios bajo llave se dio luego que estos centros invirtieran grandes cantidades en la remodelación y adecuación de sus espacios. Según estudios, la industria de los gimnasios aporta unos 70 millones de dólares al año a la economía de la isla.
En las redes sociales, muchas personas se han mostrado descontentas por el cierre de los gimnasios. Tal es el caso de la ciudadana Ivette Estévez, pues para ella estos centros se han convertido en una necesidad para la salud física, mental y para la economía de la isla. “Es una lástima que el gobierno abra otras áreas en la economía y no permita la apertura de los gimnasios que ayudan a mejorar nuestra calidad de vida. Siempre que se cuenten con las medidas de salubridad requeridas se les debería permitir la apertura”, asegura Estévez. Los gimnasios en el oeste y el resto de la isla lucen tan cerrados, que el recuerdo de lo que en otros tiempos fue un centro de entrenamiento activo y con muchas personas buscando una mejor condición física ahora es un vago recuerdo que se vislumbra en sus afiches y fachadas. El camino por controlar el avance del COVID-19 en la isla ha sido todo un “viacrucis” para los gimnasios los cuales luchan por tener “más peso” en la vida cotidiana de los boricuas y poder brindar un servicio con garantías de salud física y mental.

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