Familias de Yauco narran sus experiencias

casa de Mariam Colón Negrón

La carretera 335 del Barrio Barinas en Yauco, guarda entre sus campos muchas historias que permanecen en el recuerdo de las familias boricuas que han tenido que enfrentar los embates de los movimientos de tierra en las últimas semanas.
En el kilómetro 2.6 encontramos a Carmen Guzmán, sentada en su andador de ruedas negro y rojo. La mirada algo perdida y en la expectativa de que un nuevo temblor de tierra la fuera a sorprender. “Mija aquí en tensión, con los nervios de punta, preparada para salir corriendo, porque los movimientos de tierra siguen y parece que no piensan parar”, dijo Guzmán.
El 7 de enero del 2019 Guzmán perdió su casa, las autoridades (FEMA) han declarado la residencia como un lugar inseguro por lo que debe estar fuera de la estructura. La casa, visiblemente afectada, es sostenida por lo que en algún momento fueron columnas de concreto, ahora solo la sostienen las varillas que han quedado al descubierto. “Fue una experiencia muy amarga, dolorosa y triste. Jamás pensé ver mi casa así, precisamente en estos días cumplí 50 años de casada, 50 años de sacrificio que se vinieron abajo. La casa fue hecha con mucho esfuerzo y se ha desplomado en tan solo un día”, reflexionó Guzmán. La mujer asegura que su dormitorio ahora es un carro y desde ahí siente todas las réplicas que se han dado en estos días. “En el carro me siento más segura y el movimiento que hace me avisa cuando está temblando”,dijo Guzmán.


En el sector la Joya del barrio Barina, encontramos a John Pacheco, un joven que vio cómo las casas de su mamá, hermana y abuela se convirtieron en inseguras y no habitables. A nuestra llegada, John recogía junto a su hermana lo que nos presentó como su sala improvisada: “Ahora estamos aquí frente a las casas, hemos hecho una casa improvisada con dormitorios, una mini salita y más adelante está la cocina. Somos tres familias que nos quedamos sin hogar. Antes éramos más familias aquí, pero dos se fueron a Estados Unidos luego de la situación”,dijo Pacheco. El joven, quien tiene un sobrino de 1 año de edad, le preocupa que sean tres carpas las que se hayan convertido en su vivienda con apenas un añito. “Mi sobrinito, aguantando calor por el dia y fríos por las noches, eso me preocupa y espero que logremos solucionar esto pronto”, dijo Pacheco. Pacheco agradeció la ayuda y el apoyo psicológico que ha llegado a la zona, especialmente por su hermanita de 13 años, Nallely Pacheco, quien quedó afectada tras el evento. Ya de regreso, nos adentramos en la Urbanización Alturas de Yauco, allí vimos a Mariam Colón Negrón, todavía sorprendida después de ver su casa y otras nueve explotar con el movimiento de tierra del pasado 7 de enero. “Ay, fue horrible, un estruendo bien fuerte, nos movimos a una esquinita los tres (ella, su hijo y su esposo), yo pensé que la casa nos caía encima. Se veía el movimiento de izquierda a derecha y luego de frente hacia atrás. Yo había saldado esta casa después de Maria con mucho sacrificio, ahora hay que ver qué nos depara la vida”, reflexionó Colón Negrón.
Todas estas historias plasmadas en el reportaje, son de familias puertorriqueñas que se han quedado sin hogar tras los fuertes movimientos que se han dado en la isla. Cualquier persona que desee apoyar a estas familias para que vuelvan a tener un lugar seguro donde vivir o con ayuda emocional, se pueden comunicar con ellos a los números que nos proveyeron y que les damos a continuación: Carmen Guzmán, número de contacto es el 787-236-1201; John Pacheco con el número 787-508-6658 y Mariam Colón Negrón al 787-900-9655.

Jóvenes marcan la diferencia en medio de la crisis

Por: Dayanara Godén Ramos

Carmen Guzmán, de 86 años paciente de asma crónica, operada de corazón abierto y residente del Barrio Barina en Yauco, dijo: “mi casa está destruida, duermo en el carro desde el 7 de enero. Esta experiencia ha sido deprimente y horrible, pero a pesar de todo, estoy tan agradecida, especialmente con la juventud, por sus atenciones y ayudas. Se han desbordado en amor y dedicación con los afectados llevando comida, equipo médico y dando apoyo emocional”.
“Jóvenes han llegado a mi casa con mucha amabilidad buscando cubrir cualquier necesidad urgente en los residentes”. Es sorprendente la cantidad de jóvenes voluntarios apoyando a las comunidades a suplir sus necesidades básicas y llevando una esperanza aquellos que como yo, han perdido su residencia”.
La casa es de dos plantas totalmente en cemento, luego de los temblores, no queda nada que reparar. “Muchos años de sacrificio perdidos. Hay que volver a construir y no sabemos con qué recursos lo vamos hacer. Confiamos en poder recibir alguna ayuda de FEMA o el gobierno de Puerto Rico.
Añadió que, “siento tanta tristeza cada vez que veo mi casa en estas condiciones. Por esto valoro tanto el trato de los jóvenes conmigo. Ellos están trabajando para levantar al país de esta situación. He conocido jóvenes dispuestos a traer un momento de alegría y hacernos olvidar por un instante la situación que estamos a travesando”.
“Dios bendiga a todos esos jóvenes que están regalando su tiempo y dando lo mejor de ellos para aliviar el dolor de individuos que han perdido todo por lo que habían trabajado por tanto tiempo”, concluyó Carmen Guzmán.

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